viernes, 23 de marzo de 2007

Patricia Suárez:Poemas



Patricia Suárez nació en la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe, Argentina) en 1969. Como escritora ha desarrollado una vasta obra literaria. Es autora de las novelas Aparte del Principio de la Realidad (Editorial Municipal de Rosario, 1998), Perdida en el momento (Buenos Aires, Alfaguara, 2004; Premio Clarín de Novela 2003) y Un fragmento de la vida de Irene S. (Buenos Aires, Colihue, 2004); los libros de cuentos Rata Paseandera (Rosario, Bajo la Luna Nueva, 1998), La italiana (Rosario, Ameghino Editora, 2000), Completamente solo (Buenos Aires, Eudeba, 2000) La flor incandescente (Madrid, SIAL, 2002), y Círculo y otras historias (Valencia, La Xara, 2003); los poemarios Fluido Manchester (Buenos Aires, Siesta, 2000) y Late (Córdoba, Alción, 2003); el libro de textos teatrales Las Polacas (Buenos Aires, Teatro Vivo, 2003), y el ensayo La escritura literaria (Rosario, Homo Sapiens, 2002). Entre sus obras para niños y jóvenes se encuentran Historia de Pollito Belleza (Caracas, Monte Avila, 1999), Chiquito Ratón (Santa Fe, Ediciones Universidad Nacional del Litoral, 2003), Habla el Lobo (Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2004), Monstruos al teatro, en coautoría con Graciela Repún (Buenos Aires, Santillana, 2004), la compilación de coplas humorísticas del folklore latinoamericano Un cocodrilo te cante (Rosario, Homo Sapiens, 2004), Patrañas y otras historias extrañas (Valencia, La Xara, 2003), y Memorias de Ygor (Buenos Aires, Colihue, 2004).

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Patricia Suárez
Página personal
http://discretoencanto.blogspot.com/
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POEMAS



salgo de su oreja como un ciervo,
y como una liebre
de su corazón.




los huracanes del tiempo
toman cursos para
deshojar las rosas...




en la telenovela de las 5
la criada dijo a jade, la protagonista,
que el amor es una cobra
disfrazada de collar;
de said comentaron que había llegado
a esa etapa de la vida
en la cual un hombre o bien se vuelve loco
por la mujeres o bien le son
indiferentes; sentenciaron que era mejor
sentarse sobre un león
que sobre el corazón de un hombre;
de soraya, la amante, concluyeron
que su bondad era intrascendente
y su generosidad tenebrosa;
le regalaba a uno un bizcocho en un andén,
se ofrecía a llevarlo en automóvil
y luego lo abandonaba a mitad de camino.
podía dar a un mendigo una turquesa
y olvidar la miseria de cualquiera
que no estuviese justo parado delante
de sus ojos en ese momento;
vivir es un perjurio, dijo jade,
pero la criada agregó:
vivir es perjurar.




anoche soñé con su ex
aunque no recuerdo qué pasaba,
el sueño transcurría en río gallegos
y me desperté pensando si esa era una ciudad cierta
o una ciudad de sueño;
y anteanoche también con otra de sus ex
pero de esta me acuerdo más,
porque era rubia platinada y usaba anteojos negros
y se suicidaba, creo yo, arrojándose de un balcón,
tenía un aire irremediable de actriz de cine de los '40,
de esas al final resentidas porque nunca
obtuvieron un premio oscar;
imagino mis sueños motivados por celos retrospectivos,
eso que ahora da en llamarse retrocelos,
de toda la familia de los celos los retrocelos son
seguramente los más avergonzantes, los más inútiles,
y los que se eliminan con mayor entusiasmo
una vez superados.
él censura mis celos, lo fastidian,
"en otras culturas los celos son prenda de amor,
para otras personas", le digo, tampoco son tan estúpidos,
es la rabia ante la inmutabilidad del pasado
y el quejido metafísico de que las cosas en el mundo
pueden suceder a pesar de la ausencia de uno;
el sexo, por ejemplo, el amor;
toda esta última parte no se la digo,
ni siquiera le comento, pienso nada más en cómo mentirle,
qué argumento urdir si por una casualidad llegara a preguntarme
qué cosa soñé anoche y lo único que se me ocurre es:
"andaba en trineo y el trineo se llamaba rosebud
como en la película" o mejor: "con cerezas,
con muchas cerezas heladas,
con presas de pollo, fritas”;
supongo no obstante que eso también habla
de mi insatisfacción.

en una entrevista jean rhys decía algo así:
lo que se puede escribir deja
un resto de melancolía pero nada más,
en cambio, la tristeza no escrita
la abisma a una en la desdicha;
tenía una libreta en la que anotaba
todos sus malos momentos;
el acto de escribir los desvanecía en el olvido.


yo había planeado morirme a los treinta años
y después corrí el plazo diez años, a los cuarenta,
y después a los cincuenta.
Y después una sigue y sigue.
Es difícil; demasiados problemas,
demasiados enredos, demasiadas confusiones,
eso hace a las personas sensibles
pensar con frecuencia en la muerte.
Un día en la nieve me sentí muy cansada.
Pensé: "Voy a sentarme. No puedo seguir.
Estoy cansada de vivir acá,
en medio de la nieve y el hielo."
Así que me senté en el suelo;
pero estaba tan frío que me levanté:
tal vez si hubiera llevado puesto vaqueros
el frío no me habría pasado al culo
y por fin me hubiera muerto.
Después pensé en evadirme;
siempre estoy pensando en algún lugar adonde huir,
como el desierto o Finlandia o Marruecos.
Pero no tengo auto y no puedo conducir
y eso significa que siempre estoy encerrada aquí,
una mujer presa, prisionera de su soledad.
Sigo, sin embargo,
sigo y sigo,
sin el menor escrúpulo,
aunque a veces me atasco en la rutina;
oh, sí, yo solía intentar imaginar la muerte,
pero siempre terminaba dándome la cabeza
contra un muro.

con gran simpleza de mi parte
me pregunté si el paisaje del tibet
será semejante al paisaje de mendoza:
en el film brad pitt y un chico
-probablemente mexicano-
hace del dalai lama reencarnado;
están en la argentina y fingen el tibet,
luchan por liberarse de la china;
aquel sauce pensaba yo:
¿sería el mismo que yo había visto
en mi viaje a la cordillera?
¿aquel arroyo, aquel camino?
esta clase de vida que hollywood
da a los paisajes,
mundos paralelos o apariencias inestables,
el mundo es como una pantalla de cine,
el sauce es la sombra de un recuerdo,
un amor, un día:
filosofía budista.
al final
su cuerpo era todo de aristas,
y lo que no era aristas, era abismos;
me desafiaba,
como una fuerza de la naturaleza;
no había dulzura ni suavidad en las mañanas,
su presencia me volvió fotofóbica;
andaba a los tumbos durante el día,
un murciélago sin orientación,
un ratón huido;
el atardecer me derrumbaba,
caía en la noche como en un precipicio;
soñaba con médanos, con dunas, con arena;
el sol parecía un punto blanco, me angustiaba,
no quería despertar, nunca,
las sábanas eran papeles
sobre los que yo escribía cartas,
un diario íntimo, impresiones,
estupideces con que me consolaba;
anotaba el insomnio o el sonambulismo,
era mi propia paciente,
la ansiedad, la impaciencia por caer
me roía,
caería al fin de cuentas,
casi sin protección alguna,
estaba decidido, o era
fatalismo o la consecuencia lógica
de la pasión, el conocimiento de la carne,
la suya,
en medio del caos, errático, infantil;
cuando me llamaba él no decía mi nombre,
y cuando lo decía,
me empujaba.

el actor que creo se llamaba joe pesci
y que creo hoy está muerto
explicaba a richard dreyfuss en una película
que hay dos tipos de amor:
-el de la gran pasión, donde todo es flama
y cuando se extingue
no queda nada
-y el que siempre parece extinguido
o a punto de extinguirse y sin embargo
cuando uno toca el piso o las paredes
durante un largo tiempo
permanecen calientes.
Este es el más positivo, decía joe pesci,
el que tienen tú y linda. luego dreyfuss
regalaba a linda un vestido blanco
como de boda, bailaba con ella,
y volaba solo,
volaba no importa adónde,
porque él era aviador.
-¿crees en el amor? -preguntó.

unas veces, pienso, creo que el amor muere
pero la esperanza resurge siempre.
otras, que la esperanza muere
pero el amor resurge siempre.
en ocasiones, que el adulterio es
el sitio más adrenalínico de la tierra,
y también que es el sitio
donde la cal blanquea a los muertos.
unas veces me parece que el amor
es mágico y sobrenatural,
y otras que el amor es un acto de voluntad
y significa un trabajo.
alguien dijo que el amor no se pasa
sino que nosotros pasamos por el amor
y esto no viene a ser lo mismo;
una mujer dijo que podría habérsela pasado
mejor sin cuatro cosas en la vida:
amor, curiosidad, pecas y dudas.
en ocasiones creo que es esencial
y a veces pienso que la única razón
por la cual el amor es esencial
es que si uno no lo tiene,
se pasa la vida buscándolo.

-sí, creo en el amor -respondí.
toda la discusión giró en torno
de si los astronautas podían morir o no
de quedar atrapados en el espacio,
tal vez ni siquiera envejecían,
porque el tiempo está ligado
a la vida cotidiana o a la ley de gravedad
o al ansia con que uno utiliza la manteca untable
y se abisma en los fritos;
no había entre nosotros ningún matemático
que elevara su palabra de rey
y esa noche soñé que de una vieja nave
un astronauta mujer me enviaba señales:
solamente podía comunicarse conmigo
durante el sueño; "cambio y fuera",
eso fue todo lo que dijo.

Eduardo D'Anna:POEMAS



DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Eduardo D'Anna nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, en 1948. Es poeta, ensayista, narrador y dramaturgo.

Libros publicados

Poesía

"Muy muy que digamos" (1967)
"Aventuras con Usted" (1975)
"Carne de la Flaca" (1978)
"A la intemperie" (1982)
"Calendas argentinas" (1985)
"Los rollos del mar vivo"(1986)
"La máquina del tiempo" (1992)
"La montañita" (1993)
"Obra siguiente" (1999)
Ensayos

"La literatura de Rosario"
Comentarios sobre su obra

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Eduardo D'Anna
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POEMAS

PIEDRA DE CHAIRAR

Flores tercas
suspendidas del aire
donde paseó
el amor ¿cayeron?
No se sabe.
¿Soñaron al crecer?
¿En medio del suceso,
sacando aire
del aire, como esas
flores, apoyadas en ellas?

Recordar el perfume
cuando está, no acordarse
de él cuando se ha ido;
esperanzas, comidas
de la víspera.
Alimentando miedo
con oscuros derechos

sobre nada. Ella era la piedra
cayendo por su peso
hasta la levedad del agujero
negro donde se volvería
antimateria. Era el silencio
nacido de las voces que desisten.
Parecía
saber aparecer. Aseguraba
que la podías invocar.
Que era posible
conocer su final
amándola en silencio.

Mientras que antes
la noche ardía
en la memoria, brasa
de los vientos, nada más.

Recuerdo
que ella combustionó
como un trapo
de sangre.

(Pequeños cuentos,
cosas
que uno, mirándola
pensaba. Reemplazos.
Plazos. Extraviado
desear).

Pero su voz venía
como un tren, del olvido,
entre terribles
ruidos de carga. Había
veces en esa voz. De muchas veces
en que sin escucharse
se la pudo escuchar.
Debió soñar. Debió,
para no entristecer
cuando caía.

Desde mi horca
y mi casa, pensándola
no vi crecer los pastos
que no planté. Aunque ellos
estaban en mis garras
de jardinero posible,
en mis macetas
que inventaría para tenerlos
cuando ya su canción
fingiera ser.
Y era el frío del mes, el que
las cosas temen cuando duermen,
pero se vivía.
Entre los corderos
nadaban nuestros ojos sin mirarse
y al apoyar las manos
nos sentimos.
Un viento atropellaba
un corazón tras otro
¿era ahí dónde estabas?
Se enganchaba
el mío entre los días.
La ciudad percibía ese proyecto.
Pero las almas estaban quietas,
demasiado trabajo
para sus átomos
hubiera sido andar.

Sólo una voz. Sólo una dolorosa
participación en lo dulce.
¿Dónde estará la pobre Eugenia?
¿Dónde navegarán sus náufragos?

Preguntas sin perdón. Abstenciones
del viento ¿Dónde estarán las piedras
las que lancé a volar
una tarde en Casilda?

Preguntas sin rehén,
sin rescate.

Y no estaban en tus ojos entonces
las señales de ser como serías:
las lentas nubes de los arcoiris,
del granizo ruidoso. Desdecirte
era fácil. Tu historia
desescribir. Con mano trémula,
pasto del poseer. La marca
fue anegándose en lo que crecía
sin saber, como el pasto.

No pasará más tiempo por enfrente
del lugar donde fuiste una vez sola.
No vas a estar de nuevo. Cosas
que dan al mundo su manera
de ser, su dictamen
sobre el mundo. Aunque los viejos átomos
se pongan a jugar con los recién
nacidos, rondas de imposibles.

De pasto abandonado, las visiones
retienen el perfume, la perversa
manera de tentar sin ser reales.
Dónde estará, ya no diré la Eugenia
sino tan sólo las rosas que iba a darle
en un día que no llegó a existir,
adónde, rosas? Ella las recogió,
bailando hacia la nada?

Pero hay tardes enteras,
y otras cosas: un ascensor real,
patios lejanos, el sabor
de provinciales especias.
Las cosas van llegando a la memoria,
son las reales pisoteando; exhalan
su olor a vida, sus fascinaciones
de existir, marchitando los sueños.

Desconocidos peces que ya nunca
pescaré: aves por cuyo vuelo
jamás me pararé
para mirar (como se para
un albañil, para escuchar los árboles
en su pálido andamio); ya soy viejo collar
del nuevo perro de la tarde.

Nos miraríamos, Eugenia,
sedientos? Esas flores
probables, nunca han sido
probadas, y no valen
los ulteriores deseos
de ellas.

La voz se vuelve viento
en septiembre, y se entibia,
se perfuma, olvidándose
de sus tristes autores.

Estas ruinas de ojos, atadas
como están a recordarte
a cordones de nada, sin embargo,
siguen tratando de mirar.
Del mundo esperan
un renuevo, una auspiciosa
forma de abalanzarse
a los caminos, piden un alivio
a lo que existe y es distinto
de vos: desde el sur viene el viento
con árboles oscuros y quietudes
del alma entre resinas. Que estarán
con los glaciares de tu ausencia
dentro de mí. Y en la tormenta
ver llorar a las plantas me reanima.
Y el aire sobre el aire
encandila la luz. Y hay un perfume
viejo como la incertidumbre.

Brillan las telarañas.
Charcas. Ráfagas.
Hubo un diluvio, un pacto
nuevo. Y paraísos.
Volvemos a mirar:
entre leyendas, corroídos
por las deformaciones
de la gracia que se creyó
alcanzar. Rarefacciones
bancos de ensayo
de la muerte. Penas
sagradas que se ahogaron
en la lluvia. Por vos
no están cantando.

Un viento muerto
es nada más que un aire
que no sopla.
¿Por qué en nosotros
no es así?

Si yo pudiera
querer aire en vez de saber cosas
de ella, si la poseyera
como un paisaje, si poblara en ella
mitos de origen familiares, como
un capitán del siglo XVI
para morir en propiedad reconocida.

O mejor todavía: no ser nadie
a quien se pueda no querer. O írsele.

No.Yo no llegaría
a ser lo que seré en un instante
más: éste, que viene
entre arreboles, vientos y esperanzas:
Así las amo, ajenas, almas solas
que yo he vestido aquí de hablada niebla.

