viernes, 14 de septiembre de 2007

"LA ALBORADA"DELMIRA AGUSTINI




La Alborada

De

Delmira Agustini




LA VIOLETA


Hay belleza en el lirio inmaculado
De majestad emblema,
Hay belleza en el cáliz nacarino
De la blanca azucena,
Hay belleza en la rosa purpurina
Y en el albo reseda,
Hay belleza en la nítida corola
De la nívea camelia,
Hay belleza en el pálido junquillo
Y en la suave diamela,
Hay belleza en el triste pensamiento
Y no hay flor en la cual no haya belleza,
Pero hay una que es flor entre las flores
Con ser la más modesta,
Una flor de fragancia incomparable,
Delicada y pequeña,
Una flor que en un lecho de esmeraldas
Oculta su belleza,
Una flor que un encanto misterioso
En su cáliz encierra,
Un encanto ideal, indefinible,
Que no hay flor que contenga,
Una flor para mí como ninguna,
Una flor que se llama ¡la violeta!

LA ESPERANZA


Soy el dulce consuelo del que sufre,
Soy bálsamo que alienta al afligido,
Y soy quien muchas veces salva al hombre
Del crimen o el suicidio.

Yo le sirvo al mortal que me alimenta
Contra el dolor de sin igual muralla,
Soy quien seca su llanto dolorido
Y calma su pesar ¡Soy la Esperanza!





OJOS-NIDOS


Para mi madre
Entre el espeso follaje
De una selva de pestañas
Hay dos nidos luminosos
Como dos flores fantásticas.
¡Nidos de negros fulgores!
¡De oscuras vibrantes llamas!

Y allá: dentro de esa selva
De follaje negro, espléndido,
En el fondo de esos nidos
Como flores de destellos,
¡Agita sus ígneas alas
El ave del Pensamiento!





EN UN ÁLBUM


Cuando abriendo tu boca perfumada,
La voz dulce y perlada
De tu bella garganta haces brotar,
En voces de sirenas ideales,
Y en arpas de sonidos celestiales,
A mí me haces pensar.

Cuando miro tu cuello alabastrino
Y tu cuerpo divino
Que al de Venus la diosa ha de igualar,
Del mármol la blancura,
Y del cisne la olímpica figura,
Me haces recordar.

¡Cuántas veces ligera como un hada,
Te he visto yo ocupada
En las dulces tareas del hogar,
Y entonces a mi madre,
Y Carlota de Werther heroína,
Me has hecho recordar!




EN UN ÁLBUM


La belleza más pura y delicada
Se refleja en tu rostro juvenil,
Eres ninfa risueña, eres un hada,
Eres flor de algún célico pénsil.

Es tu espesa y sedosa cabellera
Una inmensa cascada de hebras de oro,
La corona de un rey jamás valiera
Lo que vale ese aurífero tesoro.

Dos azules zafiros son tus ojos,
Que iluminan tu rostro angelical,
Y tus labios delgados son tan rojos
Que podrían llamarse de coral.

Son tus manos dos blancas mariposas
O dos flores talladas en marfil,
Y tus frescas mejillas son dos rosas
Que recién ha entreabierto el sol de Abril.

Es mi estilo muy tosco e imperfecto
Y no puedo expresar, en su rudeza,
Lo que vale tu rostro tan perfecto,
Desbordante de célica belleza.




¡POESÍA!


¡Poesía inmortal, cantarte anhelo!
¡Más mil esfuerzos he de hacer en vano!
¿Acaso puede al esplendente cielo
Subir altivo el infeliz gusano?

Tú eres la sirena misteriosa
Que atrae con su voz al navegante,
¡Eres la estrella blanca y luminosa!
¡El torrente espumoso y palpitante!

Eres la brisa perfumada y suave
Que juguetea en el vergel florido,
¡Eres la inquieta y trinadora ave
Que en el verde naranjo cuelga el nido!

Eres la onda de imperial grandeza
Que altiva rueda vomitando espuma,
¡Eres el cisne de sin par belleza
que surca el lodo sin manchar su pluma!

Eres la flor que al despuntar la aurora
Entreabre el cáliz de perfume lleno,
¡Una perla blanquísima que mora
Del mar del alma en el profundo seno!

¿Y yo quién soy, que en mi delirio anhelo
Alzar mi voz para ensalzar tus galas?
¡Un gusano que anhela ir hasta el cielo!
¡Que pretende volar sin tener alas!





CREPÚSCULO

Ya del dulce crepúsculo
Hanse extendido los flotantes velos,
Gime el triste zorzal en la espesura,
Manso susurra en el follaje el viento.

En esta hora es el campo
Un edén de belleza incomparable,
Todo en él es sosiego, todo es calma,
Muere la luz y las tinieblas nacen.

De pálidas estrellas
A bordarse principia el firmamento,
El ángel renegrido de la noche
Sus alas de azabache ya está abriendo.

Mil níveas azucenas
Inundan de perfume el tibio ambiente,
Y el frondoso rosal rico de savia
Al peso de sus flores desfallece.

Varias flores nocturnas
Los broches de sus cálices desprenden,
Y áureos lampos semejan las luciérnagas
Entre las sombras que la noche extiende.

¿Qué atracción misteriosa
En esta hora indefinible encuentro?
¿Por qué a la viva luz del mediodía
Sus tenues resplandores yo prefiero?

Porque el crepúsculo en sus leves gasas
Guarda un algo sombrío, un algo tétrico,
Y en lo triste y sombrío siempre existe
La belleza que atrae en lo funéreo,

En las tinieblas de la noche oscura,
Y en lo insondable del abismo inmenso,
¡La belleza más grande y atrayente,
La sublime belleza del misterio!




LA FANTASÍA


La fantasía, misteriosa hada
A cuyo paso vigoroso, queda,
De perlas astros irisada nácar
Y níveas flores, delicada estela.

Es el astro celeste que nos guía
A la dulce región de la quimera
Por un albo camino que el ensueño
Formó con lirios, azahar y perlas.

Un camino ignorado para el vulgo
Y que sólo conocen los poetas,
Soñar es necesario para verlo
¡Y las almas vulgares nunca sueñan!

Es la maga ideal que nos envuelve
De la ilusión en el rosado velo.
¡La copa de marfil en que apuramos
El néctar delicioso del ensueño!

Es la llave de oro con que abrimos
La mansión ideal de la poesía,
¡Y en la mente agitada del artista
Es un rayo de luz la fantasía!




FLOR NOCTURNA


Cuando la noche tendiendo
Su manto de gasa negra
La silenciosa campiña
Envuelve en sombras funéreas,
Cuando allá en el firmamento
Las argentinas estrellas
Semejan ígneas pupilas
Que inmóviles nos contemplan,
Cuando las aves nocturnas
Exhalan lúgubres quejas
Que vibran en el silencio
Monótonas y siniestras,
Cuando el genio de las sombras
De su letargo despierta,
E invisible en torno nuestro
Se agita y revolotea,
Entonces, entre el follaje
Tímidamente encubierta,
Pálida flor, entreabres,
Tu corola marfileña,
Tu corola que del día
Al primer albor se cierra,
Para reabrirse al helado
Contacto de la tiniebla,
¡Hastiada siempre de lumbre!
¡Siempre de sombras sedienta!

¡Extraño destino el tuyo!
El día te encuentra muerta,
Tu triste vida concluye
Cuando la nuestra comienza.
Más cuando tu cáliz abres
Nuestras pupilas se cierran...
Y entonces tal vez tu vida
Más dulce y pálida sea,
Allá perdida en las sombras
Entre el follaje encubierta,
¡Lejos de envidias y odios!
¡Lejos de traiciones negras!

Sigue tu vida, abre siempre
Cuando la noche comienza,
Y al primer albor del día
Tu cáliz de nácar, cierra,
Para reabrirlo al helado
Contacto de la tiniebla,
¡Hastiada siempre de lumbre!
¡Siempre de sombras sedienta!





EN EL ÁLBUM DE LA SEÑORITA E. T.


Tus grandes ojos de oriental pupila,
Vivos fulgores sin cesar irradian,
¡Son dos trozos de lumbre desprendidos
Del sol esplendoroso de la Arabia!

Son dos fúlgidos astros cuyo brillo
Apenas nubla tu pestaña negra,
Son dos astros... y tienen del abismo
La atracción, el misterio y las tinieblas.

Son dos diamantes negros engarzados
Bajo una frente de azahar y nardo,
¡Una frente divina que coronan
Sedosos bucles de reflejos áureos!

De tu perfil las armoniosas líneas,
Por su pureza sin igual asombran,
Sin duda un ángel las formó teniendo
Por modelo el semblante de una diosa.

Es tu pequeña y primorosa boca
Gracioso estuche de coral y perlas,
¡Una purpúrea flor en cuyo cáliz
Lloró la aurora sus celestes penas!

Pero a pesar del brillo esplendoroso
Que irradian tus pupilas musulmanas,
A pesar de tus nítidas facciones
Y de tu frente pálida,
Y a pesar de tus labios purpurinos
Y tus dientes de nácar
¡La ideal belleza de tu faz no excede
A la inefable y pura de tu alma!





¡ARTISTAS!

Para M. E. Vaz Ferreira


Cuando el nimbo de la gloria resplandece en vuestras frentes,
Veis que en pos de vuestros pasos van dos sombras que inclementes
Sin desmayos ni fatigas os persiguen con afán;
Son la envidia y la calumnia, dos hermanas maldecidas,
Siempre juntas van y vienen por la fiebre consumidas,
Impotentes y orgullosas -son dos sierpes venenosas
Cuya mísera ponzoña sólo a ellas causa mal.

Alevosas y siniestras cuando tratan de atacaros;
Temerosas de la lumbre, siempre buscan el misterio.
Mas, burlaos de sus iras: ¡nada pueden! y el artista
Tiene un arma irresistible para ellas: ¡el desprecio!






CLAROBSCURO


Cuando sonriente, la aurora
Sus áureos cabellos suelta
Y en el pálido horizonte
Su faz sonrosada muestra,
Y las albas avecillas
De sus manos marfileñas,
Van rasgando de la noche
El amplio manto de niebla,
Un níveo, frágil insecto
De sus ensueños despierta,
Y agitando dulcemente
Sus alas leves, etéreas,
Sediento en busca de flores
Su vuelo ondulante eleva.
Flores que recién se abran
Y en sus copas soñolientas,
Le brinden savia, perfumes
¡Y una llovizna de perlas!

Tenue, vaporoso insecto
Cuyas alas nacareñas,
Del lirio tienen la albura
Y la suave transparencia,
Tal vez de su vara al toque
El hada Delicadeza,
Formólo de una sonrisa
Un silfo, un sueño, una perla.
¡Y la luz diole por sangre
Una gota de su esencia!

Existe un lúgubre insecto
De alas pesadas y negras,
Que espera ansioso el momento
De silencio y de tinieblas
En que en brazos de la noche
Duerme enlutada la tierra,
Y entonces alza su vuelo
De lentitudes funéreas,
¡Vuelo pesante, fatídico,
De vibraciones siniestras!

¡Tétrico, ominoso insecto!
¡Animalaña funesta!
Al vivo fulgor del día
Permanece inmóvil, yerta,
La helada sombra nocturna
Da vida a sus alas muertas.
Es que tal vez de la noche
Le brinda la copa inmensa,
De la esencia del misterio
El vivificante néctar,
Esencia que por lo oscura
Parece su propia esencia!