Por eso pasen, palabras sobre Eugenia,
grandes palabras con las que soñaba,
antes de hablar ya vino la tormenta;
nada quedó que no pueda guardarse
en el minúsculo recinto de una célula
cerebral renga, que vendrá agitada
a presentar su informe si la llamo
en esos días de ansiedad o angustia.

Sólo que ¿dónde estás?
¿dónde estoy?¿En qué patios
te disolviste dejándome sin filo
para chairar mi vida?
¿Estás pendiente
de mi aliento? ¿Al cortarse
sabrás lo que sostiene?


CARGANDO CON EL MUERTO

a Roberto De Gregorio
Estar solo no se debe
a razones metafísicas: es un modo
social de ser, una consecuencia
de actos libres en sí, pero que no conservan
tal condición cuando el tiempo
los acumula; esos ómnibus
recalentados de cuerpos
que se estrechan no todo lo posible
sino lo que su astucia
y las órdenes del chofer les permiten
hacer; rincones, manoseos
estrategias para bajarse, o aún
diminutas defraudaciones.

Cada cosa que vas
descubriendo, te aleja
de los que todavía
la ignoran, porque no es posible
transmitirla, ¡ay! haría falta
un mito, una leyenda; pero
no hay una forma rápida, sencilla
de producirlos, de atribuirle
a tus palabras ese valor que cualquier médico
brujo de una remota tribu
conoce y puede dar; en esta selva.

Nuestra magia es solamente
individual: es lo que hicimos
lo que sin darnos cuenta
acumulamos, en días
faltos de gloria, que el viento
juntó azarosamente y sin escrúpulos.
Distinto de los otros ¿cómo
leerán ellos el libro?
¿Cómo lo harán incluir
en el olvido? Bah, leyendas,
sólo un pueblo las hace
y no lo sabe.

Y porque pasa esto
por más fe que se tenga
cuando estás solo, estás
solo: el mito
al hablar no lo hará
como querías; ahí está
el muerto, aquéllos
de los que te distancia
lo sabido por vos, la caridad
imposible que en ellos
querrías realizar.
Lector: yo aumento
la distancia entre tus sueños
y los míos cada vez ¿habías
visto? ya no soy más
quién parecía hablarte
en tus recordados episodios
al despertar en medio de la noche
angustiado por los fantasmas dulces;
es más difícil ya
saber si te he servido.

¿Qué hacer, entonces, pues,
sino ficción con mis sentimientos,
transformar las verdades descubiertas
tan dolorosamente
en un cuento de irreales bosques?

Si. Darse a pertenecer
a tradiciones que ayuden
a engañarte. Construidas
con materiales en desuso
o aún poco estacionados (Todo
urge). Las verdaderas quejas
serán ardorosamente
personales sólo para morir
disueltas en ese quemante
ácido: es mejor que si algo
duele, nos dispongamos
a incrementar ese dolor
con esta nueva insoportable
sensación, vomitando
el líquido funesto. Volviéndonos
a quemar otra vez la garganta
ulcerada; si el propósito
es hacer con ello un arte.

Pues de este modo,
sólo lo corroído llegará.
Legibles, las pequeñas
payasadas moderarán,
por último, el innoble
espectáculo: el estilo
de crónica
policial, abundante
en frases hipercultas,
agua colonia
entre la mugre,
deslumbrecillos;
conservantes,
en resumen. Persuasiones.

Si hoy habláramos claro,
no se trataría más que de eso:
lo que no vuelve, porque está cargado
sobre mí, mirando
demolida la casa donde algún día
alguien pensó vivir, en la obsoleta
programación inicua de los años
que se creyó, banal, autorizado
a proyectar. No hablemos
claro.

No. Por más sabio que seas
al halago de los aciertos,
por mucho que te agrade
creer saber, en su tranquilidad
y calma, lo que pasa; acordate:
no hay palabras mejores
que éstas.

Dejemos, pues, al muerto
sobre mi espalda. Pero,
escuchame, hablemos: de otro
modo, de otra manera, esta
barata fotocopia clandestina
irá empalideciendo con los años
hasta no poderse leer; y habrá silencio,
y en él, amigo mío,
habrá señales que no imaginamos,
habrá mensajes terribles, testamentos
injustos, instrucciones
que llevarán a nuestros hijos al delirio.

Es preciso seguir, es necesario
hablar para callar, y en ese acto
elegir las palabras: que sean
bellas o no, que nos traicionen
o no, que transparenten
vísceras falsas
o verdaderas.

‘’¡Ah, bosques!’’
(y lo que te destroza
tiene de bosque tanto
como un camello oscuro)
‘’¡Corazones!’’
(y es un hígado)
y todo así ¿se entiende?

Claro que no, para eso
he gastado mi tiempo. Corazones
y bosques. Solo. Cerrás
el libro. Antes,
humildemente, yo dejé
que lo cierres.


ARGENTINOS POR EL MUNDO

De allá olvidate ¿Qué,
vas a volver
a confesar?
Mirá como yo estoy
donde él fue presidente
y no me agarra
nadie.
¿Te das cuenta
que es un caso
cerrado? ¿Qué querés,
que pida perdón, no,
yo soy muy orgulloso
para eso, además,
qué me tienen ésos
que pedir, hijos de puta, qué
les importa, decime?

Todos lo hubieran
hecho, de tener
oportunidad. En una de ésas
si me dieran la mano
sin que yo se lo pida, todavía.
Mas no se puede. No se puede
más. Porque nunca
voy a dejar que me hablen
ni mis hijos
de eso.

Pero en Pete’s
hablamos como cuando
éramos pibes, viste? ¿Vos
venís por eso? Te digo
la verdad, yo lloraría
a gritos, entendido, pediría
a quién sea perdón, pero
¿quién va a ser
el primero, yo? No,
yo no, ponele
la firma ¿Si lo quiero?
Sí lo quiero. Debe ser
lo único que quiero. Y no
lo hago, pedir perdón.
Tengo
miedo.

No, olvidate. Todo
está podridísimo. Nadie
quiere tirar la piedra,
no hay poder
de castigar, todo
es perdón, comprensión, libertad,
nada lo es, no ves? Qué pena
que no sé inglés
ni argentino tampoco.

No sé argentino ¿Alguna vez
escuchaste que alguien
hablara en argentino?

Haber matado a Kennedy nos mata.


NENIA

a Graciela Ballestero
¡Oh, naciones
como adolescentes; oh,
sueños de esas
naciones!

Tus proyectos y planes
para empezar a vivir
te angustian: solitaria,
sin rumbo, puesta
quizás, en una calle sin
rumbo, sin padres
que te esperen, que se
pregunten por qué
no volvés
si es tan tarde
en la noche.

Nación: tus padres
se borran: ahí no están
cuando de ganas de morir
rebosante como una esponja
prisionera de tu lugar
de descanso, yacés
flotando en el ruido
de la ciudad que no se acepta.

Tenés familia; tenés
lo que tenés y eso te pierde:
un arado para arar el mar,
una pluma para escribir
en el agua.

Nación crecida
sin crecer. Lastimada
más que nada por sí
misma, y por quién
no puede responder.
Abandonada
en el concierto de otras,
muy ocupadas en sus propios
problemas, ciertamente
más difíciles e intrincados
que los tuyos, salvo
que no se crece sin amor
a sí mismo.

Somos tus lágrimas. Estamos
alejados de vos como una lágrima,
fuera, y sobre tu piel,
acariciando tu piel hasta
que un manotón nos seque
al comprender qué somos
y nos borre.


PALACIO

Reviso mi vida:
no conozco otra.

¿Qué viento agita el mar, afuera?
Sé que hay perfumes en él,
y también en el pasto.
Y en las casas. Cada casa
tiene, lo sé.

Pero no puedo interesarme en ellos.
Y reviso mi vida. Y me doy cuenta
que no me interesa tampoco.


PALACIO (II)

Lloro lo que le falta a la lluvia
para llegar al suelo: diez centímetros
al menos. Las viejas piedras
se lavan de futuro conmigo.

La piel de esta ciudad no puede
ser tocada sino por los hombres:
se alejó mucho del desierto, de la alegría
del alma de los bárbaros.

Yo lloro y pienso encima de los ritmos
venerables, vetustos, que no se pueden
deshacer más, pisamos lo que lloro
no preso del poder, de la costumbre.

De construir el palacio y verlo irse,
verlo crecer, y no jugar en él
sino mirar afuera, desde
ningún adentro.


FINALIZAN LOS POEMAS

Paseando por las suaves colinas
llenas de árboles recién plantados
que serán mañana los bosques
de los dioses, se siente
el olor a humo. El dulce
olor a ahumado que viene
de las chozas, que anuncia
la estación donde las armas
se guardan y se preparan.
El otoño hitita comienza.

Malcolm Lowry:Poemas




Malcolm Lowry



Nació en 1909 en Liverpool. De espíritu aventurero, con 18 años se embarcó a China. Posteriormente cursó estudios en la Universidad de Cambridge. En el año 1935 se traslada a México y vivió en Cuernavaca con su primera esposa, Jan Gabrial. Escenario de su obra maestra, Bajo el volcán (1947) considerada como una de las mejores del siglo XX. Esta obra, escrita en la década de 1930, relata el último día de la vida de un cónsul inglés, alter ego del autor, contraponiendo imágenes, pensamientos y descripciones que están marcadas por la presencia del alcohol, la incomunicación y la muerte. Refinadísima en su trama narrativa, la novela atesora todas las conquistas de la técnica moderna. Su inspiración lírica, su halo de gran tragedia clásica, hace de Bajo el volcán una gran epopeya de la autodestrucción, de la desesperación amorosa, del oscuro viaje a través de los fantasmas de la mente y del pasado, de la pérdida del Éden y de la lucha con los monstruos de la inconciencia y del tiempo. La novela no consigue la aceptación de la crítica y público hasta después de la muerte del autor ocurrida el día 27 de junio de 1957. Lowry residió algunos años en Hollywood trabajando como guionista. En 1984 Bajo el volcán fue llevada a la pantalla por el director John Huston. Su primera novela fue titulada Ultramarine (1933) y se editó una recopilación de sus poemas, Poemas selectos (1962), aparecida póstumamente, así como su libro de relatos Oscuro como la tumba donde yace mi amigo (1968) y la novela Lunar caustic (1968).

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POEMAS,Traducción de Mariano Antolín Rato



CIUDADES DE HIERRO

Pensamientos de hierro navegan al atardecer en barcos de hierro;
Se mueven silenciosos como luces lejanas mientras doce canoas
Se sumergen en su ancla cuando el ferry escupe
Y gira como una esfera, en los remolinos de la marea,
Su kikirikí medio ahogado por pipas cegadas
Y emplumadas de humo. El barco pasa. Los cúters
Se alejan. Huelga de campanas. El ferry eructa
Una última frase blanca; y los labios humanos
Una última negra, cargada con la bienvenida de
La pérdida. Pensamientos dejan la ciudad implacable;
Aunque los propios barcos sean de hierro y no tengan piedad:
Mientras los hombres tienen corazones y costados que sufren y se oxidan.
Pensamientos de hierro zarpan de ciudades de hierro en el polvo,
Aunque suaves como palomas, los pensamientos vuelen de vuelta a casa.


EL PASADO QUE FLORECE

No hay poesía cuando se vive aquí.
Estas piedras son tuyas, esos ruidos son tu mente,
Alos rechinantes tranvías y las calles que te unen
Al soñado bar donde se sienta la desesperación,
Son tranvías y calles: la poesía está en otra parte.
Los rótulos de cines y tiendas, una vez dejados atrás
Y añorados, no se vuelven a añorar. Extrañamente crueles
Parecen mojones absolutamente nuevos del aquí y ahora.

Pero desplázate hacia Nueva Zelanda o el Polo,
Y esas piedras florecerán y los ruidos cantarán,.
Y los tranvías arrullarán al niño que duerme
Que nunca descansa, y cuyo barco siempre dará vueltas,
Que nunca podrá volver a casa, pero que, sin embargo, debe traer
De vuelta a Ilión extraños trofeos, ¡y salvajes!


EL BARCO ESTÁ VOLVIENDO A CASA

El barco está volviendo a casa ahora.
El patrón intenta leer pero sueña en el hogar.
El viejo paleador duerme, el motor petardea.
Las luces están dispuestas para iluminarnos desde el pasado.
Hasta un próximo futuro tan poco misterioso como este mástil
Con hierro y lo que el hierro ama del reino que llega.
¡Paciente hierro! Pero, más allá del palo mayor, silenciosa
Oscuridad, o el girar de parpadeantes formaciones de estrellas
A la deriva en un blanco océano de dudas.
Quizá este vagabundo ondula hacia el porvenir
Que ensombrece al océano menos que el odio
En las mentes de marino. ¿Esa estrella es amargura
Entre estrellas de amor? ¿Este carguero lleva a la eternidad?
¿Adónde vamos? Vida sálvanos a todos.


(De El Rugido del Mar y la oscuridad)


ORACIÓN PARA BORRACHOS

Dios da bebida a esos borrachos que se despiertan al amanecer
Farfullando sobre las rodillas de Belcebú, totalmente destrozados,
Cuando una vez más espían a través de las ventanas
Acechando, el terrible puente cortado del día.


ABRIDOR DE OJOS

Cuán semejante a un hombre, es el Hombre, que se levanta tarde
Y contempla los platos sucios de la cena
Y contempla las botellas, vacías también.
Todo ello tragado durante el sordo «¿Cómo estás?» sin fin de la noche anterior
-Aunque un vaso contiene todavía un refresco espantoso-
Cuán semejante al Hombre es este hombre y su destino,
Aún borracho y tropezando entre los árboles amarillentos
Va a desayunar ron picado, sardinas y guisantes.


SIN COMPAÑÍA EXCEPTO EL MIEDO

Cómo empezó todo esto y por qué estoy aquí
en esta barra arqueada con la pintura marrón descascarillada,
papegaai, mescal, hennessy, cerveza,
dos viscosas escupideras, sin compañía excepto el miedo:
miedo de la luz, de la primavera, del lamento
de aves y autobuses volando a sitios lejanos,
y de los estudiantes yendo a las carreras,
de chicas brincando con el aire en sus rostros,
pero sin compañía excepto el miedo,
miedo de la fuente volando: y todas las flores
que conocen el sol son mis enemigos,
¿estas, muertas, horas?


SIN TIEMPO DE PARARSE A PENSAR

La única esperanza es el próximo trago.
Si te apetece puedes dar un paseo.
Sin tiempo de pararse a pensar,
La única esperanza es el próximo trago.
Inútil titubear en el límite,
Peor que inútil todo este hablar.
La única esperanza es el próximo trago.
Si te apetece, puedes dar un paseo.


CONSUELO

No eres el primero que tiene el tembleque,
el vértigo, el horror; que lleva chanclos escarlata,
ni tampoco la puta invencible
perseguida por ojos como redes de pescar. Inclinándose,
duele el rostro de hierro con ojos de ágata, y despierta
el ángel de la guarda, ve el pasado
como un Partenón de posibilidades…
No eres el primero al que se coge en mentira
ni del que se dice que está muriendo.


SIN EL DRAGÓN NOCTURNO

Ideas de libertad están atadas a la bebida.
Nuestro ideal de vida contiene una taberna
Donde un hombre puede sentarse y hablar o sólo pensar,
Sin ningún miedo al dragón nocturno;
O bien otra taberna donde no aparecen
Letreros de No se Fía ni de No hay crédito
Y, dejando aparte las ilimitadas cervezas,
Nos sentamos tranquilamente borrachos y locos a editar
Panfletos de un país realmente mejor donde un hombre
Puede beber un vino más delicado, ¡Ah!, no destilado
Que intoxica sutilmente sin dolor,
Tejiendo la visión de una taberna inasimilable
Donde siempre podemos beber sin pagar
Con la puerta abierta, y el viento soplando.


LOS BORRACHOS

El ruido de la muerte aquí en este bar desolado,
Donde la tranquilidad se sienta encorvada sobre su oración
Y la música sirve de concha al sueño del amante,
Pero cuando ninguna moneda introduce esta dura desesperación
Hasta aquí, el más solitario de los hogares
Y de todos los destinos el más solitario además,
Cuando ninguna música eléctrica rompe el batir
De corazones doblemente rotos pero ahora reunidos
Por el cirujano de paz en la astilla del desastre,
Penetra más profundamente que lo hicieran las trompetas
El movimiento de la mente dentro de ese entramado
Donde el desórdenes son simples como la tumba
Y la araña de la vida se asienta, duerme.


(De Las cantinas)


NOCTURNO

Este anochecer. Venus canta sola
Y plumas camino del nido tiemblan como seda
Semejantes a la túnica de un fantasma múltiple
Las alas desgarran un cielo como leche.
Gaviotas que muy pronto se volverán piedra
Busco y pierdo más allá del camino
De bosques que yo y mi ignorancia poseemos
Donde juntos paseamos sobre manos y rodillas
Juntos pasamos bajo la palidez
De un hermoso atardecer el más amado
Y sin embargo este atardecer es mi cárcel
Y policías relucen en los árboles.


FELICIDAD

Montañas azules con nieve y fría agua azul turbulenta,
Un cielo borrascoso lleno de estrellas encendiéndose
Y Venus y la luna gibosa al amanecer,
Gaviotas siguiendo una motora cara al viento,
Árboles con ramas prendidas al aire-
Sentado al sol del mediodía con la furiosa
Sombra humeante de la chimenea de la cabaña-
Águilas que planean viento abajo,
Golondrinas marinas vuelan a golpes de viento,
Una nueva marca de tabaco a las once,
Y mi amor que vuelve en el autobús de las cuatro
-Dios mío, ¿por qué nos has dado todo esto?


(de Venus)


EL COMEDIANTE

Toca el piano con una navaja de afeitar,
el acordeón con un par de tijeras;
un rigodón para todo su público,
¡es el Sweeny Tod de los improvisadores!
Aunque todos los hombres temen a este pariente pobre,
su música sutil produce una extraña sensación;
desafiando cualquier disección,
chisporroteando en ambiguos sonidos
oídos por quienes trataron con cíclopes y brujas,
y murieron en mares perfumados de heridas apestosas...
Bajo la navaja de afeitar, bajo la luz rota
de este mundo sin sentido, caeremos
así acariciados, en la mecedora a esperar;
leyendo locuras; observando el yo; no aceptando nada; aceptándolo todo.


PENSAMIENTOS MIENTRAS TE AHOGAS

Deja que los demás discutan acerca de mi dolor
enfurecidos como lobos ante un trozo de carne
mi dolor es ahora de dominio público
hace tiempo muerto de hambre come de limosna
muchos de los que se indigestaron de felicidad lo necesitan

la oscuridad del atardecer con una sensación de culpa
como truenos de una tormenta oscureciendo el promontorio
mancillando el recordado doblar de un cabo de la vida
los turistas esperan con fatuas sonrisas de triunfo
con brazos enlutados sobre la costa chismorreando
haber conocido al cadáver por un momento les hace grandes


POEMA RARO

Conocí a un hombre sin corazón:
Los niños se lo habían arrancado, decían,
Y dado a un lobo hambriento
Que lo cogió y huyó.

Y huyeron los niños, su amo también,
Muy lejos huyó la bestia,
Y tras ella, original persecución,
El hombre sin corazón seguía titubeando.

Conocí a este hombre el otro día
Paseando un orgullo grotesco.
Su corazón restaurado, su semblante alegre,
El dócil lobo a su lado.


EPITAFIO

Malcolm Lowry
Difunto de Bowery
Su prosa era florida
Y a veces reñía
Vivió, de noche, bebió, de día,
Y murió Tocando el ukelele.


(de El comediante)


RILKE Y YEATS

Ayudadme a escribir.
Mostradme las puertas
Donde las reglas están,
Y la jaula que
Mi alma mira atentamente,
Donde mi valor
Ruge entre las rejas.


EXTRAÑA TIPOGRAFIA

Yo escribí: «en la oscura caverna de nuestro nacimiento».
El impresor puso«taberna», lo que parecía mejor:
Pero en eso reside el motivo de nuestra risa,
Dado que en el página siguiente «muerte» aparece como «suerte».
También puede ser que la palabra de Dios sea «distracción»
Y en nuestra extraña tipografía aparezca «destrucción»,
Lo que es cruel.


TRAS LA PUBLICACIÓN DE «BAJO EL VOLCÁN»

El éxito es como un terrible desastre
Peor que tu casa ardiendo, los ruidos del derribo
Cuando las vigas caen cada vez más deprisa
Mientras tú sigues allí, testigo desesperado de tu condenación.

La fama como un borracho consume la casa del alma
Revelando que sólo has trabajado para eso-
¡Ah!, si yo no hubiese sufrido su traidor beso
Y hubiese permanecido en la oscuridad para siempre, hundido y fracasado.


(de El idioma del dolor del hombre)





*

Nelly Sachs:poemas en alemán


Nelly Sachs
(1891 - 1970)
-Immer dort wo Kinder sterben
-Geschirmt sind die Liebenden
-Chor der Geretteten
-Gebet für den toten Bräutigam
-Völker der Erde
-Ihr Zuschauenden
-Ihr meine Toten


Immer
dort wo Kinder sterben
werden die leisesten Dinge heimatlos.
Der Schmerzensmantel der Abendröte
darin die dunkle Seele der Amsel
die Nacht heranklagt –
kleine Winde über zitternde Gräser hinwehend
die Trümmer ihres Lichtes verlöschend
und Sterben säend –

Immer
dort wo Kinder sterben
verbrennen die Feuergesichter
der Nacht, einsam in ihrem Geheimnis –
Und wer weiß von den Wegweisern
die der Tod ausschickt:
Geruch des Lebensbaumes,
Hahnenschrei der den Tag verkürzt
Zauberuhr vom Grauen des Herbstes
in die Kinderstuben hinein verwunschen –
Spülen der Wasser an die Ufer des Dunkels
rauschender, ziehender Schlaf der Zeit –

Immer
dort wo Kinder sterben
verhängen sich die Spiegel der Puppenhäuser
mit einem Hauch,
sehen nicht mehr den Tanz der Fingerliliputaner
in Kinderblutatlas gekleidet;
Tanz der stille steht
wie eine im Fernglas
mondentrückte Welt.

Immer
dort wo Kinder sterben
werden Stein und Stern
und so viele Träume heimatlos.


Geschirmt sind die Liebenden
unter dem zugemauerten Himmel.
Ein geheimes Element schafft ihnen Atem
und sie tragen die Steine in die Segnung
und alles was wächst
hat nur noch eine Heimat bei ihnen.

Geschirmt sind die Liebenden
und nur für sie schlagen noch die Nachtigallen
und sind nicht ausgestorben in der Taubheit
und des Waldes leise Legenden, die Rehe,
leiden in Sanftmut für sie.

Geschirmt sind die Liebenden
sie finden den versteckten Schmerz der Abendsonne
auf einem Weidenzweig blutend –
und üben in den Nächten lächelnd das Sterben,
den leisen Tod
mit allen Quellen, die in Sehnsucht rinnen.


Chor der Geretteten

Wir Geretteten,
Aus deren hohlem Gebein der Tod schon seine Flöten schnitt,
An deren Sehnen der Tod schon seinen Bogen strich –
Unsere Leiber klagen noch nach
Mit ihrer verstümmelten Musik.
Wir Geretteten,
Immer noch hängen die Schlingen für unsere Hälse gedreht
Vor uns in der blauen Luft –
Immer noch füllen sich die Stundenuhren mit unserem tropfenden Blut.
Wir Geretteten,
Immer noch essen an uns die Würmer der Angst.
Unser Gestirn ist vergraben im Staub.
Wir Geretteten
Bitten euch:
Zeigt uns langsam eure Sonne.
Führt uns von Stern zu Stern im Schritt.
Laßt uns das Leben leise wieder lernen.
Es könnte sonst eines Vogels Lied,
Das Füllen des Eimers am Brunnen
Unseren schlecht versiegelten Schmerz aufbrechen lassen
Und uns wegschäumen –
Wir bitten euch:
Zeigt uns noch nicht einen beißenden Hund –
Es könnte sein, es könnte sein
Daß wir zu Staub zerfallen –
Vor euren Augen zerfallen in Staub.
Was hält denn unsere Webe zusammen?
Wir odemlos gewordene,
Deren Seele zu Ihm floh aus der Mitternacht
Lange bevor man unseren Leib rettete
In die Arche des Augenblicks.
Wir Geretteten,
Wir drücken eure Hand,
Wir erkennen euer Auge –
Aber zusammen hält uns nur noch der Abschied,
Der Abschied im Staub
Hält uns mit euch zusammen.


Gebet für den toten Bräutigam

Wenn ich nur wüßte,
Worauf dein letzter Blick ruhte.
War es ein Stein, der schon viele letzte Blicke
Getrunken hatte, bis sie in Blindheit
Auf den Blinden fielen?

Oder war es Erde,
Genug, um einen Schuh zu füllen,
Und schon schwarz geworden
Von soviel Abschied
Und von soviel Tod bereiten?

Oder war es dein letzter Weg,
Der dir das Lebewohl von allen Wegen brachte
Die du gegangen warst?

Eine Wasserlache, ein Stück spiegelndes Metall,
Vielleicht die Gürtelschnalle deines Feindes,
Oder irgend ein anderer, kleiner Wahrsager
Des Himmels?

Oder sandte dir diese Erde,
Die keinen ungeliebt von hinnen gehen läßt,
Ein Vogelzeichen durch die Luft,
Erinnernd deine Seele, daß sie zuckte
In ihrem qualverbrannten Leib?


Völker der Erde

ihr, die ihr euch mit der Kraft der unbekannten
Gestirne umwickelt wie Garnrollen,
die ihr näht und wieder auftrennt das Genähte,
die ihr in die Sprachverwirrung steigt
wie in Bienenkörbe,
um im Süßen zu stechen
und gestochen zu werden –

Völker der Erde,
zerstört nicht das Weltall der Worte,
zerschneidet nicht mit den Messern des Hasses
den Laut, der mit dem Atem zugleich geboren wurde.
Völker der Erde,
O daß nicht Einer Tod meine, wenn er Leben sagt –
und nicht Einer Blut, wenn er Wiege spricht –

Völker der Erde,
lasset die Worte an ihrer Quelle,
denn sie sind es, die die Horizonte
in die wahren Himmel rücken können
und mit ihrer abgewandten Seite
wie eine Maske dahinter die Nacht gähnt
die Sterne gebären helfen –


Ihr Zuschauenden

Unter deren Blicken getötet wurde.
Wie man auch einen Blick im Rücken fühlt,
So fühlt ihr an euerm Leibe
Die Blicke der Toten.

Wieviel brechende Augen werden euch ansehn
Wenn ihr aus den Verstecken ein Veilchen pflückt?
Wieviel flehend erhobene Hände
In dem märtyrerhaft geschlungenen Gezweige
Der alten Eichen?
Wieviel Erinnerung wächst im Blute
Der Abendsonne?

O die ungesungenen Wiegenlieder
In der Turteltaube Nachtruf –
Manch einer hätte Sterne herunterholen können,
Nun muß es der alte Brunnen für ihn tun!

Ihr Zuschauenden,
Die ihr keine Mörderhand erhobt,
Aber die ihr den Staub nicht von eurer Sehnsucht
Schütteltet,
Die ihr stehenbliebt, dort, wo er zu Licht
Verwandelt wird.


Ihr meine Toten

Eure Träume sind Waisen geworden
Nacht hat eure Bilder verdeckt
Fliegend in Chiffren eure Sprache singt

Der Flüchtlingsschar der Gedanken
eure warme Hinterlassenschaft
bettelt an meinem Strand

Unruhig bin ich
sehr erschrocken
den Schatz zu fassen mit kleinem Leben

Selbst Inhaber von Augenblicken
Herzklopfen Abschieden
Todeswunden
wo ist mein Erbe

Salz ist mein Erbe

Nelly Sachs:Antología poética



Nelly Sachs
(Alemania, 1891-1970)
Poetisa germano-sueca, nacida en el seno de una familia judía en Berlín. Comenzó a escribir poesía a los 17 años y sus primeros poemas muy románticos aparecieron en numerosas publicaciones de los años veinte. En 1940 abandonó la Alemania nazi para vivir en Suecia. Sus escritos posteriores, de tema profundamente judío, se inspiraron líricamente en las tragedias de la historia judía. Su Oh, las chimeneas incluye la obra de teatro en verso Eli, escrita en 1943 y estrenada en la radio alemana en 1958. Sachs compartió el Premio Nobel de Literatura con el escritor israelí Shmuel Yosef Agnon.

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Nelly Sachs:POEMAS
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Las cumbres de los montes
se besarán
cuando los hombres
abandonen
sus cabañas de muerte
y -con los arco iris-
coronen
al consuelo de siete colores
de la tierra que sangra -



Antes de que crezca, os escucharé Isaías *

¡Hace mucho que hemos olvidado el escuchar!
Si Él -en otro tiempo- nos hubiera plantado
plantado como hierba de dunas, en el mar
eterno,
creceríamos en pasturas tupidas,
como la lechuga crece en el huerto.

Aunque tengamos asuntos
que nos lleven más allá
de Su luz,
aunque bebamos el agua de cañerías
que se acerque muriendo
a nuestra boca, eternamente sedienta,
aunque caminemos por una calle
bajo la cual la tierra ha sido llevada al silencio
por un empedrado...
no debemos vender nuestro oído,
oh, nuestro oído no debemos vender.
También en el mercado,
en el cálculo del polvo,
más de uno da -rápidamente- un salto
sobre la cuerda de la nostalgia;
porque él escuchó algo,
dio el salto fuera del polvo
y sació su oído.
Apretad; oh, apretad -en el día de la
destrucción-
a la tierra el oído que escucha,
y escucharéis, a través del sueño
escucharéis
cómo en la muerte
empieza la vida.
* Isaías: Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba.




Al amanecer,
cuando un ave ensaya el despertar...
empieza el momento de la nostalgia de todo el
polvo
al que la muerte ha abandonado

Oh, hora de los nacidos,
pariendo en dolores en los que se forma
la primera costilla
de un nuevo ser humano.

Amado, la nostalgia de tu polvo
atraviesa rugiendo mi corazón.



Coro de los Consoladores

Somos jardineros que nos hemos quedado sin
flores...
No se puede plantar ninguna hierba medicinal
de ayer para mañana.
La salvia se ha marchitado en las cunas,
el romero ha perdido su aroma
delante de los nuevos muertos,
incluso el ajenjo estuvo amargo, sólo ayer.
Las flores del consuelo brotaron demasiado
brevemente
no alcanzan para el dolor de una lágrima de
niño.

Quizá nueva semilla
arraigue en el corazón de un cantor nocturno.
¿Quién de nosotros puede consolar?
En las profundidades del desfiladero
entre el ayer y el mañana
está el querubín
pulveriza con sus alas el rayo del dolor
pero sus manos mantienen separadas las rocas
del ayer y del mañana
como los bordes de una herida
que debe permanecer abierta
que aún no puede sanar.

Los rayos del dolor
no dejan conciliar el sueño
al campo del olvido
¿Quién de nosotros puede consolar?

Jardineros somos,
y nos hemos quedado sin flores,
y estamos sobre una estrella que irradia,
y lloramos.