¡Raro, sublime contraste!
¡Atrayente diferencia!
Aquél, una estrella alada,
Éste, un jirón de tiniebla;
Aquél, graciosa alegría,
Éste, fúnebre tristeza;
Aquél tiene la celeste,
La luminosa belleza,
Del astro claro, radiante,
De una sonrisa arcangélica,
Éste tiene la sombría
Severa magnificencia,
La atracción trágica, extraña,
Irresistible, funesta,
Del abismo devorante!
De la sima negra, tétrica!





FANTASMAS


Célicas legiones de hadas vaporosas
En vaivén gracioso van y van pasando;
Son las ilusiones tenues, sonrosadas,
Son los sueños níveos, impalpables, diáfanos.
Llegan a mi oído y al pasar se inclinan.
Himnos de esperanza quedo susurrando;

Son las ilusiones,
Los ensueños blancos,
Que entre frescas rosas y espumosos lirios
En bajel dorado,
Suaves nos deslizan
A través del mundo, ¡piélago encrespado!
Arrojando flores
Sobre los escollos que encuentran al paso!
........................................................
Son las ilusiones
Los ensueños blancos,
Son los compañeros,
Los amigos dulces de los pocos años.
........................................................
Son las ilusiones
Los ensueños blancos.
.........................................................
Los celestes bandos de hadas vaporosas
En vaivén gracioso van y van pasando,
Himnos de esperanza
Quedo susurrando,
Son las ilusiones,
Los ensueños blancos.
.........................................................
Pero, ¡cosa extraña! Mis risueñas hadas
Las pupilas ígneas abren con espanto.
Aterrados huyen
Los alegres bandos...
Siento frío... tiemblo... Junto a mí se yergue
Un fantasma raro,
De pupilas negras, insondables, duras,
De ambarino cutis y terrosos labios.
Cúbrelo un espeso,
Renegrido manto.
Todo en él es frío, ¡hasta de sus ojos
El fulgor extraño!
Fuego incomprensible, que cegando hiela;
Fuego inexplicable, que deslumbra enfriando;
Viene a mí, se inclina; sus pupilas negras
Sobre mí ha fijado,
Mi aterido cuerpo
Tiembla y se contrae en terrible espasmo.
El fantasma oprime mi marmórea frente
Con su dedo helado;
Y fijando ahora su mirada dura
En mis níveos sueños que ya están lejanos,
Con desprecio y odio
Agitado mueve los terrosos labios.
Luego a mí se vuelve
Y hacia sí me trae en estrecho abrazo;
A mi oído acerca su nerviosa boca,
Con acento intenso, convincente, trágico,
-¡¡Mienten!! -dice- ¡¡Mienten!! -Luego me abandona
Y se va, dejando
En mi frente, impresa,
La invisible huella de su dedo helado!
.........................................................
¡Pobres ilusiones!
¡Pobres sueños blancos!
.........................................................
Ha pasado el tiempo
Sobre mí; los años
Con profundas huellas
Marcaron su paso,
Y jamás han vuelto
Ni las ilusiones, ni los sueños blancos.
¡Pobres ilusiones!
¡Pobres sueños blancos!
Es que aquel fantasma demacrado y frío
Era el Desengaño;
Y al tocar mi frente dejó en ella impresa
la indeleble huella de su dedo helado!
...........................................................
¡Pobres ilusiones!
¡Pobres sueños blancos!





LA DUDA


Vino: dos alas sombrías
Vibraron sobre mi frente,
Sentí una mano inclemente
Oprimir las sienes mías.

Sentí dos abejas frías
Clavarse en mi boca ardiente;
Sentí el mirar persistente
De dos órbitas vacías.

Llegó esa mirada ansiosa
A mi corazón deshecho,
Huyó de mí presurosa
Para no volver, la calma,
Y allá en el fondo del pecho
Sentí morirse mi alma!





MONÓSTROFE


Hay un tétrico fantasma que en el cáliz de mi vida
Va vertiendo amargas gotas de una esencia maldecida
Que me enerva y envenena, que consume mi razón;
Y si un grito suplicante, si una tímida protesta
Brotan hondos, desgarrantes de mi alma dolorida,
El maléfico fantasma impasible me contesta
Con sarcástica sonrisa que me hiela el corazón.




VIENE...

Blandos preludios,
Nievan orquídeas opalinas, pálidas;
Lánguidos lirios soñolientos riman

Estrofas perfumadas.
Hay roces blancos, leves,
Hay notas leves, blancas...
.....................................................
Viene... es ella, es mi musa,
La suave niña de los ojos de ámbar;
Es mi musa enfermiza: la ojerosa,
La más honda y precoz, la musa extraña!

Es pálida, muy pálida, en sus ojos
Bate el Enigma sus pesadas alas;
En las cadencias de su blanda marcha
Los misterios desmayan...
Es la musa enfermiza, la ojerosa,
La más honda y precoz, la musa extraña!
......................................................
Viene... no trae lira
La suave niña de los ojos de ámbar...
Ella canta sin lira,
Mi dulce musa extraña!
Sus lánguidos arpegios,
Sus vibraciones de pasión, arranca,
Con angustias que crispan,
¡A las fibras sensibles de su alma!
.......................................................
¡Ven, canta, canta!
¡Oh, mi musa enfermiza!
¡Oh, mi musa precoz, mi musa extraña!





CAPRICHO


Al Excelso escritor uruguayo Manuel Medina Betancort

Entre el raso y los encajes de la alcoba parisina
La enfermiza japonesa, la nostálgica ambarina,
Se revuelve en las espumas de su lecho de marfil;
El incendio de la fiebre ha pintado en sus mejillas
-Sus mejillas japonesas como rosas amarillas-
Sangraciones de claveles, centelleos de rubí.

Vibra en llamas del delirio la muñeca principesca,
Se estremecen los marfiles de su faz miniaturesca,
Su pupila enloquecida lanza chorros de fulgor;
Burbujeantes las palabras efervescen locamente
Con hervores de champaña de su boca balbuciente,
De su boca de topacio, moribunda, sin frescor.

Sueña ahora de su infancia: blancas, leves las visiones
Van pasando juguetonas en alígeras legiones,
Con sus vestes de albas gasas, con sus nimbos de claror;
Nievan lirios, perlas, rosas, rosas blancas como espumas,
Avecillas eucarísticas, suaves copas de albas plumas,
Son las aves del recuerdo, van diciendo su canción.

Cruza ahora misteriosa, inefable, aristocrática
Una pálida figura de expresión honda, enigmática,
Perezosos movimientos, fatigoso, lento andar;
En sus ojos tristes, suaves, hay miradas que sollozan,
Hay reproches hondos, dulces, que acarician, que destrozan,
Con la blanda inconsistencia del enojo maternal.
......................................................................
......................................................................
Extinguióse ya la fiebre, la enfermita no delira,
Centellea en sus pupilas el sol rojo de la ira
Y sus brazos se retuercen como sierpes de marfil;
Brota un nombre de sus labios entre espuma y maldiciones,
Su nacáreo cuerpecito se revuelca en convulsiones,
Tremular de lirio enfermo, sacudidas de jazmín.

Es que vibra en su cerebro con malditas resonancias
El recuerdo del lord rubio de imperiales arrogancias,
El altivo millonario de los ojos de zafir,
El que en redes misteriosas de promesas quebradizas,
Apresó el pájaro blanco de su almita asustadiza
Arrancándola a sus padres, sus ensueños, su país.
...................................................................
Y en la cárcel principesca de la alcoba parisina
La olvidada japonesa, la nostálgica ambarina
Desfallece sofocada por agónico estertor,
¡Oh, mimosa susceptible, por un soplo deslucida!
Devolviérale la gracia, devolviérale la vida
Una gota de cariño, un efluvio de su sol!

En sus ojos, hondos cauces, hay un algo extraño, helado,
Reflectores de la muerte, ésta en ellos se ha mirado
Y es su imagen la que flota en su fondo de carey,
Pero... súbito se animan, arde en ellos la alegría,
Alegría de muriente con vislumbres de sombría,
La enfermita vibra toda su figura de poupée;

Sus deditos finos, pálidos, como niños macilentos,
Han tomado, y ahora oprimen con nerviosos movimientos
Un marchito crisantemo; blanco hermano del Japón!
Él también sufre nostalgias, hondas, diáfanas, impías
Abejillas de oro y ópalo que se clavan lentas, frías,
En el glóbulo de aromas de su raro corazón.

La enfermita las comprende, las nostalgias amarillas
Del pequeño moribundo, y le acerca a sus mejillas
Y a sus labios en arranques de cariño fraternal,
Es su hermano, sí, es su hermano ese copo de albo lino,
Como ella agonizante, como ella nacarino,
Como ella desmayando en lujosa soledad.
..................................................................
..................................................................
Duerme, duerme la enfermita entre cirios de oro escuálidos
Hay un muerto crisantemo en sus dedos finos, pálidos,
Su cajita funeraria es estuche de blancor.
...................................................................
En lo alto: al regio alcázar del Eterno, del Clemente,
Entre angélicos festejos, leve, diáfana, sonriente,
Llega el alma de una niña, trae el alma de una flor!


jueves, 7 de junio de 2007

Juan José Millás:"De corpore insepulto"



El escritor es conocido por sus novelas, sus cuentos o, incluso, por su incursión en el teatro con la representación de su libro "Ella imagina". Pero su faceta poética permanece inédita, aunque supuso una razón primordial en su vocación de lector-escritor. Aquí puedes leer por primera vez, en exclusiva, los versos aglutinados en un libreto del que se expandieron 177 ejemplares, "De corpore insepulto" (Madrid, 1988).

"De corpore insepulto"

1.

En las horas de niebla,
los transeúntes dudan sobre el brillante asfalto,
tienen los automóviles la pintura empañada;
la humedad se resume en las ventanas amarillas
de las primeras oficinas. Los lugares públicos
no han despertado todavía. Está la calle
limpia: la lluvia la lavó durante
una madrugada insomne de golpear
en las persianas y chorrear sobre los patios interiores.
Hoy no se apagarán las luces por la huelga.

2.

Ese que veis cruzar,
detenerse, y cruzar, es mi asesino. Me persigue desde
hace tantos siglos, a lo largo
de tantas vidas me persigue
que el ruido de sus pasos y el de mi corazón
parecen soportar un solo cuerpo,
una sola agonía, una canción
de infancia, una canción
parecida a las lágrimas de un día.

3.

En esta hora de humillación parece
el aire un animal enfermo. Tal
es la enfermedad , tal es el peso
de cuanto en él se mueve, que una hoja
desprendida de un árbol quebraría
la piel del pavimento. Mas no hay árboles.
No hay árboles, ni tierra, ni otro abismo
que la implacable y criminal persecución
dibujada en el laberinto de mi vida
por el sonido negro de sus botas.



4.

El otro día, frente a un escaparate,
escuché el ritmo de sus pasos.
Sonaban
como los clavos sobre el ataúd,
como los pasos inciertos del recuerdo
por el estrecho corredor de la memoria.
Me aparté un poco y, sin mirarme,
se puso junto a mí. Cantaba
una canción antigua.5. El espejo parecía excederse
en sus funciones; no sólo repetía
mi rostro, sino que reflejaba también
el zumbido de la máquina eléctrica
de afeitar y algunos ruidos laterales
que estaban fuera de su jurisdicción
o competencia. Por eso supe
que venía a por mí aún antes
de oír el roce de la llave sobre la embocadura
o de escuchar su voz en la cocina.

6.

La casa no es muy grande, sin embargo
mi asesino se ha podido instalar en un rincón
junto a la caja donde
transporta sus herramientas criminales.
Cenamos juntos cuando vuelve yo
de la jornada infame de trabajo.
Después me acuesta con un beso en la frente
y me cierra los párpados.
Yo inmovilizo los pulmones para
no respirar su aliento,
un aliento mortal que ha de matarme
un día.

7.

De corpore insepulto, con el rostro
lleno de barba de tres días, sucio
como un viudo reciente, la novela
perdida entre las sábanas, yo mismo,
de corpore insepulto, recibí
por la tarde al que me mata. Venía
con el cuerpo presente, fatigado
de ganarse mi pan. Desde la puerta,
ojeando el periódico, me dijo:
"Hoy debería asesinarte un poco".



8.

Pon algo de los Beatles, que me voy a morir,
murmuró mi asesino esta mañana.
Se había despertado
sudando y en sus ojos
naufragaban los restos de la noche terrible.
Yo no creí que se muriera,
más bien,
que hubiera recaído en la bronquitis,
pero estaba tan solo
que no podía levantar
ni dos palmos de vida, entonces dijo
pon algo de los Beatles, que me voy a morir.
Afortunadamente,
suelo tener en la cocina un frasco de jarabe
que facilita la expectoración
y despeja los bronquios
y hace vivir al asesino
la dulce sensación de la convalecencia,
cuando lo cierto es
que apenas ha empezado con esta inoportuna
bronquitis,
porque tiene una tos seca y difícil
y me mira como perro sin amo a través del espejo.
Después que ha visto que no se iba a morir
ha encendido un cigarro. De todos modos,
hemos estado toda la mañana escuchando a los Beatles.

9.

Ayer era domingo. Todo el día
sucedían desastres en la sala.
Las firmes decisiones deslavado,
lejanas ya, aunque vivas como pretérito imperfecto,
desplomábanse sobre los sanatorios
del corazón.
Entonces era tarde y aparecía el otro
por la puerta. El niño que venía con él
me miró como un hijo.

10.

Esa mujer que digo, confundió mi vida.
Yo malogré su historia (Me refiero
a los tiempos difíciles y hermosos de nuestra juventud,
los días en los que mi asesino
no era sino un recurso literario)
Jugamos a ser dioses. Levantamos
tal laberinto con la mezcla
de intereses secretos que
Simón y Garfunkel se escuchaban
días enteros en nuestros corazones.
Ese niño que va con mi asesino
es nuestro hijo.

11.

En el ambulatorio -extraño nombre- de la Seguridad Social
me han dicho que la tos y esas punzadas
en la zona del pecho cercana a la congoja
son en mi caso las expresiones gráficas
de un mal del alma: "no fue usted, no beba,
y procure animarse, son dos días".
Mientras el hijoputa hablaba, ni asesino reía.
la enfermera de melena amarilla
extendía recetas sin mirarme.



12.

Qué descanso morir. Pero qué agobio
regresar a la nada
después de haber tenido tanto amor,
tanta desdicha, pues, aunque también
tan gran indiferencia por las cosas.

13.

Desde dónde llegabas hasta mi soledad
aún no lo sé.
Digo llegabas, pero quiero decir caías,
arribabas, naufragabas también.
Y digo soledad, pero quiero decir locura,
confusión, desconcierto. Quiero decir
que desde dónde tú llegabas no lo sé
, pero que ignoro a qué lugar venías, quizá excepto
que ese lugar llamábase Juanjo Millás.

14.

Tú no eres nadie.
Pareces
una conciencia:
la suma
de representaciones pasadas o actuales
que quizá te permitan obtener con esfuerzo
alguna imagen de ti misma. Ignoro con qué objeto.
Pero no, no eres nadie, ni siquiera
un desastre glorioso, una desolación,
o una inocente víctima.
Entiéndelo, mi amor, y olvida.
Olvida para siempre los disfraces,
el de conciencia o el de viuda. Yo te escribo
porque tampoco tengo muchos rasgos
y aunque me gustaría ser Juanjo Millás,
sé que soy como tú. Recorro los pasillos
de las casas igual que tú. Vigilo los teléfonos
con la misma intensidad sospechosa con la que tú los miras.
Tampoco quiero a nadie, aunque estos días
de finales de marzo
puedo fingir cierta pasión y disfrazarme, como tú, de amante
y hablar, igual que tú, de mi conciencia.
Pero en realidad soy como tú; es decir
nadie, nadie, nadie.
Quien diga lo contrario, no me quiere.

viernes, 13 de abril de 2007

Un poema de Marcelo Gelman(desaparecido en 1976),hijo de Juan Gelman;"Elogio de la culpa"





Despedida





Me despido de este país.
Me despido de mis amigos,
de mis enemigos.
Amigos.
Sólo quiero recordarles
que no dejen de ser
mis amigos.
Sólo quiero recordarles
que no me olviden
a la marcha del tiempo,
a la marcha del tren
en que me vaya
que borran las huellas de la
amistad lejana.

Por Marcelo Gelman



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Elogio de la culpa

por Juan Gelman



Artículo publicado en el diario Página/12, Buenos Aires, el 25 de marzo de 2001
en el marco de los actos de repudio al Golpe militar, a 25 años de dicho golpe.
El texto fue escrito a fines de 1991.

¿Hubo que ser “inocente” para tener acceso a la categoría de “víctima de la dictadura militar”? Mi hijo no lo fue. No fue “inocente”, sí víctima. Marcelo Ariel Gelman tenía 20 años cuando fue secuestrado en su casa por un comando militar, el 24 de agosto de 1976. También fue secuestrada su esposa Claudia, encinta de 7 meses. Los restos de Marcelo fueron hallados a fines de 1989, gracias a la abnegada labor del Equipo Argentino de Antropología Forense. Fue asesinado de un tiro en la nuca disparado a medio metro de distancia. Ahora tiene sepultura y es éste un hecho sumamente importante para un padre huérfano de hijo, como soy, porque el rescate de sus restos fue el rescate de su historia. Brevemente, es la que sigue:

Marcelo tuvo inquietudes políticas desde su niñez. A los 9 años me sorprendía con preguntas turbadoras –y pertinentes– sobre el Che y su consigna de crear varios Vietnam en América latina. Sé por compañeros de escuela de Marcelo que ya en la primaria ejercía la protesta. Le molestaba la injusticia. Molestar es palabra muy suave para lo que sentía: indignación. Sé también que a los 14 años estaba en la Juventud Peronista de la resistencia, poniendo caños contra las transnacionales. Como miles de jóvenes, confió en Perón. Tenía 16, 17 años y se desilusionó profundamente cuando Perón volvió al gobierno y apoyó a la fascista Triple A y calificó de “jóvenes imberbes” a los que habían luchado por su retorno. La desilusión no lo confinó en la pasividad. Se fue de la Juventud Peronista por la izquierda, con la Columna Sabino Navarro. Desilusionado otra vez, merodeó por el ERP, que tampoco lo convenció. Cuando lo secuestraron no tenía militancia partidaria, pero sí la suficiente historia militante como para que la dictadura militar lo considerara un enemigo. Encontraron su dirección en la libreta de anotaciones de una muchacha del ERP. Estoy orgulloso de la militancia de mi hijo. A veces pienso que algo tuve que ver yo con ella y eso redobla mi orgullo y mi dolor. Mi hijo no era un “inocente”. Le dolían la pobreza, la ignorancia, el sufrimiento ajeno, la estupidez, la explotación de los poderosos, la sumisión de los débiles. Nunca se sintió portador de una misión, pero quiso cambiar el país para que hubiera más justicia. Hizo lo que pudo, callada, humildemente. De todo eso fue “culpable”. ¿Y no fue por eso víctima de la dictadura militar? Repito la pregunta: ¿Hubo que ser “inocente” para tener acceso a categoría de “víctima de la dictadura militar”? Es verdad que hubo muchas víctimas inocentes de la dictadura militar. Por ejemplo, niños con vida y niños no nacidos todavía. Hombres y mujeres sin militancia alguna que sólo pertenecían a esa secreta intimidad llamada pueblo y que fueron también asesinados. La dictadura militar consideró “culpables” a decenas de periodistas que no pensaban como ella. A centenares de intelectuales que no pensaban como ella. A sacerdotes, abogados y a miles de obreros y estudiantes que no pensaban como ella. A los familiares de personas que no pensaban como ella. Y también a muchos que deseaban cambiar la vida, como pidió Rimbaud, y lo intentaban por distintos caminos.

¿Y por eso no son “inocentes”? Todos ellos, sea que canalizaran su voluntad de cambio por escrito, desde el púlpito, la cátedra, los sindicatos, centros estudiantiles, organizaciones populares, partidos políticos, o por las armas, ¿no son acaso víctimas de la dictadura militar? ¿Fueron encarcelados o fueron secuestrados, torturados y alojados en campos clandestinos de detención? ¿Tuvieron un juicio imparcial o fueron brutalmente asesinados? ¿Se les permitió ejercer su derecho dedefensa o les pegaron un tiro en la nuca desde medio metro de distancia? ¿Se notificó su paradero a los familiares o se los “desapareció”, creando una angustia que para muchos dura todavía? ¿Pudieron ejercer su derecho de pensamiento y expresión o fueron amordazados con la muerte más atroz, la muerte anónima? ¿Por qué no entrarían en la categoría de “víctimas”? ¿Porque querían cambiar la vida? ¿Se piensa acaso que los militares asesinaron inocentes “por error”? ¿Que son locos sueltos y no la expresión más despiadada de los intereses que quieren que la vida siga como está?

Y quienes hoy pretenden que todos los asesinados fueron “inocentes” o que sólo los “inocentes” son defendibles y aun reivindicables: ¿En qué sombrío negocio consigo mismo están? ¿Quieren borrar la historia con un trapo? ¿Piensan que la dictadura era mala cuando mataba inocentes –los “excesos”– pero que hacía bien en matar a los otros? ¿Son las gentes que bajo la dictadura decían “por algo será” cuando alguien, hasta un ser querido, desaparecía? ¿Y ahora otorgan diplomas de inocencia para que ningún asesinado los moleste y puedan “condenar” a la dictadura militar en olor de legalidad? Esa hipocresía declarada encubre una infamia sin nombre: condona el asesinato de quienes no fueron inocentes y afirma la “inocencia” del hambre, la pobreza, la explotación de millones de seres humanos, su humillación y marginalidad. Da la razón a la dictadura militar y deja amplios espacios para que la infamia persista, victoriosa. El 14 de octubre se cumplieron 2 años del hallazgo de los restos de Marcelo Gelman que, mezclados con cemento y arena, fueron arrojados al río Luján.