¿Son los sepulcros pausas en la respiración para
la nostalgia?
¿Suaves columpios en los anillos de estrellas?
¿Agonía en las sombras de la noche,
antes de que suenen las trompetas,
que llaman al levantamiento para todas
las semillas que -al podrirse- entran en la vida?

¿Suavemente, suavemente,
mientras los gusanos
devoran la estrella de la pupila del ojo?




En la fuga
qué gran recibimiento
en el camino...

Envuelto en el velo del viento
pies en la plegaria de la arena
que nunca puede decir Amén
pues él debe ir
de las aletas a las alas
y más allá...

La mariposa enferma
pronto sabrá nuevamente del mar.
Esta piedra
con la inscripción de la mosca
se me ha entregado en la mano.

En el lugar del hogar
soporto las transformaciones del mundo.



En todas partes, Jerusalem

Oculta está en la aljaba
y no disparada con la flecha
y el sol siempre negro en torno al misterio
y encorvados los Treintaiséis ** en la obra del dolor

Pero aquí
instantáneamente
está el final...
Todo reservado para el fuego arrebatador
de su ausencia.

Allí
en la demencia
hirviendo hasta la clarividencia
la profetisa con el bastón golpea
a la riqueza del alma

Allí hay oro oculto en el extravío.
** Alusión a los Treintaiséis Justos Ocultos de Israel




Apartada
espero por ti
estás muy lejos de los vivos
o cerca.

Apartada
espero por ti
pues los liberados
no deben ser capturados
con los lazos de la nostalgia
ni pueden ser coronados
con la corona del polvo de los planetas...

el amor es una planta de arena
que hace el servicio en el fuego
y no es consumido.

Apartado
él espera por ti...



Los amantes están resguardados

Resguardados están los amantes
bajo el cielo amurallado.
Un elemento secreto les procura aliento
y ellos llevan las piedras a la bendición
y todo lo que crece
aun tiene un hogar en ellos.

Resguardados están los amantes
y sólo para ellos gorjean los ruiseñores
y no han muerto en la sordera
ni en las dulces leyendas del bosque, los corzos,
sufren por ellos en mansedumbre.

Resguardados están los amantes
ellos encuentran al escondido dolor del sol del
atardecer
sangrando en una rama de sauce...
y ensayan el morir sonriendo en las noches,
la dulce muerte
con todas las penas que fluyen en la nostalgia.



Líneas como

Líneas como
cabello vivo
levantado
oscurecido de noche de muerte
de mí
hacia ti.

Pescada
afuera
estoy inclinada al más allá
sedienta
por besar el fin de la lejanía.

El atardecer
arroja el trampolín
de la noche sobre el rojo
prolonga tu lengua de tierra
y pongo mi pié vacilando
sobre la cuerda que se estremece
de la muerte ya empezada.

Pero así es el amor...

ALBERTO GIRRI:ANTOLOGÍA POÉTICA




Alberto Girri nació y murió Buenos Aires (1919-1991), ciudad a la que agradeció el anonimato y la posibilidad de aislarse. Su primer libro "Playa Sola" es publicado en 1946. Colaborador de el suplemento literario de La Nación y de Sur es considerado entre la "generación de los cuarenta", aunque el estilo de su obra es tan personal que se resiste al encasillamiento. Los versos de Girri son mas ascéticos que las ideas que representan, quizá en concordancia con su pensamiento de que "lo espiritual de la vida esta en el despojamiento y no en la posesividad". Su producción principal se compone de más de treinta volúmenes de poesía y varios libros de prosa. Girri fue también un entusiasta traductor y divulgador de la obra de Elliot, Spender y Wallace Stevens, con los que compartía la visión estética de que la poesía es un vehículo del pensamiento filosófico.

Libros publicados: Playa nova, Editorial Nova, Buenos Aires, 1946. Coronación de la espera, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1947.Trece poemas, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1950. El tiempo que destruye, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1951. Escándalo y soledades, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1952. Línea de la vida, Editorial Sur, Buenos Aires, 1955. Examen de nuestra causa, Editorial Sur, Buenos Aires, 1956. La penitencia y el mérito, Editorial Sur, Buenos Aires, 1957. Propiedades de la magia, Editorial Sur, Buenos Aires, 1959. La condición necesaria, Editorial Sur, Buenos Aires, 1962. Elegías italianas, Editorial Sur, Buenos Aires, 1962. El ojo, Editorial Losada, Buenos Aires, 1963. Poemas elegidos, Editorial Losada, Buenos Aires, 1965. Envíos, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Casa de la mente, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1968. Antología temática.,Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1970. Valores diarios, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1970. En la letra, ambigua selva, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1972. Poesía de observación, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1973. Quien habla no está muerto, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1975. Galería personal, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1975. El motivo es el poema, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1976. Bestiario, Ediciones La Garza, Buenos Aires, 1976. Obra poética, I, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1977. Árbol de la estirpe humana, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1978. Obra poética, II, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1978. Lo propio, lo de todos, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1980. Obra poética, III, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1980. Homenaje a W. C. Williams, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1981. Lírica de percepción, 1983

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Gato gris muerto


Brujos enseñaron que los gatos
pueden alojar almas humanas.

Figura empapada del asfalto o vuelto hacia las nubes,
eres el muerto más perfecto que yo he visto.
Pero cómo descubrir que la vigilia que te llega,
ya indiferente a cualquier invocación,
tu realidad verdadera de hijo del demonio,
de locatario esbelto de almas,
que estableció para tu antepasado africano
la voluntad miedosa de los clanes familiares
y confirmó la impar justicia de la magia.

Pronto vendrán hasta tu cuerpo abandonado
ladrones de velas,
y robarán las tibias, su recatada médula.
Porque es sabido que cuando tales huesos despierten
despertarán las almas en ellas internadas,
y en un pueblo lejano y caníbal,
hombres que trabajan y tienen amores, instantáneamente se convierten en estatuas.

Brujos enseñaron que los gatos
pueden alojar almas humanas,
y arañar, si quieren, el corazón del huésped.


(de "Coronación de la espera", 1947)


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Lector hipócrita

Por sorpresa
Te asomará ese estado de atención
Propicio para empezar a darte cuenta
De que nada de lo que te toca pudo
Enseñársete fuera de las páginas,
O haberte sido dejado en herencia.
Fraterno legado.

Ten paciencia, por sorpresa,
Aquí y allá, cuando tu cara
Enrojezca de vergüenza, de sentirse
Contempladora de dramas, ajena éxodos,
Crucifixiones, hégiras,
Y cuando vaciles, desconcertado,
Deslizándote por el conflicto de Pascal
Entre corazón y mente
(Finesse y géométrie),
o sufras
De algo similar al vértico
Que ante el vacío despidieron
Las postreras tentativas de Mallarmé,
El último Mallarmé, su conciencia
De apostar, inspirarse, atreverse,
Con objetos inaccesibles.
©Alberto Girri,
De: Epigramática.


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La sombra

De algún modo soy tu cuerpo,
Me designo en él, me quema
En la mentira útil como un remo,
En la desgracia y la amorosa lucha
Abriendo Los huecos de su máscara.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.

De algún modo soy tu cuerpo,
Cuando la rica, inexplicable sangre,
Transcurre en medio de representaciones.
Y lo seré hasta que cenizas
Acaricien tu prestada, última parcela.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.

De algún modo soy tu cuerpo,
La opresión que difunde me sostiene,
Y no en otro descienden las palabras,
Urde la disculpa el vejado sermón
Por nuestras pasadas facciones.
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.

De algún modo soy tu cuerpo
Y si en atención a su dañina mengua
Me cuido bien de mirarlo como esencia,
¿Con qué prodigio, incisivo milagro,
Percibiré tu pasión cuando lo excluya?
Pero no me lo permitas,
No me dejes ser sólo tu cuerpo.


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Poesía de observación

En los viejos de Yeats,
Asistiendo a un acumularse
De experiencia e historia
Que impreca con doctos
Y respetables harapos,
Informes ruinas eruditas,
La sagrada Bizancio
Como urbe hostil a viejos,
Y el persistente rencor
Hacia la vida, que agravia
Por acabar siempre pagando
Con moneda de desgracia,
Soledad, separación,
Y la fácil, trivial conjetura,
De que la indignidad de la vejez
Fue más llevadera
En siglos distantes.

Y cuando,
Vanamente, por las plazas,
Quisiéramos reconocerlos
Entre el anónimo, ininterrumpido
Tremolar en los bancos,
No nos parecen de Yeats
Esos ancianos que nada
Comentarían si Catulo pasara por allí,
Mientras balbucean sus crueles
Datos, para encuestas:
“¿De qué sirvo ahora? Mis hijos
Apenas si vienen a verme una vez al año.
¿De qué sirve un viejo?”
©Alberto Girri,
De: Poesía de observación, 1973


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Elegía de la costa


Dos veces al año
florecen tus rosas,
y dos veces
la ceniza en el cacto,
las fases de la lluvia.


¿Te importará
que deseche tal imagen,
modelo, verso heredado,
para que nuestros ojos bendigan
el equilibrio,
y urda en cambio, al tocarte,
un desafío a lo perdido, el fantasma
de tu opulencia, la sombra
helénica que viene del mar, trae el fuego,
la profecía, el templo, la sórdida apoteosis
del comercio y del arte?


¿Te modifica, rompe
el quieto, eternizado paisaje
de arbustos,
el aliento
del que sin dejarse detener
por la dorada promesa del verano
atisba en tus facciones,
despojos
cuya gloria
duerme al sol, obstinada,
inmune al incendio?


Dos veces al año
mi hogar entre rosas, oh presencia
de un hogar que tus dioses borraron.
Dos veces
la nostalgia
ensombreciendo, aplastando rosas.
¿Te disminuye, tibia Paestum,
que este sea mi pago? ¿Tomarás el pooma
como algo menos efímero
que el momeneo de dejarte?





El poema como idea de la poesía

Que la finalidad
sea provocar el sentimiento
de las palabras,
y alcanzar
el desafío de la expresión,
perseguir objetos
que se ajustan al sentimiento,
hundirse en objetos
hasta la emoción adecuada,
está probado,
y tanto, probado y probado,
como no lo está
el que en esos tránsitos
la tendencia madre sea
por dónde va la inspiración,
«si en frío o en caliente»,

y no lo está
que haya que seguir a Homero
entre las Musas, su rogar que lo asistan,
y a Platón
saludando hermosos versos
más en mediocres pero iluminados
que en sagaces y hábiles exclusivamente
al amparo de sus propias fuerzas,
y a Dante, el reclamar
la intervención de dioses
acaso sin creer en ellos:
O buono Apollo, all'ultimo lavoro
fammi del tuo valor...

Pero tampoco ninguna
terminante prueba hacia lo opuesto,
que el poema
se conduzca en la mente como un
experimento en una ciencia natural,
y que la aptitud
combinatoria de la mente sea
la solo inspiración reconocible.


(de "El motivo es el poema", Sudamericana 1976)



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EL POEMA COMO IDEA DE LA POESÍA

Que la finalidad
sea provocar el sentimiento
de las palabras,
y alcanzar
el desafío de la expresión,
perseguir objetos
que se ajustan al sentimiento,
hundirse en objetos
hasta la emoción adecuada,
está probado,
y tanto, probado y probado,
como no lo está
el que en esos tránsitos
la tendencia madre sea
por dónde va la inspiración,
«si en frío o en caliente»,
y no lo está
que haya que seguir a Homero
entre las Musas, su rogar que lo asistan,
y a Platón
saludando hermosos versos
más en mediocres pero iluminados
que en sagaces y hábiles exclusivamente
al amparo de sus propias fuerzas,
y a Dante, el reclamar
la intervención de dioses
acaso sin creer en ellos:
O buono Apollo, all'ultimo lavoro
fammi del tuo valor...
Pero tampoco ninguna
terminante prueba hacia lo opuesto,
que el poema
se conduzca en la mente como un
experimento en una ciencia natural,
y que la aptitud
combinatoria de la mente sea
la solo inspiración reconocible.



Alberto Girri

El motivo es el poema (1976)


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Quien habla no está muerto

Un curioso se interesa por la frase,
Literalmente
Vertida del alemán, un verso.
La aparta, la despliega
Sobre la mesa, bien manifiesta, intuyendo
Al margen de su obviedad el ánimo
De sustentar lo que se quiera
En cualquier circunstancia, aseverar
Monólogos o diálogos,
Desmentirlos;
Fácil de ser memorizada
Como tersa y metálica variante
Del bíblico “Tienen la boca más no hablan”.
No le dura casi. De improviso
Es como golpeado, despertado,
La vecindad de otra lectura
Previniéndole que no existen
Verdades objetivas,
Y que si así no fuera
¿cómo,legitimarlas, a través de qué?;

y su inicial devoción, sumisión
A la frase, se tambalea,
Vacila hasta desleírse,
Escudriñándola de nuevo, extrañado,
Como un inquisidor, ensombrecido,
Recriminándole no haberle hecho entender
Que su corteza, irrefutable en lo exterior,
Tiene tan descorazonadores límites
(No,
“Quien habla no está muerto”,
Sino,
“Quien habla probablemente no está muerto”;

y desazonado, indispuesto
Consigo mismo, a sí mismo
Puesto bajo la acusación
De quimérico, crédulo,
De culpable ligereza
En entregarse a deducir
Que lo evidente es verdadero.

De: Quien habla no está muerto, 1975

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Paisaje nocturno

Hasta los tejados llegan
Los gritos del guardián de los furiosos,
Él también aterrando
Con alaridos, aunque más secos,
Sin contorsiones
Como en los reclusos,
Sin
Los amaneramientos del terror,
Sin
La fantasía de calmar desahogándose,
Anillados
De guardián que los lanza
Para que lo identifiquen sin dudas,
Para complacerse en que al lanzarlos
Se pulverizan los patios de recreo,
Se fragmenta la unidad del hospicio, confundidos
Con los de las ratas que en los comedores
Chillan al desviar, eludir el filo de las palas.

¡Y la entera grey
Que como sacudida por una melopea
Escolta y asciende,
sigue en el guardián
A un Cristo, ungido y salvador, conduciéndola
Con el exasperado ritmo, caos de sílabas
Hacia redentoras mutaciones,
Hacia un orden sin lunáticos!

De: Quien habla no está muerto, 1975

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lunes, 19 de marzo de 2007

Algunos poemas de Ezequiel Martínez Estrada


Ezequiel Martínez Estrada, (San José de la Esquina, provincia de Santa Fe, Argentina 14 de setiembre de 1895- 4 de noviembre de 1964) escritor, poeta, ensayista, crítico literario, biógrafo, en sus escritos fue muy político, confirmando su anti-peronismo. Se identificó en su juventud con las ideas de Nietzsche , Kafka, y en sus últimos años apoyó a la Revolución cubana y a Fidel Castro.

OBRAS
1918 Oro y piedra
(Gold and Stone) Poesía
1922 Nefelibal Poesía
1924 Motivos del cielo
(The Motives of Heaven) Poesía
1927 Argentina Poesía
1929 Humoresca
(Humoresque) Poesía
1947 Poesía
(Poetry) Poesías elegidas
1948 Muerte y transfiguración de Martín Fierro
(Death and Transfiguration of Martín Fierro) Dos volúmenes de ensayos sobre el poema Martín Fierro de José Hernández
1959 Coplas del ciego
(Blind Man's Rhymes) Poesía
1959 Otras Coplas del ciego
(More Blind Man's Rhymes) Poesía
1964 Tres poemas del anochecer
(Three Poems at Dusk) Poesía
Publicaciones póstumas
1966 La poesía afrocubana de Nicolás Guillén
(The Afro-Cuban poetry of Nicolás Guillén) Literatura crítica.
1966 Martí: el héroe y su acción revolucionaria
(Martí: The Hero and his Revolutionary Action) Biografía / literatura crítica.
1966 Poesía de Ezequiel Martínez Estrada
(The Poetry of Ezequiel Martínez Estrada) Poesía elegida







ERNST ITS DAS LEBEN

Sea solo sonrisa leve la risa loca
Porque nada hay grotesco de cuanto tiene vida,
Y aun en la mas ingenua contracción de la boca
Se retuerce y pronuncia la maldad escondida.

Desterremos, hermanos, el hábito maligno
De ser superficiales y de adorar las formas
E indaguemos la esencia bajo la piel del signo,
Que el signo da las leyes y la esencia las normas.

Y puesto que habitamos en un planeta donde
La poma que nos nutre como la antigua esconde
El gusano que intenta fascinar al criterio,
Tornemos grave y serio a nuestro interno guía,
Que es cláusula en el arte y en la filosofía
“respetar en el símbolo la virtud del misterio”.

(Oro y Piedra)

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MIRO TUS OJOS

Miro tus ojos cansados
tu faz que agostó la vida;
miro la nieve caída
en tus cabellos dorados.

Eres la misma que fuiste,
toda tú en manos y cara.
Antes Noemí y ahora Mara,
la misma, mucho más triste.

Te ves como en un espejo
en mi mirada cansada,
y piensas, sin decir nada,
que yo también estoy viejo.

Si no paz, y si no olvido,
espero algo, y tú también.
Estamos en un andén
después que el tren ha partido.


(Tres poemas del anochecer)

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QUIERO QUEDARME

Pronto hemos de separarnos
y de decirnos adiós.
Uno seguirá camino,
el otro no.

Quiero quedarme y que sigas
como si te fuera en pos;
pero no vuelvas la cara,
mujer de Lot.

Irás sola, ¿y por qué triste?,
con mi recuerdo y con Dios.
Será posible que encuentres
alguna flor.

Si en cambio tú te quedaras,
¿cómo podré seguir yo?
Las noches me encontrarían
en donde estoy.



(Tres poemas del anochecer)

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TEJES

Tejes. Callamos. Yo leo,
que es mi modo de tejer.
La casa empieza a tener
frialdad de mausoleo.

—Hace frío.
—Sí; hace frío.
—Pon otro poco de leña.
En el cuadro un árbol sueña
y frente a él corre un río.

—Rafael no viene más.
—Ya no viene más Irene.
—¿Y Dora?
—¿Y Pedro?
—¿Y Tomás?
—Ya ninguno de ellos viene.

Además, ¡cuántos se han ido
por éste o aquel sendero!
Otros nacieron, pero
también los hemos perdido.

Transcurren unos minutos
en una quietud tan pura
que el tejido y la lectura
son perfectos y absolutos.

—¿Oyes? Salen de la escuela
los chicos.
—Pues, ¿qué hora es?
Hablan y cantan. Después
sólo queda una estela.

—¿Han llamado?
—Sí, han llamado.
Nadie ha llamado a la puerta.
Está la calle desierta
como un camino olvidado.

El reloj marca una hora
cualquiera en la eternidad.
Esta sí es la soledad.
Nunca la sentí hasta ahora.

—Es tarde.
—Es tarde.
Cerramos
la llave de luz. Salimos.
—Hasta luego.
Y nos dormimos.
Y después despertamos.




(Tres poemas del anochecer)

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Enrique Banchs:"LA URNA"


Enrique Banchs «La Urna». Jorge Luis Borges calificó a este libro como «obra impar en la poesía castellana».


Enrique Banchs nació en Buenos Aires el 8 de febrero de 1888, y murió en esta misma ciudad el 6 de junio de 1968. No hay hechos destacados en su biografía. Entre los 19 y 23 años publicó sus cuatro únicos libros de poemas: Las Barcas (1907), El Libro de los Elogios (1908), El Cascabel del Halcón (1909), y La Urna (1911). Su fama de gran poeta de nuestras letras, en ellos sustentada, se acrecentó con los años, y hasta adquirió cierto carácter legendario, mientras el poeta no sólo se resistía a reeditar sus obras, sino que se mantenía en un silencio apenas interrumpido por la publicación de algunos esporádicos textos en verso y en prosa en diarios y revistas. Sin embargo, no se apartó de sus colegas ni de la vida literaria. Actuó en la Sociedad Argentina de Escritores, de la que fue presidente, y en la Academia Argentina de Letras. Ese silencio de tantos años es uno de los enigmas de la literatura nacional.

Por lo demás, Banchs fue funcionario público en el área de Educación y presidió en 1944 la Comisión de Control Cinematográfico.

Los conmovedores cien sonetos de La Urna, románticos, pesimistas, tiernos y melancólicos, pueden incluirse entre las mejores producciones de las letras argentinas.

LA URNA: "Libro de Enrique Banchs, publicado en 1911. La unidad de la forma poética elegida -el soneto-y del "temple" interior que la dicta, hace de La Urna el libro más armónico y perfecto de Banchs. Los sonetos van modulando con riquísimas variaciones dos sentimiento fundamentales: la soledad del enamorado y la soledad del hombre en el universo, que bien pueden resolverse en un único y gran sentimiento de soledad. Sin los efectismos sonoros ni las definiciones épicas de algunos poemas iniciales, la voz del poeta asume sus matices más diferenciados en los medios tonos afectivos, en la musicalidad sin énfasis, en el ritmo apenas acentuado, en la sutileza expresiva. Una gran variedad de técnicas de "desarrollo" del soneto habla del dominio instrumental de Banchs. La soledad se reitera en distintos planos. Es con gran insistencia la soledad del enamorado desdeñado o solo que , nuevo Salicio, llora interminablemente su desamor. Pero es también la soledad del hombre entre los hombres, y en última instancia el desgajamiento del hombre caído y ciego que guarda en su memoria las músicas de otro reino:....con la inutilidad de un ciego miro/ y no comprendo nada más que al cielo... Se ha señalado en la poesía de Banchs la ausencia de Dios. En efecto, es una poesía de ausencia y melancolía, que no excluye cierta vaga esperanza de reintegración (Bien sé que espero en algo muy lejano...) acorde con el espiritualismo fundamental que el poeta en todo momento expresa. En ocasiones lo hace bajo pautas que lo asocian al evolucionismo finisecular (la ley renovante cambia toda/ materia en expresión espiritual...) y siempre en sentido de afirmación de los bienes espirituales del hombre..."

(Extractado de "Enciclopedia de la Literatura Argentina" de Editorial Sudamericana,1970)




"LA URNA"



I
Entra la aurora en el jardín; despierta

los cálices rosados; pasa el viento

y aviva en el hogar la llama muerta,

cae una estrella y raya el firmamento;



canta el grillo en el quicio de una puerta

y el que pasa detiénese un momento,

suena un clamor en la mansión desierta

y le responde el eco soñoliento;



y si en el césped ha dormido un hombre

la huella de su cuerpo se adivina,

hasta un mármol que tenga escrito un nombre



llama al Recuerdo que sobre él se inclina...

Sólo mi amor estéril y escondido

vive sin hacer señas ni hacer ruido

1.


II


También el subterráneo manantial

en su lecho de jaspe prisionero,

sufre, pero después rompe el venero

gorjeando ante la lumbre celestial;



recata un terciopelo funeral

el rostro rosa de la aurora, pero

también la aurora al fin rasga el severo

luto nocturno y ríe en el zorzal;



mucho tiempo en el surco está dormido

en laborioso sueño el útil grano,

y engarza al fin la espiga en el verano;



también mi amor estéril y escondido,

se levanta en su noble estampa humana

de pie sobre la estrofa castellana.

2.


Hermosa es la sidérea compañía

de siete estrellas en la oscura frente

del universo... Pero está vacía

la sombra que la octava hermana ausente.



¿Qué ignoto espacio su fulgor rocía

desde una eternidad, sola y silente?,

¿qué destino, a ella sola desprendía

como una flor del grupo refulgente?



El aderezo de las siete estrellas

es bello y como lágrimas son ellas...

pero pienso en la otra: ¡en la que falta!...



Veré más rostros y pasión más alta,

pero con fiel angustia, solamente

pensaré en esa que perdí, ¡la ausente!

3.


Por la bella sonrisa de alegría

que sin ser para mí, la hice mía,

por la bella sonrisa

mi verso ilusionado se desliza.



Por la bella mirada que vagaba

en lo vago... y creí que me miraba,

por la bella mirada

nace y nace mi estrofa enamorada.



Pupila indiferente, boca roja

que mirando y sonriendo dais consuelo,

¡que me disteis tesoro sin quererlo



e ilusión sin saberlo!

Fuisteis como la flor que se deshoja,

que se deshoja y engalana al suelo.

4.


Como es de amantes necesaria usanza

huir la compañía y el ruïdo,

vagaba en sitio solo y escondido

como en floresta umbría un ciervo herido.



Y a fe, que aunque cansado de esperanza,

pedía al bosquecillo remembranza

y en cada cosa suya semejanza

con el ser que me olvida y que no olvido.



Cantar a alegres pájaros oía

y en el canto su voz no conocía;

miré al cielo de un suave azul y perla



y no encontré la triste y doble estrella

de sus ojos... y entonces para verla,

cerré los míos y me hallé con ella.


5.




Seis años llevo con la misma suerte...

Quiero salvarme del doliente estado:

mando a mis ojos que no quieran verte;

¡los ojos suaves porque te han mirado!



La vida en vano me ha labrado fuerte

para dejarme a mi memoria atado...

No más por ti la voz se me despierte;

¡la voz que es suave porque te ha nombrado!



Nada me dice que llegó el momento,

(en que me mires con piedad amante)

que en tanto tiempo he imaginado tanto.



¿Y qué haré entonces con mi gran tormento

Pensar que llega mi postrero instante

que en tanto tiempo he imaginado tanto.

6.


Mientras la tarde ponga la diadema

de su fulgor letárgico y tranquilo,

moribunda gloriola, en la suprema

fronda del tilo;



mientras mi sentimiento tenga asilo

en la palabra hispana y por emblema

lágrimas; mientras trace en noble estilo

la razón de mis horas: el poema,



la olvidaré... Mas hoy, hoy otra vez,

Memoria, lamentemos lo perdido.

¡Oh, Sombra, no te vayas! Dolorida



habla otro instante y otro más después;

porque si éste es el tiempo del olvido,

¡oh, Sombra! no es el de la despedida.

7.


Si como sombra fue mi pensamiento,

sombra eterna abrazada a tu figura,

si me diste tan largo sufrimiento,

sufrimiento y dulzura...



Y si en mi breve juventud fulgura

la tuya, como en mudo firmamento

el brillo de la luna; y si perdura

con secreto lamento



la angustia que me viste en la mirada

y que en otra pupila repetida

yo no sé si fue cita o despedida,



¿por qué pasamos sin decirnos nada?,

¿por qué dejar que se marchite en vano

la rosa blanca del amor humano?

8.


En la fosca y solemne cumbre crece

el leucerón; la nieve es su sustento;

y en el hospitalario valle el viento

las campanitas del muguete mece.



La flor que en el radioso encumbramiento

solitaria y sufrida languidece

no se puede juntar con la que ofrece

al llano azul su perfumado aliento.



Y sin embargo, al fin, las dos cortadas,

en una misma copa se marchitan

en sombrías alcobas, olvidadas...



Inútil nos separa opuesta suerte,

y en vano los orgullos nos evitan:

nos hallaremos juntos en la muerte.

9.


I



Nunca como esta noche de verano

de gran silencio melodiosa y pura

he sentido la lánguida dulzura,

la irrealidad, de mi pasión que en vano



confieso al alma de la noche oscura.

Bien sé que espero en algo muy lejano,

algo que no se toca con la mano,

que no se puede ver ni se figura;



algo como plegaria de intangible

boca, pero plegaria imperceptible;

un suspiro del viento, acaso una



música de violines escondidos;

una vaga mujer cuyos vestidos

ondulan en el claro de la luna.


10.


II


¿Entonces sigue mi infeliz suspiro

superviviente luz de estrella ausente,

o los mirajes de mi propia frente

como el viajero del desierto miro?



¿Es una de esas formas que un abrazo

ilusorio nos dan sólo en el sueño,

sombra que nunca me tendrá por dueño

será la gloria acaso?



¡Nunca! Mi corazón inconsolado

bien sabe que ha pasado por su lado.

Su presencia lo llena, como a copa



el óptimo elemento. Está en mi boca

su nombre que jamás se parte de ella...

¡Tú no eres irreal, aunque eres bella!

11.


I



Cubra tu forma de ánfora un sudario,

lleva en la mano el arlequín de paja

del deseo difunto y desencaja

de ti misma el impulso pasionario.



Y anima en tu atavío funerario

un pie de sombra, un paso, así, en voz baja...

Vayamos al país de la mortaja

y al sitio finalmente hospitalario.



Vamos a ver la dama que con metro

igual nos mide a todos. Cuyo cetro

es la amapola erecta y asfixiante.



Cuyos son el palacio y los salones

con la base en la tierra devorante

y con techumbre en las constelaciones.


12.


II



Surge una hoz en la marmórea entrada,

blanca como el silencio... O voi che entrate...

vosotros, mármol en que nada late,

columna en tierra, espiga cosechada...



En vez del huésped de la rama, el trino,

grandes lágrimas vierten los cipreses.

Alma, enmudece, que no sirven preces,

ni vale el lloro donde está el Destino.



Mira el rebaño blanco de las piedras

tumbales, y pastores, a las hiedras

quietos en la pradera taciturna...



-¡Juventud!- ¡oh, qué cosa llamas, alma!,

¿con gloria y tempestad nombras la calma?...

Y en eso sonó un canto en una urna.

13.


III



En una antigua urna cantó un grillo.

Decía: “en la cabeza de tu hermano

levanto un canto rápido y lozano

y me sirve de atril cráneo amarillo.



Por furtiva rendija entré en la fría

caja; y entre los pálidos despojos,

(¡maravilla de oídos y de ojos!):

venciendo al Tiempo su ilusión vivía.



¡Alegría fugaz de haber vivido,

alegría fugaz, la he recogido

como la abeja de la flor el polen,



para que mis sonidos la enarbolen;

y de ensueños del muerto se hace el canto

que como musical pendón levanto!”.

14.


IV



Cantaba: “Salud, día del verano

diáfano, salud mies erguida y río

lleno de cisnes, y salud, hermano

cuyo labio es corola con rocío;



álamo ceniciento en el camino,

novia en cuyo mirar tan dulce y vago

copiado parecía mi destino,

como refleja blanca vela el lago”...



Dijo así la ilusión sobre aquel muerto.

Y alma, tú suspiraste: “el Hado quiera

que se alce un canto en mi quietud postrera.



Y se prolongue mi poema y yerto

lo que amé rememore, en la canción

del Grillo, lira de resurrección.

15.


Hijo blanco y moreno de las mieses,

pan nutridor, mi sangre te incorpora.

Serás quizás al cabo de los meses

la viva luz que mis pupilas dora,



o en el cerebro el nervio de la oda,

o en la garganta el hálito vocal,

ya que la ley renovante cambia toda

materia en expresión espiritual...



Hijo triste y fatal de los sentidos,

¡oh, amor! En esto acabas: en canción.

Nada es estéril, no, ni la ilusión,



ni el sueño, ni los pétalos caídos...

Aun del mismo dolor de haber amado

se hace el Arte un trofeo conquistado.

16.


¡Si fuera tiempo de empezar la vida!...

En decisivo instante así pensaba

cuando de iluso olvido sólo esclava,

mi alma parecía redimida.



¡Mísera libertad!: ¿qué me dejaba?

Me acordaba por quien tengo perdida

la leve edad que al porvenir convida

y el antiguo vigor que levantaba



mi nombre entre los seres argentinos.