Carlos Mujica:"Meditación en la villa"(1972)





"Meditación en la villa"

Por Carlos Mujica(*), 1972

SEÑOR, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos que parecen tener ocho años tengan trece;

SEÑOR, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro; yo me puedo ir, ellos no;

SEÑOR, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no;

SEÑOR, perdóname por encender la luz y olvidándome de que ellos no pueden hacerlo;

SEÑOR, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no: porque nadie hace huelga con su hambre;

SEÑOR, perdóname por decirles "no solo de pan vive el hombre" y no luchar con todo para que rescaten su pan;

SEÑOR, quiero quererlos por ellos y no por mi. Ayúdame.

SEÑOR, sueño con morir por ellos: ayúdame a vivir para ellos.

SEÑOR, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame.

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(*)Carlos Mugica S.J. (1930-1974) fue un sacerdote jesuita argentino, vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de la Argentina de las décadas de 1960 y 1970.

Mugica nació en Buenos Aires el 7 de octubre de 1930. Hijo de un político conservador y de una mujer de familia adinerada, en 1954 comenzó a trabajar fervientemente en la asistencia de familias empobrecidas desde la parroquia de Santa Rosa de Lima, en la ciudad de Buenos Aires, sintiéndose progresivamente cercano al movimiento político denominado peronismo y al accionar revolucionario de Ernesto Che Guevara y de Mao Zedong.

A mediados de la década del 60 conoce y mantiene una estrecha relación con los activistas católicos juveniles Fernando Abal Medina, Mario Firmenich y Carlos Gustavo Ramus, quienes más tarde serían parte de la célula fundacional de la organización armada Montoneros, íntimamente ligada al movimiento peronista de izquierda.

Ya entrada la década del 70, y por mantener profundas diferencias con la política de guerrilla armada y las acciones violentas de la organización Montoneros, Mugica toma una postura crítica hacia éstos, marcando un creciente distanciamiento con su cúpula dirigente. El 7 de diciembre de 1973, el padre Carlos Mugica expresó públicamente al respecto: "Como dice la Biblia, hay que dejar las armas para empuñar los arados".

Debido a su activa militancia social y política padeció varias amenazas de muerte y diversos ataques e intentos de asesinato. El 11 de mayo de 1974 fue emboscado cuando se disponía a subirse a su automóvil Renault 4-L azul estacionado en la puerta de la iglesia de San Francisco Solano en los suburbios del sudoeste de Buenos Aires, donde acababa de celebrar misa.

Según algunas versiones de ocasionales testigos, se le acercó un individuo con bigotes, quien se cree que era Rodolfo Eduardo Almirón, cabecilla de la Alianza Anticomunista Argentina (La Triple A), descerrajandole varios disparos con una ametralladora Ingram M-10 que le afectaron seriamente el abdomen y el tórax, falleciendo a los pocos minutos al ser trasladado a un hospital cercano. Ya moribundo, las últimas palabras que se le escucharon decir fueron: "¡Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo!"

Como era habitual en aquel período de gran violencia política vivido en Argentina, organizaciones armadas tanto de ultraderecha (la Triple A) y de la izquierda peronista (Montoneros), se acusaron mutuamente por este asesinato, aunque por la modalidad con que se ejecutó el atentado y los testimonios subsiguientes, todas las presunciones indican que efectivamente la acción homicida fue obra de la Triple A.

martes, 10 de abril de 2007

Bartolomé Mitre:Armonías de la Pampa






Armonías de la Pampa

Bartolomé Mitre





Armonías de la Pampa
1854



Índice
I. A un ombú en medio de la pampa

II. A Santos Vega, payador argentino

III. El pato: Cuadro de costumbres

IV. El caballo del gaucho

V. La revolución del Sud: A Buenos Aires - El alzamiento - Chascomús - Castelli - Los emigrados - Epílogo

VI. Notas del autor
















I. A un ombú en medio de la pampa
Aquí estás, ombú gigante
a la orilla del camino,
indicando al peregrino
no siga más adelante
en la llanura sin fin.
Tú señalas las barreras
que dividen el desierto,
y oyes el vago concierto
que alzan las auras ligeras
de la pampa en el confín.
Eres la verde guirnalda
de la cabaña pajiza,
que vas marchando de prisa
con el pasado a tu espalda
y a tu frente el porvenir.
Donde huye el indio salvaje
y el cristiano se adelanta,
tu cabeza se levanta
susurrando tu ramaje:
"el rancho llegó hasta aquí."
Eres lo último que muere
de la morada del hombre,
y sin registrar un nombre
estás contando al viajero
memorias de hoy y de ayer.
Al proseguir tu carrera
por la llanura extendida,
sobre tu cima florida
hoy alzas en la frontera
el pendón de nuestra fe.
¿Qué ves más allá? ¿la pampa
que en contorno se dilata,
el arroyuelo de plata,
el toldo en que el indio acampa,
o el inmenso pajonal?
Tú miras allá a lo lejos
al trasponer aquel monte
en el remoto horizonte,
como en mágicos espejos
lo que es y lo que será.
Miras la pampa argentina
de ciudades matizada,
y por mil naves surcada
la laguna cristalina
que hoy cubre verde juncal;
miras la pobre cabaña,
que en palacio se transforma,
y que al tomar nueva forma,
con nuevas luces se baña
su contorno natural.
Miras al indio tostado,
que lanzando un alarido,
va huyendo despavorido
por el llano dilatado,
en pavoroso tropel;
seguido del tigre fiero
que abandona su dominio,
hoy teatro de exterminio,
y tras él, el jornalero
que las transforma en vergel.
No pases más adelante,
que más lejos, abatido,
marchito y descolorido
verás al ombú gigante
hoy de la pradera rey:
y en su lugar la corona
verás alzarse del pino,
que unido al hierro y al lino
sirve al hombre en toda zona
para dar al mundo ley.
Ese destino te espera,
árbol, cuya vista asombra,
que al caminante das sombra
sin dar al rancho madera,
ni al fuego una astilla dar;
recorrerás el desierto
cual mensajero de vida,
y, tu misión concluida,
caerás cual cadáver yerto
bajo el pino secular.
1842







II. A Santos Vega, payador argentino [1.]
Cantando me han de enterrar.
Cantando me de ir al cielo.
Santos Vega.

Santos Vega, tus cantares
no te han dado excelsa gloria,
más viven en la memoria
de la turba popular;
y sin tinta ni papel
que los salve del olvido,
de padre a hijo han venido
por la tradición oral.
Bardo inculto de la pampa,
como el pájaro canoro
tu canto rudo y sonoro
diste a brisa fugaz;
y tus versos se repiten
en el bosque y en el llano,
por el gaucho americano,
por el indio montaraz.
¿Qué te importa, si en el mundo
tu fama no se pregona,
con la rústica corona
del poeta popular?
y es más difícil que en bronce,
en el mármol o granito,
haber sus obras escrito
en la memoria tenaz.
¿Qué te importa? ¡si has vivido
cantando cual la cigarra,
al son de humilde guitarra
bajo el ombú colosal!
¡Si tus ojos se han nublado
entre mil aclamaciones,
si tus cielos y canciones
en el pueblo vivirán!
Cantando de pago en pago,
y venciendo payadores,
entre todos los cantores
fuiste aclamado el mejor;
pero al fin caíste vencido
en un duelo de armonías,
después de payar dos días;
y moriste de dolor. [ 2.]
Como el antiguo guerrero
caído sobre su escudo,
sobre tu instrumento mudo
entregaste tu alma a Dios;
y es fama, que al mismo tiempo
que tu vida se apagaba,
la bordona reventaba
produciendo triste son.
No te hicieron tus paisanos
un entierro majestuoso,
ni sepulcro esplendoroso
tu cadáver recibió;
pero un Pago te condujo
a caballo hasta la fosa,
y muchedumbre llorosa
su última ofrenda te dio.
De noche bajo de un árbol
dicen que brilla una llama [ 3.],
y es tu ánima que se inflama,
¡Santos Vega el Payador!
¡Ah, levanta de la tumba!
muestra tu tostada frente,
canta un cielo de repente [4.]
¡o una décima de amor!
Cuando a lo lejos divisan
tu sepulcro triste y frío,
oyen del vecino río
tu guitarra resonar.
y creen escuchar tu voz
en las verdes espadañas,
que se mecen cual las cañas
cual ellas al suspirar.
Y hasta piensan que las aves
dicen al tomar su vuelo:
"¡Cantando me he de ir al cielo;
cantando me han de enterrar!"
Y te ven junto al fogón,
sin que nada te arrebate,
saboreando amargo mate
veinte y cuatro horas payar.
Tu alma puebla los desiertos,
y del Sud en la campaña
al lado de una cabaña
se eleva fúnebre cruz;
esa cruz, bajo de un tala
solitario, abandonado,
es un símbolo venerado
en los campos del Tuyú.
Allí duerme Santos Vega;
de las hojas al arrullo
imitar quiere el murmullo
de una fúnebre canción.
no hay pendiente de sus gajos
enlutada y mustia lira,
donde la brisa suspira
como un acento de amor.
Pero las ramas del tala
son mil arpas sin modelo,
que formó Dios en el cielo
y arrojó en la soledad;
si el pampero brama airado
y estremece el firmamento,
forman místico concento
el árbol y el vendaval.
Esa música espontánea
que produce la natura,
cual tus cantos, sin cultura,
y ruda como tu voz,
tal vez en noche callada,
de blanco cráneo en los huecos,
produce los tristes ecos
que oye el pueblo con pavor.
¡Duerme, duerme Santos Vega!
que mientras en el desierto
se oiga ese vago concierto,
tu nombre será inmortal;
y lo ha de escuchar el gaucho
tendido en su duro lecho,
mientras en pajizo techo
cante el gallo matinal [ 5.]
¡Duerme! mientras se despierte
del alba con el lucero
el vigilante tropero
que repita tu cantar,
y que de bosque en laguna,
en el repente o la hierra,
se alce por toda esta, tierra
como un coro popular.
Y mientras al gaucho errante
al cruzar por la pradera,
se detenga en su carrera
y baje del alazán;
y ponga el poncho en el suelo
a guisa de pobre alfombra,
y rece bajo esa sombra,
¡Santos Vega, duerme en paz!
1838



III. El pato
I
Clara, bella y perfumada,
era una tarde serena,
de esas tardes en que el cielo
todas sus galas ostenta,
en que la brisa y la flor
nos hablan con voz secreta,
en que las bellas inspiran,
en que medita el poeta,
en que el infame se esconde,
en que el pueblo se recrea.
Y matizando la alfombra
de una extendida pradera
se ve una alegre cuadrilla
con sus vestidos de fiesta,
porque cien gauchos reunidos
las pascuas de dios celebran.
En las ancas del caballo
cada cual lleva su bella,
el que ufano con su carga
bate el suelo con soberbia,
mientras que el viento levanta
la nevada pañoleta,
que acaricia las mejillas
del jinete a quien estrecha
tal vez por no resbalar...
quizá de puro coqueta.
No llevan collares de oro,
ni caravanas de perlas,
ni relucientes sombreros,
ni corbatines de seda:
humildes son los vestidos
que las mujeres ostentan;
y bajo pieles curtidas
y de ponchos de bayeta
aquel rústico gauchaje
alma independiente alberga
como el tosco ñandubay
bajo su áspera corteza
roba a la vista del hombre
del corazón la belleza.
II
Encima de una loma
se ven a las muchachas
haciendo con donaire
pañuelos agitar;
y en tanto, en la llanura
en círculo formados,
se ven de los jinetes
los ponchos ondear.