Después decía, como quien delira:

ama sólo a los pájaros divinos,



a la divina soledad aspira

y a la azulada sombra de los pinos...

Y la llamaba, como quien delira.

17.


Un príncipe va en selva de laurel:

capa de seda, rosa en el sombrero,

cincelado el arnés de su corcel...

Cual de leyenda fue mi amor primero.



Como la madre pobre que sostiene

con el valor de su virtud la casa,

la misma noble fortaleza tiene

este ignorado amor que inútil pasa.



Y es como alguna pálida colina

que en la armoniosa calma vespertina

parece hacerse toda pensativa...



Pero mi orgullo que es la sensitiva

que se repliega si la tocan, guarde

cerrándose, este amor para más tarde.

18.


¿Dónde está aquella audacia blanca y fuerte

que imperativa, enérgica y audaz

tiraba un guante al rostro de la Muerte

y este nombre tenía: ¡Siempre Más!?



La que de pie, la mano en la cadera

y envuelta en el pendón de su entusiasmo,

lumbre llevaba en la mirada fiera

y en el labio enigmático sarcasmo.



...Mal tiempo es éste para el porte altivo.

El espíritu, vuelto pensativo,

sólo quiere una cosa: que lo olviden.



Como de lejos, sus palabras piden:

¡déjame solo, déjame soñar!

¡déjame solo, déjame olvidar!

19.


Hay quien pide razón porque no llevo

el diapasón del general clamor,

y porque no resumo en verso nuevo

no mi vario dolor, sino el Dolor.



Siento como a torrente la conciencia

múltiple; siento a todos que soportan,

dalmática de plomo, la existencia...

Pero las multitudes ¿qué me importan?



¿Qué me importan las negras muchedumbres,

el tropel de las leyes y costumbres

y el gran rumor de mar de todo el mundo?



Pues mi motivo eterno soy yo mismo;

y ciego y hosco, escucha mi egoísmo

la sola voz de un pecho gemebundo.

20.


La inspiración del silencioso guía
que anima soledad con su presencia

y es en la ausencia firme compañía,

si no me da consuelo, me da ciencia.



Dócil alumno en la amorosa vía

aprendo cual se cela su violencia:

por él sonríe la tristeza mía,

sonríe, mas decid ¿no es apariencia?



Amor me enseña el principal sentido

de las horas que pasan; y si sueña

el alma ¿no es porque el amor la enseña?



Sutil maestro, su doctrina ha sido

tan elocuente que doquiera creo

sentir la voz que sigue mi deseo.

21.


I



Cuando contemplo mi presente estado

y aquello que tenía y lo que hacía,

llamo al buen tiempo de vivir, pasado,

pues todo lo de ahora es cobardía.



Pero a veces no sé qué cosa hermosa

viene amante del fondo del Pasado

y me arroja a los pies, triste, la rosa

seca de haber amado.



Me vuelvo a ver en un jardín lejano

como hace tanto tiempo; pero todo

me dice que no existe...



Que no existe el jardín, que voy en vano

queriendo despertar lo que en tal modo

sólo en piadoso recordar persiste.


22.


II



Y pues que recordar es necesario

para sentir vivir, ¡ay!, recordemos:

deshójense marchitos crisantemos

frente a mi hoy, espejo solitario.



¡Oh, jardín!... (que aquel tiempo era jardín),

... sufrir a solas, ansia de encontrarla,

rubor de verla, miedo de mirarla,

y nunca hablar... Hasta perderla al fin.



¡Oh, flores que llevaba!... y alegría

del día nuevo que como otro expira

pero habiéndola visto: hoy no podría.



... ¿Es necesario que me engañe tanto?:

igual en la verdad o en la mentira

tengo este solo compañero, el llanto.

23.


Recuerdo un viejo verso: la que cose

a la luz de la lámpara serena.

Cuando yo lo escribía era más buena

la vida, humilde y buena... ¡Que repose



en su inútil bondad como una muerta!

Vuelvo a ver aquel ser y el claro tul

ondulado en la mano dél cubierta

y la luz suave cual de estrella azul.



Hoy estoy solo, solo, y estoy lejos

de todo lo que amé. Nacen mis frases

y se mueren en mí: soy mi ataúd.



Nadie alza los ojos de reflejos

vívidos y fugaces,

cuando mis labios lentos dicen: tú...

24.


Cuando en las fiestas vago en el suburbio,

desde las tierras altas la mirada

de albatros tiendo a la ciudad cargada

de hombres, la lado del Estuario turbio.



Como en una visión de grandes valles,

veo, entrando en el cielo, humeantes barras,

las azoteas rojas, las pizarras

y el tajo ceniciento de las calles.



Y veo el barrio donde está tu casa,

(lo veo y la tristeza me traspasa)

y la casa escondida donde estriba



mi vida laboriosa y miserable...

Y se me alza en el pecho, inolvidable,

el gran amor de la ciudad nativa.

25.


¿Qué te importa, señor, pues que eres sabio

la sinrazón de mi afligido labio?

Tu maestro de vida fue la acción

y compañero ocioso el corazón.



¿Para el molino el ala activa al viento

si la calandria vuela al firmamento?

Sin embargo te escribo porque... ¡No!

El porqué Dios lo sabe, que no yo.



Lloro el iris fugaz de aquel deseo

más que humano que un tiempo me engañó.

Y me inclino en el libro en que me veo,



como árbol que en el río se inclinó;

y el río le refleja las dolientes

ramas con las estrellas ascendentes...

26.


Justo es tal vez que sufra ese destino

de no desear, pues puse el alma ardiente

en alto sitio y tan inútilmente

que no espero ni en caso peregrino.



Si el corazón no tiene compañía

ni encuentra caridad donde apoyarse,

será porque no tiene de qué honrarse...

pero eso el corazón no lo sabía.



Y en esta condición desamparada,

quiere él mismo ofrecerse a cualquier cosa

como en patena de oro una granada.



¡Ilusión desoída y a destiempo!

Mas él de una esperanza tal rebosa,

que, don esquíleo, lo consagro al Tiempo.

27.


I



Carne mortal, sosiega.

Carne mortal, escucha la palabra

de la traición que aquí en ti misma, labra

el término a que vas altiva y ciega.



Pues la traición es tu fugacidad

y tu ilusión engaño de distancia.

Detente, ¡oh, carne! y descoyunta el ansia

de esa tu fuerte alada vanidad.



Mira cuánto amador yace en la tierra

y cómo cruzan formidable guerra,

fidelidad y olvido.



Y pues que has de morir en plazo breve,

quiera serte el amor copo de nieve

en lumbre de razón desvanecido.

28.


II



“El término a que voy ciega y altiva

no me sabe advertir, ni yo me advierto:

sólo para morir la cosa viva

halla elocuente la mudez del muerto.



Y mi fugacidad el ansia aviva,

como es más hondo y grande el beso oferto

a punto de partir, así despierto

de súbito febril e imperativa.



Mi ceguera alargaba mi paciencia,

y hoy la vista del fin inflama urgencia:

ya no espero en silencio: quiero verla.



Y pues que he de morir en plazo breve,

la sola voluntad que me conmueve

es el ansia sin fin de poseerla”.

29.


Cargado tengo de riqueza sorda

el cerebro confuso y populoso,

que de conocimiento se desborda,

inconsciente en su impulso generoso.



La multitud de libros son el parque

fastuoso y misterioso que fatiga

mi ansia de conocer. ¿Qué hay que no abarque

tanta codicia que a ignorar obliga?



Ciencia que no me vale para nada

pues no se cambia en pan ni en buen consejo

ni en la amistosa plática retrato.



Aún no sé comprender una mirada,

ni sé si la altivez de que me quejo

más que desdén es femenil recato.

30.


Quien tenga algún secreto engaño pida
la compasión de la escondida vida,

quien ame de apacible amor la implore

y un austero retiro rememore



que a la fidelidad que no perece

en su clara virtud, hogar ofrece...

¡Tranquila soledad, firme custodio

de la paciencia de vivir sin odio!



Inútil para el mundo en que se muestra

el orgullo vital mira un destino

quieto y oculto la esperanza nuestra.



Y consagrado a prematura calma,

como en sueños, amada, me encamino

al silencio sereno de tu alma.

31.


Puesto el despecho a convencer, desliza

pérfida voz que expresa como un reto.

Con ansia digna de mejor divisa

dice: -¡no es nada más que un esqueleto!



-Sí... mas los ojos pardos que sumisa

mirada envían llena de secreto;

los labios que aperezan la sonrisa

en desdencillo de perfil discreto...



-¡Un esqueleto nada más!- Que lleva

con juvenil delicadeza un paso

que pasa y sin caer tiembla el rocío...



Donde tesoro (¿quién que lo conmueva?)

palpita un corazón, -¿Qué es eso?- Acaso

un corazón que siente como el mío.

32.


Sobre la dura hoja de un agave

vi esta tarde enlazadas iniciales,

dos letras -¿de qué mano? ¡Dios lo sabe!-

unidas como manos de mortales.



Que ya han muerto tal vez. O son felices.

O no se han vuelto a ver, pero tampoco

han vuelto para ahondar las cicatrices

pálidas que se cierran poco a poco...



Quien os contempla, pobres signos, prueba

el pesar de un mejor tiempo perdido...

Yo con trémula mano corté al fin



en la borrosa letra, letra nueva

para que aqueste amor desconocido,

sino en la vida viva en el jardín.

33.


I





No el laborioso hierro que en el cipo

labra inmortalizada despedida

grabará el nombre oculto que emancipo

con vida oculta de postrera vida.



Lápida sin leyenda me anticipo,

cual conviene a quien sigue una perdida

labor, pues la mejor labor disipo

llorando una pasión inextinguida.



Inútil fui y al devorante abismo

bajaré sin haber dejado nada:

sombra de sombra me seguí a mí mismo...



Pero en mi tumba un eucalipto, allí

majestuoso y sombrío, a la mirada

del pasajero le hablará de mí.

34.


II





Majestuosos, sombríos, colosales,

eucaliptos vibrantes en el viento,

protegiendo en las tardes otoñales

la humildad del camino ceniciento



por donde yo he pasado tantas veces...

A vuestra sombra alzábanse los lirios

como una pura elevación de preces.

¡Sombra que ha serenado mis delirios!



¡Oh, cuántas veces como yo pasaba,

pálido y solitario, y recordaba

lo que entonces podía llamar mío!



No os podría ver más, sombras gigantes...

Aunque dentro de mí llevo como antes

majestuoso dolor, grande y sombrío.

35.


Espíritu gentil que de Valclusa

las selvas de laurel paseaste tanto,

razonando de amores con la musa

que alargaba el honor de tu quebranto:



como a ti me ha dejado una confusa

esperanza materia para el llanto,

mas no me dio el ingenio asaz excusa

para hacerla materia de mi canto.



Maestro soy en el mar doliente,

aunque no en la elegancia del estilo

ni en la ilustre nobleza del dictado;



pero viendo el laurel que honra tu frente,

pienso, grave y tranquilo,

que un sentimiento igual nos ha acercado.

36.


¿Árbol por qué floreces?... ¡Qué pueril

pregunta y qué pregunta sin razón!

Pero he dicho otras veces: juvenil

corazón ¿por qué lloras, corazón?



¿Árbol por qué floreces?... ¡Oh, qué ilusa

pregunta y qué banal curiosidad!

Pero he dicho otras veces: ¿por qué, musa,

hablas dentro del pecho en soledad?



¡La bella inexplicable sinrazón

que vive en todo, como en la dormida

noche el fulgor de la constelación!



¿Y tú, por qué has amado? ¿por qué, di,

tu blanca vida sin amor no es vida

como alelí sin flor no es alelí?

37.


Vuelan las frases de la amable plática

en la llaneza de la compañía

y la trivialidad con acrobática

gracia sus flechas de papel envía.



Nada conturba a la palabra errática

revoloteando leve de alegría

de tema en tema como en aromática

planta la mariposa se desvía...



Pero si por ventura alguien te nombra,

súbita gravedad mi rostro empaña,

rememorando pena y desencanto.



Y me recojo a la doliente sombra

de un pensamiento que me desengaña,

y sin hablar te nombro con el llanto.

38.


Este que oprime el corazón sin ruido

con la corona de sus dedos yertos,

espera todavía. Aquí dormido

reposa con los ojos entreabiertos.



Sobre él no se inclinó mirar querido,

un rostro que llenase sus desiertos

ojos que por la culpa del olvido

no tienen un tesoro entre los muertos.



Tú, feliz pasajero, que has de hablarla,

dile que venga y calme con mirarla

la pena entre los párpados helados.



Acerque a la esperanza su clemencia;

cierre con la piedad de su presencia

los ojos entornados.

39.


Dime por qué estás pálida, ¿has soñado

esos sueños que son presentimiento

de ausencia?... Yo quisiera oír tu acento

siempre y que no te vayas de mi lado.



Dime por qué estás pálida, ¿has llorado?

Es como tenue cera y desaliento

de pétalos tu rostro sin contento...

¿Tus lágrimas a quién han perdonado?



Pálida que en las largas noches solas

lejos de todos imploré y bendije

y que envuelta en un leve azul de aureolas



viniendo adonde estoy tanto he previsto:

¡tal vez un ansia misma nos aflige,

que en ti mi propia palidez he visto!

40.


Los álamos están como soñando,
quietos en la dulzura vespertina;

bajo la rutilancia mortecina

del sol la fronda muda está soñando.



Todo está mudo como siempre cuando

la ilusión de las formas se termina;

y el aire, hecho silencio, disemina

la paz letal de los que están soñando...



¡otro día que pasa y no la viste!

Ayer tampoco y así siempre. El día

como una hoja seca cae del cielo.



El día pasa y caminante triste

todo se lleva en triste compañía,

que triste compañía es mi consuelo.

41.


La sirena fatal fuera piadosa

para el ilusionado por su canto

que a punto de caer rompiera el llanto

y gemebundo le dijera: ¡oh, diosa



del mar azul, perdóname! Tu encanto

apaciguado, deje a pesarosa

vejez que llegue al lado de la esposa

que en las ausencias he nombrado tanto.



La sirena le oyera... Pero es mía

suerte más despiadada:

y el alma olvida lo que tanto ansía



que es verse en ciego olvido serenada,

pues cuanto más la imploro más me oprime

y jamás mi sollozo me redime.

42.


También el vivir diario nos separa,

tanto que fuera más feliz intento

juntar al agua clara el óleo lento,

que unir las manos que el ensueño ampara.



Tu vas siempre con un florecimiento

de alegría alumbrándote la cara

y amable compañía te depara

diario olvido ante rápido contento.



Pero yo melancólico, suspiro

y solitario por las noches vago

y te veo de lejos y te miro



con ojos de vergüenza; y como en pago

de haberte visto, digo con tristeza:

Sí... nos separa la naturaleza.

43.


Algunos dicen: ¿cómo es eso: muda

tu arrogancia de ayer paró en vacío?,

¿y es justo que el silencio preste a duda

el buen linaje de tu antiguo brío?



-La gallardía memorada tanto

no está, ¡por Dios!, ni muerta ni enterrada,

sólo que espero la estación del canto:

¿no tiene invierno tanta especie alada?



Seguramente la labor proscrita,

bella durmiente, espera al que rescata

de escarcha estéril leve margarita.



Pero aunque el triste estado de hoy me abata,

saque Disculpa esta razón postrera:

¡siempre espera que llegue primavera!

44.


El áspera razón de abandonarte

aunque tiempos mejores nos sonrían,

no es de las que en epístola se envían

ni de las que, sutil, decora el arte.



Es razón de decir entre sollozos,

porque es así como uno la adivina,

y valida de penas asesina

firme esperar de justos alborozos.