Sus ojos resplandecen
radiantes de alegría,
que templa con sus sombras,
del rostro la altivez.
Con juegos herculáneos
festejarán el día,
que el pueblo hasta jugando
respira robustez.

Diríase campeones
que esperan la pelea
que anuncian con estruendo
las lenguas del clarín:
la inercia los consume,
mas si el cañón humea,
con varonil coraje
buscan glorioso fin.

Tal vez unas carreras
esperan a porfía
para cubrir de palmas
al potro más veloz...
Más no, todos desean
robustecer el alma,
por eso ¡El Pato! ¡El Pato!
Repiten a una voz.

¡El Pato! juego fuerte
del hombre de la pampa,
tradicional costumbre
de un pueblo varonil
para templar los nervios,
para extender los músculos
como en veloz carrera,
en la era juvenil.

Las fiestas populares
de un pueblo de valientes
semejan a las rudas
caricias del león,
porque el pampero raudo
batiendo en esas frentes
parece que inocula
vigor al corazón.

Ya todos se aprestaban
a comenzar la pugna,
asiendo de las garras
con fuerza de titán:
los pies en los estribos
apoyan con pujanza,
y esperan afanosos
de jefe la señal.

Las madres, las esposas
contemplan aquel grupo,
pendientes del latido
del brazo muscular;
mas de repente vese
que las manijas sueltan,
y se oye entre el corrillo
sordo rumos vagar.

¿Quién les desarmó la fuerza
de los cincuenta brazos,
que un pingo gigantesco
podrían sacudir?
Dos hombres que se acercan
al medio de la liza,
y muestran ser campeones
que quieren combatir.

III
El uno es Diego Zamora
apellidado el "valiente"
cuya daga vencedora
a sus contrarios devora
y es el terror de la gente.

Su mirada decidida
y negra su cabellera;
y una sonrisa atrevida
del labio está suspendida
revelando un alma fiera.

Lleva un facón en la falda.
Lleva un poncho balandrán
terciado por media espalda,
y del campo la esmeralda
huella en un potro alazán.

El otro es Pedro de Obando,
compañero de fatigas
de Zamora, y peleando
anda con él desafiando
las partidas enemigas.

Estriba con bizarría
y la espuela nazarena
suspira en dulce armonía,
como grillos a porfía
lloran del preso la pena.

Guapos el Pago los llama,
y el alcalde salteadores,
pero publica la fama
que no la avaricia inflama
su pecho en vivos ardores.

Ligados por nudo fuerte,
los dos siguen un camino:
hermanos de vida y muerte
aceptan la misma suerte
bajo el yugo del destino.
IV
Adelantóse Zamora
y sujetando la rienda,
pidió parte en la contienda
con altanera atención.
Todos a una voz gritaron
"que entren Zamora y Obando".
Y entonces el pato tomando,
Zamora con él salió.

Picaron todos de espuelas
galopando a rienda suelta
para procurar la vuelta
del jinete vencedor;
mas en vano corren, vuelan,
gritan, pegan, forcejean,
y resudan y espolean,
y le siguen con furor.

Hasta que al fin un jinete
lo alcanza, y con mano fija
asiendo de la manija
hizo el caballo cejar,
pero Zamora con furia
lo lleva de una pechada,
dejando en tierra estampada
de su triunfo la señal.

Pero tres nuevos atletas
dispútanle su presea,
y él en tremenda pelea
la disputa a todos tres.
Forcejean, y tendidos
furiosos luchan en vano
por quebrantar una mano
que hierro parece ser.

Crujen, se estiran los miembros,
se hinchan de sangre las venas,
y enronquecidos, apenas
pueden el aire lanzar;
mas él, firme en sus estribos
como animado centauro
disputa a todos el lauro
en combate desigual.

Llegan tres más, y Zamora
con la presteza del rayo
dando riendas al caballo
las manijas les quitó:
dos de ellos fueron al suelo
en pos del tremendo empuje,
y el que queda firme ruge
de vergüenza y de furor.
V
y corriendo
desbandados,
y empapados
en sudor,
a Zamora
todos siguen,
y persiguen
con furor.

Ya lo alcanzan
o despuntan,
ya se juntan
en redor,
cual las hojas
de una planta
que levanta
el ventarrón.

Cual relámpago
flamígero,
el alígero
alazán
los zanjones
que encontraba
los salvaba
sin parar.

Y por último,
rendidos,
alaridos
dan de paz,
y las gorras
que se quitan
las agitan
en señal.
VI
Zamora entonces levantando en alto
el pato, cual si fuese una bandera,
detiene del caballo la carreta
y le hace el freno con furor tascar,
y así parado en medio de la pampa
con su ademán a todos desafía;
mas viendo que ninguno se movía
dirige a todos la señal de paz.

Torció las riendas del soberbio bruto
y a trote largo adelantóse al rato
llevando al lado el disputado pato
que a gruesas gotas de sudor ganó;
y al acercarse ante el vencido corro,
se desciñó del rostro su barbijo,
y estas palabras atrevidas dijo
que la turba entre aplausos recibió:

"si hay quien dispute que gané la palma
"átese al punto a la cintura un lazo,
"que yo tan sólo con mi izquierdo brazo
"jinete, y pingo, y pato arrastraré".
Nadie admitió su formidable reto:
tan sólo Obando en ademán airado
sacó del anca un lazo que arrollado
una serpiente parecía ser.

Por la presilla lo fijó en su cuerpo
y por la argolla se lo dio a su amigo
quien se admiraba hallar un enemigo
en el hermano que le diera dios;
pero impulsado por feroz orgullo,
asió del lazo en la siniestra mano,
y a gran galope atravesando el llano,
tirante el lazo entre los dos quedó.

Cual hosco toro que en lazada envuelto
se niega altivo a obedecer la fuerza,
y rebramando con furor se esfuerza,
y aspa y pezuña quiere allí clavar,
tal Pedro Obando con poder resiste
al férreo brazo de que está pendiente,
mientras el lazo entre los dos, crujiente,
se ve como una víbora oscilar.

Silencio pavoroso en torno reina:
enmudece el frenético alarido,
y sólo se oye el fúnebre quejido
del lazo palpitante entre los dos;
mas de repente resonó un gemido
dos espirales al formar el lazo,
y en cada cual llevando su pedazo,
envuelto en él al polvo descendió.[ 6.]

1839
IV. El caballo del gaucho
Mi caballo era mi vida, mi bien, mi único tesoro.
Juan M. Gutierrez

Mi caballo era ligero
como la luz del lucero
que corre al amanecer;
cuando al galope partía
al instante se veía
en los espacios perder.

Sus ojos eran estrellas
sus patas unas centellas,
que daban chispas y luz:
cuanto lejos divisaba
en su carrera alcanzaba,
fuese tigre o avestruz.

Cuando rendía mi brazo
para revolear el lazo
sobre algún toro feroz,
si el toro nos embestía,
al fiero animal tendía
de una pechada veloz.

En la guardia de frontera
paraba oreja agorera
del indio al sordo tropel,
y con relincho sonoro
daba el alerta mi moro
como centinela fiel.

En medio de la pelea,
donde el coraje campea,
se lanzaba con ardor;
y su estridente bufido
cual del clarín el sonido
daba al jinete valor.

A mi lado ha envejecido,
y hoy está cual yo rendido
por la fatiga y la edad;
pero es mi sombra en verano,
y mi brújula en el llano,
mi amigo en la soledad.

Ya no vamos de carrera
por la extendida pradera
pues somos viejos los dos.
¡OH mi moro, el cielo quiera
acabemos la carrera
muriendo juntos los dos!

1838


V. La revolución del Sud
I. A Buenos Aires
"El cuello atado a la servil cadena
"del tirano postrándose a los pies,
"Buenos Aires esclava y miserable
"ya no es el pueblo de ochocientos diez."

¡OH Patria! así decían, y entretanto
tú oías esas voces con desdén,
esperando mostrar con grandes hechos
que eras el pueblo de ochocientos diez.

La vista al suelo con dolor bajabas,
pero en tu corazón había fe,
y ardiente por tus venas aún corría
la sangre pura de ochocientos diez.

Y de repente, cual gigante inmenso
a quien dormido ataran al cordel,
despertaste rompiendo tus cadenas
como en el día de ochocientos diez.

"¿Quién alza el grito?", preguntó el tirano,
y trueno sordo retumbó a sus pies,
y la corneta contestó en la pampa:
"¡Yo soy el pueblo de ochocientos diez!"

Fuiste vencida, cara patria mía,
tus legiones sufrieron un revés,
pero nadie dirá que no caíste
como los héroes de ochocientos diez.

En sus lanzas filosas levantaron
los sicarios del déspota cruel,
del inmortal Castelli la cabeza,
del hijo noble de ochocientos diez.

De la sangre del mártir de la Patria
de cada gota un héroe ha de nacer,
sangre fecunda, como fue fecunda
la de los muertos de ochocientos diez.

Tus nobles hijos, al mirar su busto,
del polvo alzaron la humillada sien,
y levantaron con robustos hombros
el ara santa de ochocientos diez.

"¡Venganza al pueblo!", prorrumpieron todos,
"¡Palmas al mártir que murió con fe!
"¡Gloria al que caiga en medio del combate!
"¡Gloria a los hijos de ochocientos diez!"

Se vio agitar del mártir la cabeza
y su ojo frío se volvió a encender,
y desatado el labio a la palabra,
clamó: "¡Sois hijos de ochocientos diez!"
II. El alzamiento
En la llanura de la inmensa pampa,
do de América el genio, firme estampa
su huella colosal;
do el Pampero con alas de gigante
la nube arrastra y la ola que espumante
alza la tempestad,

levanta erguida el gaucho su cabeza,
con el sello de agreste gentileza
y de genial virtud,
cuya negra melena al aire flota
en la tostada frente a la que azota
el ábrego del sud.

¡El gaucho! noble tipo americano,
que desdeña doblar ante un tirano
su indómito cerviz,
que despreciando halagos femeniles,
conserva los alientos juveniles
de una raza viril.

Entregado en su estancia al pastoreo,
no escucha el importuno clamoreo
que eleva la ciudad,
sino cuando la patria acongojada
le demanda el apoyo de su espada
para su ley guardar.

Así, cuando la horrenda tiranía
de Rosas se afirmó, en su agonía
la Patria le llamó:
y al escuchar su voz, se alzó cual rayo
del lado del hogar, montó a caballo
y la lanza empuñó.

"¡A las armas, valientes! ¡Al combate!
"¿A quién cobarde el corazón no late
"al toque de reunión?
"¡A sus puestos, guerreros argentinos!
"¡Venid cantando vuestros patrios himnos
"al trueno del cañón!"

Así dijo Castelli, y mil valientes,
al toque del clarín, vuelan ardientes
la patria a libertar;
no es Castelli caudillo de alta hazaña:
hombre del pueblo, vive en la cabaña
de la mansión rural;

pero la hermosa causa que proclama,
millares de hombres a su lado llama,
que no saben quién es,
vuelan a las banderas de la gloria,
y en su frente presagios de victoria
creeríanse leer.