De una pobre apariencia, es, sin embargo,

la imperiosa razón de tanto embate

que a honrado corazón mucho combate.



Pues siempre hidalgo bueno bebió amargo,

cuando frustrado su derecho había

el pan fundamental de cada día.

45.


Perdóneme el amor cuando comprenda,

mi vivir cotidiano rectifique

y una fácil razón fije y explique

lo que razón de arte desenmienda.



Pues a veces siguiendo la ondulante

senda imaginativa dejo un verso

a mi constante sentimiento adverso

e infiel por relucirse más brillante.



Así a desdén que no me hiere imploro

y una ilusoria pena a ratos lloro,

¡tanto la mente en fantasear disperso!



Y el ser que de amistad tan noble vive

honor de mi labor jamás recibe...

Tiene mi vida que bien vale un verso)

46.


Entro a mi casa fatigado bajo

la ley del diario y mísero trabajo

que seca la espontánea flor del poco

de ensueño... ¡Y siempre así!... Y siempre invoco



a lo más puro y libre de mi ser,

a lo más permanente para hacer

la ciudadela blanca en que me olvide

lo que fatal necesidad me pide...



Blanca carilla ante de mí vacía

como escenario abandonado espera

la pequeña tragedia de mi día.



Pero fatiga estéril te lacera,

¡oh, alma! y como un perro en el umbral,

te duermes en la hoja virginal.

47.


Motivos de aflicción me han puesto cerco

y a pesar de su rígida porfía,

no es razón de tenerlo a insulto terco,

sino cual preferencia y cortesía.



Al cabo esa su enérgica enseñanza

me da tan abundante disciplina,

que ni me hastía el bien ni el mal me cansa

si asunto de aprender de ambos declina.



La edad de más afán me yace muerta:

lo que sufrí, pasó; mas me avigora

fuerza mayor y comprensión más cierta.



Aún el largo dolor de haber amado

de tanto me sirvió que estoy ahora

para amar nuevamente preparado.

48.


Cuando nuestro silencio se deshoje

como en ociosa mano un crisantemo,

ya no será mi voz esa que escoge

para decir su angustia el bien supremo.



Y si otra vez en esta vida blanca

como un sudario, te volviere a ver,

¿tendrán mis ojos la mirada franca

que vio tu adolescencia florecer?



También si nuestras manos se aproximan

serán como palabras que no riman

o como dos latidos siempre alternos.



Pues un día ha pasado sin soñarte,

día que inexpiable y fosco parte

la tácita unidad de parecernos.

49.


Múltiple vez he visto en la novela

que los del mal de todos guardan una

prenda que en todo plazo les revela

la pasada fortuna.



De cabellera que no más es bruna

les queda un rizo; o una antigua esquela,

o en terso esmalte tersa frente, una

frente que de impasible desconsuela.



De condición igual cierto no puede

gloriarse mi afección que no me cede

cosa que sobreviva de este instante.



Y alguna vez en menester de aquella

que es de tiempo mejor durable huella

¿tendrá donde posarse el beso errante?


50.



A los pies de los álamos la brisa
aquí y allá las hojas secas junta;

claro el retoño en la corteza apunta

como la dentadura en la sonrisa.



En la paz de la hora, meridiano

suena el zumbido sordo del insecto

y casi embriaga su áspero y directo

rumor, que ni está cerca ni es lejano.



Voy por la rumorosa vastedad

de la floresta clara y retoñante,

piadosa en su elocuente soledad;



y en tan dulce vagar no sé qué quiero:

soy feliz como nunca, estoy delante

de lo deseado... ¡y sin embargo espero! .

51


Ciudad nativa, te conozco como

libro que se ha leído.

Eres como un desierto color plomo,

color gris invariable y aburrido.



Y sueño con ciudades melancólicas,

(canales, viejas abadías, nieve...)

con ciudades al lado de bucólicas

campiñas de una gracia ingenua y leve.



Aquí ya nada espero, nada siento,

nada tengo que amar. Oye: hasta el viento

dice siempre un igual, viejo motivo.



Y me iría muy lejos... No; jamás.

Y tú lo sabes bien, ser por quien vivo:

¿Cómo me alejaré de donde estás?

52.


Si puesto a amar, indiferente y frío

desdeño el convivial lugar y cesa

de sonreír la gracia de la mesa

que es regocijo de hombre sano, ansío



olvidar este frívolo desvío;

si no alumbra en mis ojos la sorpresa

que antes me dio la natural belleza

(que me es ahora teatro del hastío),



no me importa; si el libro ya no tiene

la maravilla antigua, no me importa:

todo es como hoja seca que va y viene.



Mas lo que el pensamiento no soporta

es que haya roto por llamarme amante

mi voluntad de hierro y de diamante.

53.


Sé de una fuente mansa y silenciosa

que sobre antiguo mármol se derrama

lenta y constante. El agua que rebosa

jamás refleja un rostro ni una rama.



Vierta la noche azul la luna en ella,

o abra su golfo de oro la mañana

donde naufraga la postrer estrella,

la solitaria fuente siempre mana.



¡Generoso dolor que siempre llora,

fuente que el agua da calladamente

como el Tiempo su hora!...



Conozco una pasión que nadie mira,

que nadie escucha y sin cesar suspira,

perdiéndose como agua de la fuente.

54.


La he buscado a mi lado, la he buscado

como se busca a la felicidad.

Acá y allí, más lejos y a mi lado...

Ojos, ¿de qué me sirven? ¡Ya no está!



¡Quién pudiera ser joven otra vez!

tanto como lo fui cuando la vi

amorosa y jovial, buena tal vez...

como en mis pensamientos la sentí.



¡Ha pasado! ¿y por cuál jardín pasó?

¿dónde la huella de su pie quedó?,

¿en claro enero o indeciso abril?



¡Oh, pálida mujer, cual de marfil!

te llamo sin cesar, tú, ¿dónde estás?

te busco, ¿volverás?

55.


A la materna Tierra que cintila

en la informe tiniebla, cual pupila

de leopardo, le pedí la fuerza

pánica de cantar su alma dispersa.



Pues poeta cosmógrafo con sabia

voz quise hablar de su incansable savia

y descubrir sus alas misteriosas

en la naturaleza de las cosas...



¡Alto designio que el amor destierra!

que ¡ay! en la cruz de más humilde estado

tan sólo hablé de mi pasión humana.



Porque sólo una cosa vi en la Tierra:

mi alma llena de sí, que ciega y vana,

va como un serafín avergonzado.

56.


Será una tarde gris y suave como

todas las otras tardes que se ven,

con su poco de sombra, con su asomo

de tristeza... ¿por quién?



Y nada bello habrá de nuevo, nada:

como siempre en mi mesa un libro abierto,

quizá una rosa ajada...

¡ah! , pero aquella tarde yo habré muerto.



Y se desprenderá en la suavidad

de la tarde fugaz mi espectro pálido,

y se levantará



como joven mujer del lecho cálido...

y seguirán cayendo como antes

igual que hojas marchitas, los instantes.

57.


Si yo estuviera ciego todo ruido

como eco de perdón y de clemencia,

me haría murmurar: manda la ausencia

la voz que ni una sola vez he oído.



Y si arrastrara el aire confidencia

de pétalos, diría: ha sonreído

y su sonrisa está, como un vestido

de comulgante, llena de inocencia...



Y si a la sombra de un rosal florido

descanso un día, pensaré que ha sido

esa sombra tranquila, su presencia



que al fin se inclina sobre mi existencia...

Sólo ciego veré en esa apariencia

quieta por fin la sombra que he seguido.

58.


Yo sé bien que otra vez te quise mucho,

pero hace tanto tiempo, ¡pero tanto!

Que del lejano tiempo sólo escucho

dentro de mí, sin causa siempre, el llanto.



Es un sollozo como un ala viva

y una espina en la sombra la apuñala,

¡ira torpe en la mísera cautiva!

y el ala en sangre y traspasada, el ala



se agita siempre en sangre y traspasada.

¿Ha existido ese tiempo? No tal vez...

pero una cosa es cierta: una mirada



vista en el fondo de una edad pasada,

(sobre las tumbas, sobre mucha nada,

entre las almas) por primera vez.

59.


Hospitalario y fiel en su reflejo

donde a ser apariencia se acostumbra

el material vivir, está el espejo

como un claro de luna en la penumbra.



Pompa le da en las noches la flotante

claridad de la lámpara, y tristeza

la rosa que en el vaso agonizante

también en él inclina la cabeza.



Si hace doble al dolor, también repite

las cosas que me son jardín del alma.

Y acaso espera que algún día habite



en la ilusión de su azulada calma

el Huésped que le deje reflejadas

frentes juntas y manos enlazadas.


60.



En la serenidad desoladora
que tiene un rostro indiferente y frío,

muestra el orgullo el natural bravío

que flaquezas con máscaras decora.



Se rinde la mirada que es traidora

de lo que tiene: el pasionado brío

busca en el pecho su lugar sombrío,

no en la fisonomía locutora.



Y aunque impasible y calmo y sosegado

figure el rostro como un agua muerta,

adentro está el despecho y el llamado



y el sollozo y la sangre de la herida...

Que aunque esté de la mano fiel cubierta,

ya no es nuestra la lágrima vertida.

61.


Nadie interrumpa con la queja vana

el gran silencio de la carne humana

que en inconsciente nada se resuelve

y al sitio de antes que naciera vuelve.



Nadie se asome al sumidero lento

de sangre, donde todo el elemento

que amó fermenta en un montón sombrío

chorreando sin ruido en el vacío.



Nadie se asome que el llamar no puede

renovar ese adiós que nos precede,

ni hará que torne lo que fue mirada.



Que es la vida un bocado de alimento,

(pero no eterno) que voltea un viento

silencioso en las fauces de la Nada.

62.


La muy pobre fortuna que deploro

es de un valiente contendor esclava:

una felicidad pasada clava

en la desdicha actual su lanza de oro.



Me empaña con su gracia azul el lloro

la sonrisa que antaño contemplaba.

Poca es la saña de la suerte brava

cuando el recuerdo es el mejor tesoro.



¡Engañoso consuelo! porque en vano

piensa en el dulce hogar el que lejano

siente en comarca hostil, hostil el frío...



Mas cuando no recuerdo todo pierdo.

Yo soy lo que viví; y es el recuerdo

lo único que puedo llamar mío.

63.


Antes, sin conocer la delicada

felicidad de mi dolor, decía:

¡Dios quiera que se acerque pronto el día

que esté de olvido el alma traspasada!



Hoy, pensando en aquella fantasía,

me parece que fue una desdichada

blasfemia, pues jamás, nunca, por nada,

decir adiós a mi pasión querría.



Porque ella fue mi juventud y siento

que la viví por ella,

¡la juventud que se ha llevado el viento!



Pero que yo recuerdo cada día,

como quien por haber visto una estrella,

recuerda al firmamento en que lucía.

64.


I





Tornasolando el flanco a su sinuoso

paso va el tigre suave como un verso

y la ferocidad pule cual terso

topacio el ojo seco y vigoroso.



Y despereza el músculo alevoso

de los ijares, lánguido y perverso

y se recuesta lento en el disperso

otoño de las hojas. El reposo...



El reposo en la selva silenciosa.

La testa chata entre las garras finas

y el ojo fijo, impávido custodio.



Espía mientras bate con nerviosa

cola el haz de las férulas vecinas,

en reprimido acecho... así es mi odio.

65.


II





Odio era: no es. Que ya no existe

esta otra fiebre de la carne viva.

A tanto que me muere no resiste

este otro orgullo de violencia altiva.



Antes era mi ser todo tormenta,

todo contradicción, lucha, mentira;

tendía la mirada turbulenta

el arco de la ira.



Y en divergentes fuerzas me partía,

y hoy soy hogar de sólo una energía

suprema, que alimenta un gesto eterno:



un amor pensativo y doloroso.

Por él soy como un lago silencioso,

entre grandes montañas, en invierno...

66.


Lejos brillan abiertas las ventanas

como escudos de bronce que protegen

al hogar, y solemnes entretejen

lejos, sus dos lamentos dos campanas...



¿Aquí, por qué aquí mismo, aquí, he venido?

Vuelvo siempre lo mismo que un lucero.

Donde me despedí yo siempre espero,

y siempre espero donde la he perdido.



Los astros siembran la región serena

como encendidas flores de verbena...

Yo bebo de esta paz, bebo este olvido



Y me recojo el ser en una suave

resignación, que esto será quién sabe

lo que Dios ha querido...

67.


Soñé con un jardín noble y perfecto

de color mortecido y atenuado,

inmutable, severo, sosegado,

antiguo y uniformemente recto.



Dos paredes de evónimos oscuros

cortados con paciente simetría

y en el medio un estanque donde había

tornasolados cárdenos e impuros.



Y aquí un reloj de sol sobre una piedra

ruinosa que abrazaba larga hiedra,

e inmóvil, un pavón en el sendero.



Jamás pasaba el viento. Y allí, en vano

como una lenta sombra iba un anciano

de alguna lenta sombra carcelero...

68.


¡La triste suerte mi divina suerte

de no sentir la herida de la muerte!

Siempre esperando lo que nunca llega,

siempre esperando pero siempre ciega.



Hogaño espera lo que ayer quería,

de nuevo dice lo que ayer decía...

cuando de todo me hace más lejano

la muerte que me lleva de la mano.



Tú pasas, Tiempo, pero vas furtivo

como un cristiano que a la catacumba

lleva una rama de ciprés votivo,



tú hieres, Sombra, pero no te veo,

pues ya inclinado ante la hambrienta tumba

me alza los ojos mi primer deseo.

69.


Si soplar es vivir, viví. Mi propia

sangre gusté y en verso la celebro.

Volqué como divina cornucopia

mi corazón colmado en el cerebro.



Viví sintiendo mi rumor, hablando

conmigo nada más, con el empeño

de ver sólo lo que iba imaginando.

Y quizá de la vida me hice un sueño.



Hoy siento despertar a mi memoria...

Con la inutilidad de un ciego miro

y no comprendo nada más que al cielo,



al cielo que ya no es cosa ilusoria.

Y hoy que a vivir empiezo más suspiro,

porque lo que comprendo no es consuelo.


70.


Si yo nací para más alta empresa
que arrojar el honor de mis deseos

a los ligeros pies de una belleza,

como se echaba el guante en los torneos,



me avergüenza mirarme en este instante

aperezado en la amorosa idea,

y mientras el espíritu oscilante,

sin sufrir por los otros, nada crea.



Pero si yo nací para ir siguiendo

como en un valle de silencio y calma,

el fuego fatuo que yo mismo enciendo,



déjame con la frente pensativa

contemplando en el prado de mi alma

la estela de la llama fugitiva.

71.


Muda está la oración, como suspensa

de secretos que nunca tendrán voz.

¡Lánguida y resignada tarde inmensa,

prolongada de adiós!



...Y con una pereza dolorosa

bambolea un ciprés su copa grave

como negando sin cesar... ¿Qué cosa

vale la pena de algo en este suave



momento disipado en seda y sueño?...

Muda está la oración y la mirada

muda, la reconoce compañera.



Sólo aquí dentro, solitario dueño,

la Memoria de espinas coronada

habla al Silencio y solitaria espera.

72.


-¿Cuándo te dije mi secreto alado?,

¿cuándo paseaste con tu buen amigo?,

¿cuándo, las frentes juntas, he mirado

loa guirnalda de flor de estar contigo?



-Cuando quedó tu lágrima conmigo,

cuando sin verte te sentí a mi lado,

cuando un atardecer nos fue testigo

un lucero en el cielo abandonado...



-¡Qué cosas tan lejanas las que dices!:

lloré más... y más tiempo enamorado

contigo fui... salieron más estrellas...



-¡Qué cosas tan lejanas las felices!