Castelli los convoca a la pelea
al pie del pabellón que al aire ondea,
y que en Mayo nació;
y en su serena faz resplandecía
el entusiasmo santo en que él ardía
cuando: "¡Igualdad!" gritó.

De guerreros cubierta la llanura,
y la bandera azul cual siempre pura
se miró relucir;
y a la sombra del símbolo divino
pronunció juramento el argentino
de ser libre o morir.

Castelli desnudó su fuerte espada,
y a lo cielos la vista levantada,
sereno meditó:
cruzó su frente signo misterioso,
y a los libertadores dijo ansioso
con alta inspiración:

"¡Compatriotas!, se acerca el fausto día,
"de ventura, de paz y de alegría,
"de vivir o morir;
"después que revolquemos en la tierra
"al tirano feroz, no habrá más guerra
"y se podrá vivir.

"¡Soldados!, un antiguo veterano
"que esta bandera sustentó en su mano,
"os convoca a la lid.
"¿Insensibles seréis a su llamado,
"y al gemido doliente y prolongado
"de la Patria infeliz?

"¡Cómo serlo! ¡Y el bravo miliciano
"monta a caballo, y con el sable en mano
"se apresta a combatir
"¡ya el pueblo entero se alza como un hombre
"invocando de Patria el santo nombre
"con eco varonil!

"A las armas, valientes argentinos,
"venid a decidir vuestros destinos
"con grande corazón.
"¡Paisanos a las armas! Derroquemos
"al infame tirano a quien debemos
"llanto y desolación.

"De lo alto del pirámide sagrado
"¡Libertad! por tres veces aclamado
"el arcángel de Dios.
"¡En su cumbre, después de esta cruzada,
"la bandera argentina laureada
"pondremos con honor!" [7]

¡Viva la Patria! ¡Viva!
¡Guerra al tirano! ¡Guerra!
Por todo el llano y sierra
se siente retumbar.
Tres mil libertadores
por la cruz de su espada
a la Patria adorada
juraron libertar.

Castelli, Rico y Olmos
al frente de sus bravos,
a los torpes esclavos
prometen humillar.
Y en alto los aceros,
¡Al combate! , gritaron,
y al combate volaron
al son de himno triunfal.

¿En su entusiasmo de héroes,
en sus nobles facciones,
conocéis los campeones
de Salta y de Maipú?
Son ellos, que atrevidos
con grande fe en el alma
adornarán con palma
el estandarte azul;

o morirán como héroes
legando un alto ejemplo,
que brillará en el templo
de la inmortalidad.
¡Honor para la Patria,
si rompen sus cadenas!
¡Honor, si de sus venas
la sangre sólo dan!
III. Chascomús
Mirad la extensa laguna
de Chascomús: majestuosa
Sobre la pampa reposa
bajo esa bóveda azul.
Allí fue que en otros tiempos
sobre el indio fugitivo,
llegó el español altivo
y alzó la gigante cruz.

¿Quién, atronando su orilla
con acento furibundo,
turba el silencio profundo
que reina en la soledad?
Por una parte, un gran pueblo
que sus derechos reclama;
por otra, turba que infama
a Dios y la humanidad.

Hoy la víctima y verdugo
se han mirado frente a frente,
y van en batalla ardiente
a deslindar la cuestión.
¡Oh señor, tú que los orbes
sustentas entre tus manos,
dispénsale a mis hermanos
tu divina protección!

Toca el clarín a la carga,
y cargando a los esclavos,
se arroja el pueblo de bravos
con alientos de titán.
¡Viva la Patria! ¡Victoria!
¡Muera el tirano! clamando,
van las legiones segando
a sable, lanza y puñal.

Mas ¡ay!, sus nobles cabezas
se doblan ensangrentadas,
y se miran pisoteadas
por la mesnada feroz.
¡Será, gran Dios, que tu diestra
mi Patria infeliz azota,
y que su bandera rota
sea alfombra al opresor!

¡Aun no! Del fuerte Castelli
en medio de la pelea
aun la azul bandera ondea
y es un punto de reunión.
Recorriendo va a galope
las legiones desbandadas,
gritando: "Tenéis espadas;
"¡venid, morid con honor!"

Sereno a su lado marcha
Crámmer, valiente y experto;
pero cayó al suelo muerto,
y la pelea cesó. [8]
Sólo los muertos quedaron
en la llanura tendidos,
y huyeron despavoridos
el vencido y vencedor.

Gloria y honor y laureles
al que muere batallando,
y que sus ojos cerrando
aun exclama: "¡Libertad!"
Gloria eterna a los que alzaron
la bandera de esperanza,
y elevaron en su lanza
los dogmas de la Igualdad.

Nada importa una derrota:
¡No hay que plegar su bandera!
¡El tigre del Plata muera!
¡O ser libres o morir!
Argentinos, a caballo,
y mil veces más, vencidos,
otras mil veces reunidos,
volvamos a combatir.
IV. Castelli
Por los llanos inmensos de la pampa
vaga Castelli triste y silencioso, [9]
y en su semblante pálido y ansioso
está grabado el sello del dolor;
Fiel adalid de un pueblo generoso
cayó con él en medio del combate,
mas la derrota que al cobarde abate
no ha destemplado el varonil valor.

Extiende en torno suyo la mirada,
y en la patria cautiva piensa el bravo;
no ve sino al tirano y al esclavo,
al verdugo y la víctima infeliz.
A espectáculo tal cae de rodillas
con la vista clavada al firmamento,
y prorrumpiendo en dolorido acento:
"¡OH Patria mía, mísera de ti!"

Oyese entonces en el vecino bosque
el rumor de las armas estridente,
y apretando la espada fuertemente,
con ademán resuelto se erguió;
y vio venir a él, husmeando sangre,
los feroces lebreles del tirano,
como a la hambrienta jauría que en el llano
a su víctima acosa con furor.

"¡Muere, salvaje!", rugen los bandidos,
y él les responde: -"Moriré peleando;
"si no triunfé en el campo batallando,
"con mi muerte, de todos triunfaré."
Y a Dios encomendando su alma fuerte,
traba con todos angustiosa lucha,
y circundando, con tesón relucha,
y repite; -"Peleando moriré."

Al suelo cayó al fin hecho pedazos
sin desmayar su espíritu valiente,
y dio a la patria con valor consciente
cuanto podía como mártir dar.
Y los feroces tigres carniceros
el cadáver caliente degollaron,
y con impía planta profanaron
los despojos del héroe popular.

Y su busto sangriento y palpitante
pusieron por escarnio en la picota;
y su sangre que cae gota por gota
marcando está las horas del dolor.
El pueblo le contempla con asombro
y de su labio cárdeno y helado
parece que esperase atribulado
el grito de Esperanza y Redención.

Clavada está en un palo su cabeza
cual señal que concita a la venganza,
como faro que alienta la esperanza
para un tiempo de paz y libertad;
que si hoy como trofeo al despotismo
se mira torpemente escarnecida,
un día llegará en que bendecida
la circunde aureola celestial.

Héroe del Sud, tus pálidas cenizas
por la pampa se encuentran dispersadas,
pero de todo un pueblo veneradas
tienen sepulcro en cada corazón;
en la inmortal memoria de tu pueblo
que nunca el heroísmo ha renegado,
tu nombre como en bronce está grabado.
Tiene tu noble espíritu mansión.
V. Los emigrados
Los rotos escuadrones
salvados del cuchillo,
buscando otro caudillo
volviéronse a reunir;
y en el Tuyú cercados,
con varonil fiereza
juraron con firmeza
Libertad o morir.

El vencedor soberbio
cubierto de humor rojo,
en su brutal enojo
esto llegó a decir:
"Rendiréis vuestras armas
y seréis mis esclavos."
Y responden los bravos:
"¡Libertad o morir!"

Olmos y Rico dicen
a sus fieles guerreros:
"¡Valientes compañeros,
"ya vamos a partir;
"el fuego de la Patria
"en el alma llevemos
"y por ella juremos
"Libertad o morir.

"Para salvar las armas,
"dejamos este suelo;
"buscando con anhelo
"campo en que combatir:
"y sea nuestro grito
"al dejar esta playa,
"y al entrar en batalla,
"¡Libertad o morir!"

"¡Busquemos otro campo!"
Mil veces contestaron...
¿Pensáis que derramaron
un llanto femenil?
En mísero abandono
sus hogares dejaban,
y tan sólo exclamaban:
"¡Libertad o morir!"

Antes que como infames
doblegar la cabeza,
supieron con firmeza
sus cabezas erguir:
y dejaron la Patria
y a las naves subieron,
y otra vez repitieron:
"¡Libertad o morir!"

"Adiós, patria", decían,
"para ti viviremos,
"y por ti moriremos
"en la porfiada lid;
"que si tus caras playas
"hemos abandonado,
"es porque hemos jurado
"¡Libertad o morir!"


Epílogo

Por las llanuras del Sud
yacen doquier esparcidas
las semillas bendecidas
del árbol de libertad.
Con la sangre del martirio
ha sido ese árbol regado:
si sus ramas han cortado,
el tronco intacto quedó.

Cuando en los campos del Sud
clave su pendón la gloria,
y el arcángel de victoria
bata su palma inmortal,
con potente lozanía
brotarán esos raigones,
y gigantes dimensiones
el árbol adquirirá.


1840



Notas del autor
1. Esta composición pertenece a un género que puede llamarse nuevo, no tanto por el asunto cuanto por el estilo. Las costumbres primitivas y originales de la pampa han tenido entre nosotros muchos cantores, pero casi todos ellos se han limitado a copiarlas toscamente, en vez de poetizarlas poniendo en juego sus pasiones modificadas por la vida del desierto, y sacar partido de sus tradiciones y aun de sus preocupaciones. Así es que, para hacer hablar a los gauchos, los poetas han empleado todos los modismos guachos, han aceptado todos sus barbarismos, elevando al rango de poesía una jerga, muy enérgica, muy pintoresca y muy graciosa, para lo que conocen las costumbres de nuestros campesinos, pero que por sí no constituye lo que propiamente puede llamarse poesía. La poesía no es la copia servil, sino la interpretación poética de la naturaleza moral y material, tanto en la pintura de un paisaje, como en el desarrollo lógico de una pasión o de una situación dada. Así como en pintura o en estatuaria la verdad artística no es la verdad material, puesto que no es el mejor retrato el que más exactamente copia los defectos, así también la verdad poética es muy distinta de la realidad concreta, es decir, que sin ser precisamente el trasunto de la vida de todos los días, es sin embargo hasta cierto punto su idealización que sin perder de vista el original, lo ilumina con los colores de las imaginación, agrupa en torno suyo los elementos que no se encuentran reunidos en un solo individuo, y que no obstante existen dispersos, y que reunidos forman lo que se llama un tipo. Así es como he comprendido la poesía, y así la han comprendido todos los grandes maestros, si estudiamos con atención sus obras. La elegía a Santos Vega no es sino la aplicación ingenua de esta teoría: en ella he procurado elevarme un poco sobre la vida real, sin olvidar el colorido local y sin dejar de mantenerme a la altura de la inteligencia del pueblo. Por lo demás, ella se funda en la tradición popular que ha hecho de Santos Vega una especie de mito: que vive en la memoria de todos, envuelto en las nubes prestigiosas del misterio, sin haber dejado otra cosa que la tradición de sus versos improvisados, que el viento de la pampa se ha llevado.
2. Histórico. Santos Vega murió de pesar, según tradición, por haber sido vencido por un joven desconocido, en el canto que los gauchos llaman de contrapunto, o sea réplicas improvisadas en verso, al son de la guitarra que pulsa cada uno de los cantores. Cuando la inspiración del improvisador faltó a su mente, su vida se apagó. La tradición popular agrega que aquel cantor desconocido era el diablo, pues sólo él podía haber vencido a Santos Vega.
3. Los gauchos dan el nombre de vela (encendida) a los fuegos fatuos que se levantan de los sepulcros, y que suponen son el alma en pena de los muertos.
4. Lo mismo que improvisado.
5. Reminiscencia de un pensamiento de Thomas Grey, que, aunque lejana, tuve presente al escribir estos versos.
6. Esta composición pertenece también al género gaucho, tal como lo había concebido en la época en que me ocupaba en escribir poesías. Es un cuadro de costumbres bajo una forma dramática, en el cual, evitando la monotonía del género descriptivo, he procurado desenvolver una acción sencilla en torno del juego que forma el verdadero asunto. El juego del pato no existe ya en nuestras costumbres: es un recuerdo lejano. Prohibido bajo penas severas, a consecuencia de las desgracias a que daba origen, el pueblo lo ha ido dejando poco a poco, pero sin olvidarlo del todo. En su origen, este juego homérico, que tiene mucha semejanza con algunos de los que Ercilla describe en la Araucana, se efectuaba retobando un pato dentro de una fuerte piel, a la cual se adaptaba varias manijas de cuero también. De estas manijas se asían los jinetes para disputarse la presa del combate que generalmente tenía por arena toda la pampa, pues el que lograba arrebatar el pato procuraba ponerse en salvo, y la persecución que con este motivo se hacía, era la parte más interesante del juego. Posteriormente se ha dado el nombre de pato a todo ejercicio en que dos jinetes, asidos de las manos o ligados por medio de un lazo atado a la cintura, procuran derribarse de sus respectivos caballos. Después de haber descrito el paso primitivo, creí que el cuadro no quedaría completo si no presentaba al mismo tiempo una pintura del modo de jugarlo por medio del lazo, y tal es el objeto de la lucha que tiene lugar entre Obando y Zamora.
7. La proclama, que se pone en boca de Castelli, es la traducción casi literal de la que él dirigió a los pueblos, en el momento de levantar el estandarte de la revolución del sud.
8. Crámer, que era el segundo de Castelli, murió en la batalla de Chascomús. Nacido en Alemania, se había distinguido en la guerra de la Independencia, y en la batalla de Chacabuco mandaba un batallón de infantería con el cual contribuyó al éxito de la victoria.
9. Según algunos, Castelli murió insensato, como el rey Lear, sintiendo las angustias de un corazón magnánimo devastado por el infortunio. Esta situación sublime, poetizada por Shakespeare, hubiera podido explotarse en este poema, al apagar en el héroe de la revolución del sud la luz de la razón, y poner en su boca palabras delirantes de patria y libertad, pero dejando intacto su corazón para sentir. Tal era, sin duda, la situación que adopte el poeta futuro que cante ese hecho, digno de la epopeya, aun cuando no fue coronado por la victoria. Por lo que a mí respecta, cantor de circunstancias, teniendo en vista producir un poema patriótico dedicado a mis contemporáneos he preferido la situación más vulgar, y por consecuencia la menos poética, a trueque de llegar más directamente al objeto que me proponía, que era exaltar el sentimiento grandioso del sacrificio deliberado.

Anacreonte: Antología poética







Anacreonte es un poeta griego nacido en la ciudad jonia situada en la costa de Asia Menor jónica de Teos,Teos, Asia Menor (actualmente Siğacik, Turquía), más o menos a la muerte de Safo de Lesbos.

Se supone que su vida discurrió entre los años 572 y 485 adC. Puede ser considerado como el primer poeta de corte: vivió en Samos en la corte del tirano Polícrates, pero al ser éste asesinado marchó a Temas a servir a otro tirano, Hipias, que sufrió la misma suerte. Murió en Tesalia, algo después de la segunda guerra médica.

Su lírica, de tono hedonista, refinado y decadente, canta los placeres del amor (tanto de hombres como de mujeres) y el vino, y rechaza la guerra y el tormento de la vejez. También cultivó ocasionalmente la sátira inspirándose en el modelo griego de la misma, Arquíloco.

El amor para Anacreonte es algo fundamentalmente sensual, fugaz y pasajero, por lo que sus composiciones sobre ese tema suelen ser breves. Son famosos sus poemas dedicados a la muchacha joven y asilvestrada a quien llama potra tracia, así como aquellos que hacen referencia a juegos entre el poeta y algún joven del que estuviera enamorado. ha pasado a la posteridad como el poeta de los banquetes.

Sus poemas fueron copiados e imitados en época más tardía: le fueron asignados a él en su totalidad aunque en la actualidad se supone que no son suyos. A este compendio de poemas se le llama Anacreónticas.

Anacreonte afirmaba con frecuencia, haciendo referencia a la relación que la poetisa Safo hubo mantenido con sus alumnas, que ésta había sentido un amor sexual por ellas. Tales afirmaciones fueron causa de rumor y con el paso del tiempo se extendieron de tal modo, que debido ello nacieron los términos lesbianismo y safismo, que aluden a la homosexualidad femenina, en referencia al rumor extendido al respecto de Safo de Lesbos por el poeta.









Antología poética
Anacreonte









LA LIRA

Quiero ensalzar cantando a los Atridas,
quiero cantar a Cadmo,
mas de mi lira los sonoros nervios
tan sólo amores dicen.

Otra lira pulsar en otro tono
quise, con nuevas cuerdas
y al pretender cantar al fuerte Heracles,
tan sólo amores respondió mi lira.

Héroes, dejad de enardecer mi mente,
porque mi lira, sólo amores canta.

DE LAS MUJERES

Naturaleza, a los feroces toros
dio temible defensa con sus astas,
cascos a los caballos,
rápidos pies a las veloces liebres,
a los leones dientes poderosos,
el volar a las aves,
el nadar a los peces
y a los hombres la fuerza de sus miembros.
¿Tal vez a la mujer dejó olvidada?
¿Cuál arma le ha entregado? La belleza:
el escudo más fuerte;
la espada más aguda;
pues la mujer con ella
domina los aceros y las llamas.

EL AMOR

Cuando la media noche se acercaba
y el signo de la Osa se volvía
a la mano de Bootes;
cuando los hombres en el blando lecho
yacían, del trabajo fatigados,
el Amor a mi puerta cauteloso
llegóse, golpeando las aldabas.

-¿Quién a estas horas – dije- hasta mi puerta viene, a turbarme el sueño?

-Abreme – contéstome el caminante-;
soy un niño; no temas por tu vid:
azótame la lluvia,
y en la cerrada noche me he perdido.

Al escuchar sus quejas,
de compasión se estremeció mi pecho
y encendiendo mi lámpara,
abrí la puerta y penetró el muchacho.
Traía el arco al hombro
colgado, y el carcaj lleno de flechas.
Sentados junto al fuego,
calentaba sus manos con mis manos
y le enjugaba el húmedo cabello.

Mas él, quitado el frío
quiso probar el arco, y si la cuerda
rota del agua estaba.
Tendiólo, y con el dardo,
me hirió en el corazón, con venenosa
herida, como un tábano rabioso.

-¡Alégrate, amigo,
huésped –dijo riendo-;
el arco estaba sano,
mas tú quedas herido para siempre!

DE SÍ MISMO

Sobre los verdes mirtos recostado
quiero brindar, y sobre tiernos lotos,
y que al Amor, al cuello
con una cinta el palio recogido,
escancie el vino en mi profunda copa.

La breve vida pasa dando vueltas
cual la rueda de un carro,
y cuando se deshagan nuestros huesos
yaceremos en polvo convertidos.

¡Para qué entonces derramar ungüentos
sobre la tierra helada? ¿De qué sirve
libar sobre la tierra que nos cubra?
Mejor úngeme ahora,
coróname de rosas perfumadas
y haz que se acerque la mujer que adoro...

Mientras llega el momento
de acudir a las danzas infernales,
quiero vivir ajeno de cuidados.

LAS ROSAS

Derramemos el vino
sobre las frescas rosas,
que es flor de los amores.
Apuremos las copas
ciñendo nuestras sienes
con floridas coronas.

Entre todas las flores
la más bella es la rosa:
ríe la primavera
al romper su corola:
con ella se complacen
los dioses, y ella adorna
del hijo de la diosa Citerea
la cabellera blonda
cuando va con las Gracias
danzando en las praderas olorosas.

Ciñamos nuestras sienes, ¡oh Dionisos!
con floridas coronas,
y yo, cantando al eco de la lira,
danzaré ante las aras con la moza
de más alivio seno, coronado
de guirnaldas de rosas.

LA FIESTA

Apuremos los vasos
ciñéndonos las sienes
de coronas de rosas.
Una gentil doncella
de blancos pies ligeros
danzará sobre flores
al compás de la lira,
agitando en el aire
los tirsos enlazados
con guirnaldas de hiedra,
y un hermoso mancebo
de cabellos de oro
la cítara armoniosa
tañera, mientras dulce
brotará de sus labios
una canción de amores.
Y Eros, el de la rubia
cabellera, y Lieo,
y la gentil Citeres,
reinarán en la fiesta,
regocijo de viejos y de mozos.

DEL AMOR

El importuno Eros,
azotando mi rostro
con olorosa rama de jacintos,
me mandaba correr tras de sus pasos.
El ardiente sudor me fatigaba,
atravesando selvas,
torrentes y profundas cortaduras.
Mi corazón a la nariz subía
y sin aliento me dejaba. Entonces,
tocándome la frente con las alas,
“¡Tú no puedes amar!”, dijo riendo.

LA PALOMA

Amable palomilla,
¡ay!, ¡ay! ¿de dónde vuelas?
¿De dónde por los aires
caminas tan ligera?

¡Qué fragantes aromas
espiras y goteas!
¿Quién eres, dí, quién eres
y qué cuidados llevas?

“Mandóme Anacronte
que a su Batilo fuera,
al muchacho tirano
que a todos hoy sujeta.

Compróme de Dione
por una cantilena;
desde entonces le sirvo
en cosas de gran cuenta.

Ora, cual ves, le llevo
a Batilo estas letras,
y ha dicho que me haría
libre cuando volviera.

Mas quedaré su esclava,
aunque me diere suelta,
que vagar no me place
por montes y por selvas,

ni andar de rama en rama
posándome y, hambrienta,
manteniéndome sólo
de las frutillas secas,

cuando con pan ahora,
que en sus manos me muestra
y yo se lo arrebato,
mi dueño me alimenta,

y del vino que él bebe
me da también que beba,
y ya que estoy beoda
le bailo con mil fiestas,

y le hago sombra luego
con mis alitas tiernas,
y en su lira me pone
para que en ella duerma ...

Todo lo sabes, vete
pues más que la corneja
con tu pregunta, amigo
me has hecho ser parlera.”