-¡Si parece que nunca te he encontrado!

-Porque los sueños no dejamos huellas...

73.


Solitario y doliente en noche clara

y misteriosa, -tú también misterio-,

paseaste en la actitud de quien soñara

las alamedas junto al cementerio.



¡Romántico a la antigua! que la moda

trueca la gran corbata acresponada

o el chaleco de pana y acomoda

la melena de intento descuidada:



cambia la barba, pero el pecho, ¿cuándo?...

Aunque en fúnebre copa no bebiste,

no por eso te sientes menos triste



y aún piensas que es amar llevar sangrando

el deseo de amar; y hosca la frente,

vas solitario, pálido, doliente.

74.


La estival sinfonista en la alameda

muerde al pálido fresno y donde muerde

una incipiente yema el árbol pierde

y en su lugar lágrima de ámbar queda;



el leve y devorante fuego deja

aureolando en el cirio un lirio ardiente,

pero quema la cera: arde el presente

cándido y opalino de la abeja.



Pareciera que toda cosa bella,

(no digáis de la estrella),

vive sobre algún lloro y hace un mal.



¿Qué maravilla, pues, que, siendo hermosa

la que en mis labios es refrán y glosa,

me tenga herido el corazón tan mal?

75.


Sonó una campanada lenta y honda

en la tétrica noche, en el acecho

del tiempo. La sentí profunda y honda

cual manos que golpeasen en mi pecho.



Y así decía: ¡un año se ha extinguido!...

Oh, alma mía, ¿qué has hecho,

qué has perdido, qué has hecho, qué has perdido,

el año que en tiniebla se ha deshecho?



-Un amigo se ha muerto, un libro, acaso

el más bello, no nace; y a tu paso

las columnas de plata se han caído...



¡y tampoco este año has dicho nada!

Lloremos, porque cada campanada

con mis lágrimas, ¡otras!, ha venido.

76.


Viene la aurora que las frondas verdes

con pálido fulgor tímida dora.

Penumbra, el alba rosa te devora

y como un largo tornasol te pierdes.



A esperar vuelven todos. No recuerdes

más, no recuerdes más. Esta es la hora

de preparar tu día. ¡Esta es la aurora!

¡Olvida, tú que el alma te remuerdes!



Esta noche febril e interminable

en que tanto he nombrado un nombre amado,

¡ay!, me ha dejado más inconsolable



porque ninguno contestó al llamado...

¿Quién dice que ha venido un nuevo día?

La noche me acompaña todavía.

77.


Cuando en la noche azul me quedo solo,

miro a mi lado para ver si estás...

La noche es dulce y triste y yo estoy solo,

la noche es silenciosa y nada más.



Entonces creo natural, ¡y tanto!

que tú estés a mi lado, aquí, a mi lado

-algo tan natural como mi llanto-

y que hablamos, habiéndonos callado...



Siento que miran. Dice el pecho: es ella.

Levanto la cortina: es una estrella;

pasa una mano por mi frente, y veo:



no es su mano, es la mía...

Y quedo solo en la quietud sombría

de la noche, sin pena y sin deseo.

78.


Feliz vivir el del pastor que lejos

de todos, en la pampa solitaria,

contempla los inmóviles cortejos

de astros sobre la gran mudez agraria.



Y oye a la alondra y ve las cortaderas

de empenachada espuma y junco airoso,

y la mirada envía a las praderas

donde albea el rebaño silencioso.



Y olvidado y tranquilo, cuando llena

de oro y diamante se abre la mañana,

un día más no hace temblar su fe.



Pues no le hiere una secreta pena,

ni le cautiva una esperanza vana,

que en nada espera porque a nadie ve.

79.


La longeva y oculta madreperla

cuando se hiere el blanco seno, vuelve

del sueño estéril y la herida envuelve

con su irisada lágrima, la perla.



Hay quien de su dolor se hace una joya;

y lo sé, porque canto lo que pierdo.

Sobre la misma herida del recuerdo

la mano del artífice se apoya.



La madreperla, solitaria afina

el oriente del nácar escondido,

como el amor en soledad sentido



de más clara pureza se ilumina,

y el silencioso tiempo lo engrandece,

como a la perla que en los años crece.

80.




La misteriosa y móvil mar conmueve
su torso de ira, relumbrante red,

y rebramando el fondo sordo, al leve,

prístino, ingenuo azul del cielo ve...



Como imbricado de guirnalda breve

parece el mar lejano... Pero ¡qué!

¿no hay un ansia divina que le lleve

donde una piedra esté?



Sí; y en desesperado anhelo llega

y despedaza su cabeza ciega,

rompe sus brazos de pasión perenne...



Sé de otro anhelo así desesperado,

así ciego, así eterno y desgarrado.

¡contra inmutable piedra un mar solemne!

81.


En verdad, senda suave, soy tu hormiga,

y, mieses rumorosas, vuestro grano;

asno del leñador, soy tu fatiga,

y astro admirable, tu admirado hermano.



Inevitable Hora, soy camino

de tu pie inevitable de fantasma,

y para ti, Pasión, soy polvo fino

que trémula tu mano loca plasma.



De todo lo que amo soy un poco,

y el espíritu en éxtasis confundo

con todo lo que miro y lo que toco.



Sólo de un ser estoy siempre lejano,

inarmonioso... Y me pregunto en vano

si en verdad ese ser es de este mundo.

82.


La firme juventud del verso mío,

como hoy te habla te hablará mañana.

Pas la bella edad, pero confío

a la estrofa tu bella edad lejana.



Y cuando la vejez tranquila y fría

del color virginal te haga una aureola,

no sabrá tu vejez mi estrofa sola,

y te hablará cual pude hablarte un día.



Y cuando pierdas la belleza, aquella

adolescente, el verso en que te llamo,

te seguirá diciendo que eres bella.



Cuando seas ceniza, amada mía,

mi verso todavía, todavía

te dirá que te amo.

83.


Contempla, vida, el daño que me has hecho,

como mirara el viento, -si pupilas

brillaran en sus alas intranquilas-,

la terraza de flores que ha deshecho.



¿Acaso piensas que es hazaña noble

encorvar la altivez en carne humana?

Es más fuerte que yo la flor temprana.

Firme monte no soy, ni viejo roble.



Mi larga humillación no me avergüenza,

ya que es honor que a diario me levanta

luchar contigo, aunque jamás te venza;



y tu rencor un verdadero signo

de que algo soy, puesto que clavas tanta

saeta de oro en este flanco indigno.

84.


Vuelve la vagabunda luna al cielo,

vuelve a la rama la temprana flor,

al dolorido ser vuelve el consuelo

y del consuelo en pos vuelve el dolor.



Vuelve la nave de latina vela

al puerto en que dejó un mentido adiós,

vuelve el Recuerdo al cementerio y vela

lo que ha sido mirada, beso y voz...



Pero no vuelve el día en que te he visto

por la primera vez, ni vuelve el día

en que te pude hablar y no te hablé;



pero no vuelve al pecho que contristo

el mal que daba vida cuando hería,

ni el tiempo de esperar lo que esperé.

85.


Manos arbitradoras de destino,

que ahora entrelacé sobre mi pecho

como es de arrepentidos el derecho,

sobre vosotras la mirada inclino.



Nunca os había visto, manos mías,

con tanta senectud que me previene

que es fuerza apresurar –la noche viene-

la corona que hacéis todos los días.



Pocas cosas os quedan ya que hacer

en la tierra alumbrada de la luna,

pocas cosas os quedan ya que hacer...



Quizás conduzcan de otro ser la suerte

de paso frágil a mejor fortuna;

y quién sabe si no me darán muerte.

86.


¡Cuánto escribí!... Y sin embargo nada

ha dicho un poco, un poco de mi ser;

¡cuánto he deseado! y vedme: ¿qué deseada

cosa llegué a tener?



¡Cuánto lloré! mas ¿qué misterio es ese

que yo he sentido y para qué no sé?

Porque lo mismo estoy cual si no hubiese

llorado nunca. ¿Para qué lloré?...



¡Oh, noche! apaga como a un cirio mi alma.

No me dejes pensar, soñar, sentir,

no me digas que quise.



¡Oh, noche! envuelve con tu dulce calma

tanta inutilidad, tanto vivir

en vano, y lo que soy y lo hice...

87.


Cuerpo, que vas hollando las violetas

de las cosas humildes y secretas

y sintiendo con una despedida

el perfume del árbol de la vida,



sereno vas con la ambición quebrada,

sereno vas... ¡y cuánta cosa ansiada

que ya no ansías! y por eso amigo

mío, me das consuelo y te bendigo.



¡Oh, cuerpo mío, casa silenciosa,

donde la vida pasa, silenciosa

como un leve suspiro!



¡oh, templo de penumbra y de plegaria

noble mansión de un alma solitaria,

como a un castillo en el confín te miro!

88.


Con el casco opulento alta la testa

recta y firme, el mirar como soñado,

sobre extendida garra la otra puesta

y ola de hierro el cuerpo recostado;



por su actitud de contenido empuje

e inmóvil en su estampa soberana,

¡cómo impone el león!... Si a veces ruge

como un metal resuena la mañana.



¡Oh, prisionero! ruges... Mas graciosa

llega la dama del vestido rosa,

que a tu cabeza que se humilla asusta



bajo el pompón de seda de su fusta...

Pues tampoco tu fuerza es un amparo

contra la dama del vestido claro.

89.


¿De dónde vienen, de qué inaccesible

templo, de qué país maravilloso,

las sombras que nos dan un imposible

beso en el sueño vago y silencioso?



¿Las coronas que en sueños nos coronan,

las flores que llevamos, mas dormidos,

y las mujeres blancas que abandonan

nuestros febriles brazos extendidos?



¿Quiénes están soñando con nosotros

cuando soñamos? ¿quiénes son los otros

seres que no veremos ni hemos visto?



¿Y qué piedad desconocida quiere

que me vengas a hablar y que te espere

cuando apenas si existo?

90.



Busque el que pasa tanta noche clara
fija en el cielo la mirada ardiente,
la presentida huella de una rara
estrella, acaso bella, pero ausente.

Busque otro el áureo disco dirimente
de toda unión, de todo orgullo, vara,
aunque él le obligue a recatar la frente
y a ofrecer margaritas a la piara.

Que yo tallado en cedro más diverso,
en cualquier estación o instante adverso,
no busco nada más que una mirada.

¿Qué no la encuentro? Es esto poca cosa:
feliz soy por estar como la rosa
esperando, sin verla, a la alborada.
91.
¿Oíste alguna vez, desfalleciente
en la oración, un canto de pastores,
cuya alegría entristeció tu frente
por recordar amores?

¿Volviste alguna vez por donde, niño,
la dicha te ha llevado de la mano,
y ciego de tu edad, con su cariño
fuiste otra vez... sabiéndolo lejano?

¿Y solo, en tu silencio, has repetido
la frase que ella habría comprendido
y que has callado en vano?

Así recuerdo, mi memoria es ésa:
junta está la belleza a la tristeza,
como dos rosas en la misma mano.
92.
Despedirse de tanta, tanta cosa
que me tuvo tan larga compañía
y al fin y al cabo es lo que más valía,
viéndolo bien, ¿no es cosa dolorosa?

Porque yo escribo este soneto y siento
que divido mi vida en dos mitades:
una es de nube, se la lleva el viento,
y otra es de tierra, toda realidades.

Yo me pregunto si tendré la fuerza
de olvidar tanto sin que al fin se tuerza
la ilusión que es preciso me mantenga.

Y de veras no sé, no sé qué hacer...
Acaso nada, no sentir, no ver,
y dejarse llevar por lo que venga.
93.
Mas ya que despedirse es necesario
y puesto que éste es el deber de ahora,
el alma, ¿por qué llora?:
¿no ve que despedirse es necesario?

Y eso de estar viviendo en puro engaño
no abraza bien con tanta fuerza de alma...
¡Breve es la vida! Llegará la calma.
¡Deje que pase un año y otro año!

Y ya que despedirse es necesario:
¡adiós rostro de amor, mansión de gracia,
que sin quererlo ha sido mi desgracia!

¡Y a mí mismo el adiós! pues, solitario
me alejo en lo que fui... ¡Tanto que era!...
y es más, rayo de luna en la pradera.
94.
Tranquilo y majestuoso río ha sido
mi Silencio en que nace mi labor
como un nenúfar; y el mejor favor
que me concedo es el pasar sin ruido.

Y un igual sentimiento hay en mi amor,
que por tranquilo nunca se ha sentido,
que por callado todo lo ha perdido...
Fui como en la tiniebla blanca flor:

no alegra la mirada,
mas perfuma la sombra de su olvido;
fui como el tiempo inánime y silente

que está siempre con uno y no se siente;
fui cual rayo de sol en su vestido:
¡la tibia y áurea cosa que no es nada!
95.
Fin he puesto al tumulto pasionario.
La tormenta sombría de mi alma
se aclara en una inmarcesible calma.
Y aquí estoy: ¡para siempre solitario!

¿Esto es lo inevitable? ¡No! Yo he visto
que todos son felices... Yo la pierdo.
El tiempo es de callar. Sólo el recuerdo
recordará que existo.

Porque al fin yo me quedo solitario.
Yo que el primero la nombré con pena
y en vano la llamé. ¡Era tan buena!

Y ahora, corazón, que el funerario
custodio te custodie, triste hiedra;
y ahora, corazón, hazte de piedra.
96.
¿Qué es esto: ayer no más árbol desnudo
y seco, abandonado, inmóvil, mudo,
de nuevo al cielo azul joven te elevas
pomposamente lleno de hojas nuevas?

¿Y aquellas ramas rotas que tenías,
y aquellas hojas secas que veías
como instantes caer, adónde han ido?
Tanto antiguo dolor, ¿desvanecido?

Bajo la maravilla de hojas verdes,
no lloras lo que pierdes;
retoñas en la misma cicatriz

y flor se llama lo que fue quebranto...
¡Comprendo cómo puedes vivir tanto,
árbol feliz!
97.
Te has ido y no te has ido; te alejaste
!y nunca tan presente como ahora!
En mi mirada estás cuando te llora,
siempre te llora porque te ausentaste.

Me basta ver la casa en que viviste,
la puerta, el árbol deshojado, el techo,
me basta preguntar: ¿qué hay en mi pecho?
para verte otra vez, pálida y triste.

¿Adónde podrás ir que no te dejes?
¿dónde que no te vea, aunque te alejes?
A tu lado quizás te olvidaría,

pues siempre estoy con lo que está lejano,
(lo sabes, juventud: fausto de un día):
yo siempre estoy con lo que está lejano.
98.
Toma mi oro, pasajero, y tú,
no importa qué mujer, mi juventud.
Pues toda la riqueza más querida,
mi riqueza mejor, está perdida.

Y todo lo demás no importa nada:
igual cosa es la hoja marchitada.
Bellos ojos que amé no veré más;
sus ojos no me mirarán jamás.

¿Vivir? ¡qué pobre y miserable cosa!
¡Que se lleve quien quiera lo que soy:
nada es bello ni bueno desde hoy!

Ya no salen estrellas ni la rosa
florece, pues sus ojos he perdido.
¡Si ya no sé vivir!: ella se ha ido.
99.
Todo esto es bueno y tiene misteriosa
gracia. Y alrededor todo es dulzura
y rebosa alegría cual rebosa
la penumbrosa pérgola frescura.

Como es su deber mágico dan flores
los árboles. El sol en los tejados
y en las ventanas brilla. Ruiseñores
quieren decir que están enamorados...

¡Dios mío, todo está como antes era!
Se va el invierno, viene primavera,
y todos son felices; y la vida

pasa en silencio, amada y bendecida;
nada dice que no, nada, jamás...
pero yo sé que no la veré más.
100.