A UNA DONCELLA

En un tiempo, de Frigia en la ribera,
en roca fue Niove transformada
y la hija de Pandión, como una alada
golondrina, cruzó la azul esfera.

¡Ay si en tu espejo yo me convirtiera
para poder gozar de tu mirada!
¡Si trocándome, en túnica, abrazada
a ti toda la vida me estuviera!

Onda quisiera ser para bañarte,
ungüento y perfumar tu piel de nieve,
banda y el alto seno sujetarte,
perla y fulgir en tu garganta hermosa,
¡o ser quisiera tu sandalia breve,
que, como tú la huellas, es dichosa!

DEL AMOR Y LA ABEJA

No vió Cupido una abeja
que, escondida entre unas rosas,
para labrar su colmena
ingeniosamente roba.

Madrugó para hurtar
lo que mañana borda,
haciendo sus materiales
de los llantos de la Aurora.

Fue a cortar un ramo dellas,
y ella, que ve que la cortan
jardín, sustento y riqueza,
al diós picó, venenosa.

Dio el niño licencia al llanto
soltó medroso las hojas,
y en sus lágrimas y en ellas
dio al prado nácar y aljófar.

-Muerto soy, madre- la dice-;
mi vida será muy poca,
porque una pequeña sierpe
y con alas, a quien nombran

los jornaleros abeja,
me ha picado. Mas la diosa
respondió: -Si una serpiente
de cuerpo y fuerza tan poca

puede dar dolor tan grande,
desarmada, humilde y sola,
¿cuánto mayor le darás
tú con las flechas que arrojas?

Bien es que sepas lo que es
dolor, y que le conozcas,
para que te compadezcas,
de muchos que por ti lloran.

EN UN FESTÍN

Alegres y gozosos,
dulce vino bebamos,
y en festivos cantares
celebremos a Baco,
al inventor del baile,
al amante del canto,
del niño Amor amigo
y de Venus amado.

De beodez amable
al padre soberano
de la risa y placeres,
que disipa cuidados,
que el dolor adormece;
y cuando el dulce vaso
los jóvenes ofrecen
de su licor mezclado,
cual viento impetuosos
van en tropel volando
los tristes pensamientos;
bebamos, pues, bebamos,
y en espumosas copas
embriaguemos cuidados.

¿Qué utilidad te viene
de los lamentos vanos?
Lo por venir, ¿quién sabe?
Pues al mortal no es dado
el saber de su vida
el destinado a plazo.

Por eso, yo, por eso,
bebiendo dulces vasos,
quiero danzas festivas
y de esencias bañado,
con hermosas doncellas
trabas lascivos lazos.

Tome pesar quien quiera,
aflíjanle cuidados,
y nosotros, contentos,
dulce vino bebamos,
y en festivos cantares
celebremos a Baco.

LA CIGARRA

Dichosa te llamamos,
cigarra que, en las ramas,
bebiendo del rocío,
como los reyes cantas.

Tuyo es el campo todo,
cuanto la selva abraza;
del labrador amiga,
a los mortales cara,

anuncias el Estío,
las Piérides te aman,
te otorga el mismo Febo
la voz sonora y grata.

¡Oh hija de la Tierra!
No la vejez te acaba,
impasible, sin sangre,
cantora dulce y sabia,
semejante a los dioses,
no del dolor esclava.

DE UN VASO DE PLATA

Fabrícame, maestro,
fabrícame una taza,
y el alegre Verano
por sus paredes graba;

el Verano, que cría
mil rosas y guirnaldas,
y haz que el licor exprese
la reluciente plata.

No quiero que me grabes
las ceremonias sacras,
destrozos extranjeros
ni alguna cosa mala.

Ponme al hijo de Jove,
Lieo, que derrama
mil plácidos licores
con Cipria venerada,

con Cipria, que preside
las bodas regaladas;
y luego un Cupidillo
desnudito y sin armas.

Pon también que retocen
las tres alegres Gracias
a la agradable sombra
de racimosa parra.

Añade unos mancebos
jugando; pero guarda
que entre ellos ande Febo
con bulla y algazara.

DE LA ROSA

Con la estación alegre
de flores coronada,
cantemos, dulce amiga,
las rosas delicadas.

La rosa de los labios
divinos es el ámbar;
la rosa es regocijo
de las humanas almas.

La rosa es el adorno
de las risueñas Gracias,
que en la estación de amores
con ella se engalanan.

De Cipris es recreo,
asunto de mil fábulas,
y del castillo coro
la predilecta planta.

¡Qué gusto arriesgarse
por cogerla entre zarsas!
¡Qué gusto entre las manos
saborear su fragancia!

En mesas y orgías
la rosa es necesaria
cual la luz; que no hay gusto
donde las rosas faltan.

Los brazos de las ninfas
y los dedos del Alba
son de rosa, y a Venus
rósea los vates llaman.

La rosa cura enfermos,
sepulcros embalsama,
vence al tiempo, que siempre
su olor juvenil guarda.

Digamos ya su origen:
Cuando la mar salda
de su bullente espuma
parió a la hermosa Pafia;

cuando de su cerebro,
de punta en blanco armada,
Jove parió a Minerva,
que al vasto Olimpo espanta.

brotó el rosal primero
Cibeles emulada,
cuajando de pimpollos
las ramas delicadas.

Los inmortales dioses
aplauden y lo bañan
con el bermejo néctar
porque las rosas nazcan.

Y entonces entre espinas
se desplegó gallarda
del adorable Baco
la flor más apreciada.

A UNA YEGUA

¡Yegua de Tracia, honor de la pradera!
Si llego a ti con palpitante seno,
¿por qué relinchas tú con vos de trueno
y, mirándome torva, huyes ligera?

¿Te parezco poltrón? Sabe, altanera,
que te pondrá mi mano rienda y freno,
y sobre ti, lanzándome sereno,
te haré girar en rápida carrera.

Pace libre por hoy: alegre salta
sobre la hierba, en tu feraz retrete,
que con mil flores Primavera esmalta.

No tardará en llegar hábil jinete
a domeñarte. Goza mientras falta
quien a la silla y carro te sujete.

jueves, 5 de abril de 2007

Guy de Maupassant:Sauve-toi de lui s'il aboie, poème écrit sur le mur de La Fournaise, à Chatou



Guy de Maupassant



Sauve-toi de lui s'il aboie, poème écrit sur le mur de La Fournaise, à Chatou




Sauve-toi de lui s'il aboie ;
Ami, prends garde au chien qui mord
Ami prends garde à l'eau qui noie
Sois prudent, reste sur le bord.
Prends garde au vin d'où sort l'ivresse
On souffre trop le lendemain.
Prends surtout garde à la caresse
Des filles qu'on trouve en chemin.
Pourtant ici tout ce que j'aime
Et que je fais avec ardeur
Le croirais-tu ? C'est cela même
Dont je veux garder ta candeur.

Maupassant, 2 juillet 1885
La Fournaise, Chatou

martes, 3 de abril de 2007

SERGUEI ESÉNIN:Antología poética



Fotografía:Sergei Esenin e Nikolai Kljuev durante la Primera guerra mundial.




SERGUEI ESÉNIN

(1895-1925)

Hijo de campesinos, nació en la provincia de Ryazán. Asistió a los cursos de la Universidad Popular de Moscú, luego partió a San Petersburgo, donde publicó su primer libro de poemas en 1916.

Recibió la Revolución de 1917 con mucho entusiasmo, soñando con un “reino campesino”, pero pronto se desilusionó. En 1921 se casó con la famosa bailarina norteamericana Isadora Duncan, y viajó con ella por Europa y América del Norte.

Se divorció en 1923, y volvió a Rusia. La pérdida de su fe en la Revolución lo desalentó profundamente. Se entregó a la bebida, y en un momento de desesperación se suicidó en Leningrado, en 1925.

Fue un poeta lírico de primer orden y su popularidad en la Rusia de hoy es sin igual.

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CESÓ DE HABLAR...
Cesó de hablar el bosque rubio
en su lenguaje alegre de abedul.
Las grullas que van pasando
por nadie sienten pesar.

¿Por quién sentir? Cada uno es un viajero:
llega, entra y de nuevo deja su hogar.
El cañamar y la luna sobre la charca azul
sueñan con los que ya no volverán.

Estoy solo, de pie ante la desnuda llanura;
el viento lleva las grullas a lo lejos;
estoy pensando en mi alegre juventud,
pero no me lamento de los tiempos idos.

No me lamento de los años disipados.
No lamento la blanca flor de mi alma.
En el jardín arde el fuego del serbal
sin dar calor a nadie ya.

No se quemarán los ramos del serbal.
No perecerá la hierba en la sequía.
Como un árbol que pierde sus hojas sin quejarse,
así dejo caer mis nostálgicas palabras.

Y si el viento de los años las dispersa
y las rastrilla todas en un montón inútil,
decid así: que el bosque rubio
cesó de hablar en su lenguaje tierno.
(1924)





LAS HOJAS CAEN...
Las hojas caen... Las hojas caen...
El viento gime lento y sordo...
¿Quién alegrará mi corazón?
¿Quién lo calmará, amigo mío?

Con párpados pesados
miro y miro la luna.
De nuevo cantan los gallos
en la quietud sombría.

El amanecer. Lo azul. Lo matinal.
Y de las estrellas fugaces la felicidad.
¿Formularme un deseo cualquiera?
Pero, no sé que desear.

Qué desear bajo la carga de la vida
maldiciendo mi destino y mi hogar.
Quisiera ver ahora una buena muchacha
bajo la ventana.

Muchacha de ojos azules
—sólo para mí; para nadie más—
que calme mi corazón
con palabras y sentimientos nuevos.

Que bajo esta blancura de luna,
aceptando mi suerte dichosa,
no sufra yo con la canción ajena,
y al ver en otros juventud alegre,
no me lamente de la mía jamás.
(1925)








ARDE, ESTRELLA MÍA...
Arde, estrella mía, no caigas.
Derrama tus rayos fríos.
Tras la muralla del cementerio
ya no late ningún corazón.

Luces con el agosto y el centeno
y llenas la quietud de los campos
con el temblor sollozante
de las grullas que aún no partieron.

Me alcanza viniendo de lejos,
quizás del bosque o del cerro,
otra vez aquella canción
de mi país, y de mi casa natal.

Y el otoño dorado
reduciendo la savia de los abedules
llora sus hojas sobre la arena
por todos los seres que amé.

Lo sé. Lo sé. Dentro de poco,
ni por mi culpa ni por la ajena
tendré que tenderme también
detrás de la negra muralla.

Se apagará la llama cariñosa
y se convertirá en polvo el corazón.
Los amigos pondrán una piedra gris
con una alegre inscripción.

Mas yo, pensando en la triste muerte
así la compondría para mí:
“Amó a su patria y a su suelo
como un borracho a su taberna”.
(1925)









HASTA LA VISTA...
Hasta la vista, amigo mío, hasta la vista.
Querido mío, estás en mi pecho.
La predestinada separación
promete una cita en el porvenir.

Hasta la vista, amigo mío, sin dar la mano, sin palabras.
No te afijas; no pongas tan triste el ceño.
En esta vida el morir no es cosa nueva;
pero el vivir —seguro— es menos novedad.
Escrito con la sangre de sus venas cortadas en la noche del suicidio,
27 de diciembre de 1925, en Leningrado